OPINIÓN/Víctor Gijón
jueves 08 de noviembre de 2007, 13:02h
Actualizado: 09 de noviembre de 2007, 09:22h
Las leyes se cumplen y las sentencias se acatan. Parece estúpido remarcar lo obvio, pero es necesario ante las estúpidas actuaciones de ciertos políticos. Pongamos dos ejemplos. La llamada Ley de la Memoria Histórica no puede aceptar excepciones en su cumplimiento, caso del monumento a Carrero Blanco. Como no puede colocarse por encima de la sentencia del 11-M, dictada con todas las garantías, especulaciones y mentiras sin respaldo probatorio alguno.
Retirar de la vía publica todos los símbolos del franquismo es algo que puede compartirse (es mi caso) o no. Pero lo dice la ley y las instituciones deben ser escrupulosas en su cumplimiento. Abrir debates, como en Santoña, sobre si el monumento a almirante Carrero Blanco debe o no se retirado, es tan inútil como peligroso.
Inútil porque la ley, todavía pendiente de su paso por el Senado, es tajante sobre qué hacer con el simbolismo franquista, aunque nada precisa sobre la forma en que debe llevarse a cabo esa depuración debida de un pasado ominoso. La cuestión no es si metemos piqueta al monumento o no metemos piqueta, sino que legalmente el monumento debe dejar de ser un homenaje a uno de los dirigentes del franquismo. A partir de ahí se abre un sinfín de oportunidades para mantener la forma cambiando el fondo. Sólo se necesita un poco de imaginación.
Pero decía que abrir estos debates puede resultar peligroso ya que permite a ciertos individuos sacar lo peor que llevan dentro. Vean si no lo que dice el concejal falangista de Santona, Leoncio Calle Pila, sobre que pasará si se retira el monumento a Carrero: “No se debe tocar, no se debe remover el pasado si queremos vivir tranquilos (…) La posible retirada de este monumento sólo originaría tiros (…) No hay cojones para tirarlo”. Sin comentarios.
Pero para comentarios, igualmente improcedentes, los del ex presidente Aznar en torno a la sentencia del 11-M. Para el dirigente del PP el fallo judicial sobre los terribles atentados es caca de gato. Nada de nada. Aznar tiene una teoría sobre el atentado terrorista más mortífero de la historia española que, además de no sustentarse en evidencia alguna, evidencia una actitud miserable en grado superlativo. Porque para el ex presidente del Gobierno, y ayer lo volvió a repetir, el 11 de marzo de 2004 no hubo 191 muertos y más de 1.500 heridos, sino que la única víctima fue el PP.
Y es que según Aznar el atentado tenía un único objetivo: acabar con el Gobierno del PP coadyuvando a la victoria electoral del PSOE. Da escalofríos pensar que un personaje capaz de analizar nuestra historia más reciente dirigiera los destinos de España durante ocho años. Como da escalofríos constatar que todavía hay pesonajes, que además ocupan cargos públicos, que pretenden imponer su ideas “por cojones” y a tiros si fuera necesario.