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Viaje al centro del cerebro

Viaje al centro del cerebro

sábado 10 de enero de 2015, 10:19h
Ojalá pudiera volverme minúsculo, lo suficiente como para entrar en una jeringa, como en aquella película, y ser inyectado por cualquiera de las venas que van al cerebro. Y allí darme un viaje por las cavernas cerebrales de algún fundamentalista islámico. Pasaría por la parte posterior del cerebro (el tronco encefálico y el cerebelum). Luego por las carótidas hasta llegar a la parte anterior, que es mucho más grande, y es donde viven el pensar, el hablar, la personalidad, y las funciones sensoriales y motores. Y una vez allí me gustaría entender, como ya antes lo sentí con los asesinos de ETA, qué hay ahí adentro de quien es capaz de disparar a alguien mirándole a los ojos, o con la facilidad con la que realiza cualquier gesto cotidiano, tomar el café, pulsar el botón del semáforo, darle una palmada en el hombro a un amigo. Qué lluvia de ideas moja la masa encefálica para que esa gente pueda segar una vida, pueda destrozar una historia que vibra, despertar aciago dolor en las personas que aman a aquel que cae ya con los ojos sin pupila.


Ir andando por la calle y pegarle un tiro en la cabeza a un cuerpo que se retuerce, que mira pidiendo clemencia, y sentirse feliz por ello es algo atroz. Por eso me gustaría raspar las neuronas de esa gente para poder contemplar si todo ese odio plasmado en los ojos de un dios cruel, que es el que aman, pudiera ser visto, saber si quizá algún destello de la conciencia sana aparece en forma de ese dolor que a casi todos nos entra cuando vemos el dolor de otro, un dolor que nos incapacita para ser causa de que el dolor aumente. Ellos, ante el dolor, maleados por la psicopatía que bulle en sus tejidos neuronales, se sienten ajenos. Ni siquiera tiemblan de pavor. Quizá sienten la rara felicidad del asesino impávido. Alguien ha hurgado en las interconexiones de los billones de neuronas, pudriéndolas hasta que generan un deseo de muerte que no se agota.


Me gustaría mirarlos frente a frente adentro, y entender. No me vale solo la alucinación religiosa, ese virus con la recompensa del más allá, o con la paz o el placer por la venganza del dios indignado con los ateos, los infieles, los otros, esa rugiente lava que por la historia ha ido quemando las mentes de los abducidos, hasta darles la locura del amor equivocado. Me gustaría ver más. Por qué la sangre vertida no ahoga su determinación, cómo dejan salir las uñas a ideas tan malvadas. El terrorismo es la peste de la época. Tiene ojos y mirada como nosotros, pero la mente está podrida porque en la identidad genética está sentir dolor ante el dolor. ¡Tienen tanta razón los dibujantes de Charlie Hebdo, y más. Seguro que Mahoma vomita ante lo que algunos hacen en su nombre. 
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