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Más Europa, otra Europa

Más Europa, otra Europa

lunes 26 de enero de 2015, 20:16h
El resultado de las elecciones en Grecia, con el rotundo triunfo de la coalición de izquierdas Syriza, fundada por la coalición de diversos grupos políticos que agrupan desde la izquierda maoísta hasta el socialismo democrático, apunta, para muchos observadores, como el comienzo de una nueva época para los países del sur de Europa y probablemente para la Unión Europea.  Es generalizada la opinión de que Syriza ha agrupado el voto de la gran decepción y descontento de una mayoría de la sociedad griega.

En efecto, este triunfo se ha producido en el marco de una profunda crisis que no solo afecta a Grecia sino a los países del sur de la Unión Europea, precisamente los que tienen las economías mas débiles de la zona euro. Estos países han venido padeciendo profundas crisis en sus sistemas bancarios, con pobres tasas de crecimiento económico, grandes desequilibrios fiscales, niveles de endeudamiento que se han hecho inmanejables y sobre todo altos niveles de desocupación que en el conjunto de la Unión Europea está cerca del 24% y de un preocupante paro juvenil que supera los 5 millones de jóvenes, en el que precisamente España con cerca de 900.000 jóvenes oficialmente en desempleo y Grecia se encuentran con las mayores tasas de paro, por encima incluso del 54%.

Las razones del descontento general son bien conocidas. La crisis de 2007 ha venido siendo para ellos insuperable. Como consecuencia de la burbuja inmobiliaria, cayó la actividad económica y la recaudación fiscal, aumentó el gasto y el problema fiscal se agravó al serles impuestas políticas de austeridad que deprimieron la economía, pues el rescate que se hizo a estos países, -Grecia Portugal, Irlanda y España- estuvo condicionado a la aplicación de medidas de austeridad, impuestas por la TROIKA -Banco Central Europeo, Comisión Europea y FMI-. 

Precisamente las políticas de austeridad han sido el caballo de batalla ideológico pero también político, porque las medidas impuestas han tenido graves consecuencias sociales debilitando directamente los grandes avances obtenidos por una política social avanzada en Europa, construida durante decenios, produciendo un debilitamiento democrático y un deterioro generalizado en las grandes políticas publicas como la sanidad, la educación, la justicia y sobre todo las políticas de obras publicas y de fomento. Paralelamente se ha producido un aumento de la corrupción hasta limites insostenibles y un desarrollo de la inseguridad y de la delincuencia. 

El debate sobre la conveniencia de las políticas de austeridad es antiguo y desde Estados Unidos, que precisamente han aplicado medidas de crecimiento que les ha venido dando éxito, continuamente se han alzado voces reclamando la necesidad de que Europa revisase su política económica y monetaria. Un periódico tan prestigioso como el Wall Street Journal publicaba un articulo titulado "La austeridad se basa en el miedo y la codicia, no en teorías" y pocos días después editaba otro con el titulo "La fabula de la austeridad en Europa". Esto no era sino un reflejo de la filosofía Keynesiana defendida en Estados Unidos y Reino Unido y nuevamente implantada desde 2008, por cierto, política que ha venido gustando incluso a los políticos de izquierdas, que han llegado a manifestarse como admiradores de la manera en que ya Roosevelt gestionó la crisis del 29.

La presión ha hecho que el propio Banco Central Europeo cambiara de golpe su débil política, debida a la construcción imperfecta e incompleta de la Unión Económica y Monetaria europea, y se lanzara a la compra de bonos soberanos, en una política llamada de alivio cuantitativo, que bombeará 60.000 millones de euros mensuales -en torno a 45.000 en bonos del Tesoro, y el resto en activos privados, según las estimaciones del mercado- entre marzo de este año 2015 y septiembre de 2016, lo que equivale a una inyección de algo más de un billón de euros.

Esta acción trata de posibilitar una expansión y consecuentemente la inversión y el  consumo, y se realiza mas en la preocupación de los resultados de las elecciones que a escasos días se iban a celebrar en Grecia y de sus efectos en los demás países europeos que en la defensa de la oposición alemana a esta decisión. La reacción inmediata ha sido clara, pues este programa de compra masiva de bonos, permitirá al BCE seguir la senda del Fondo de Reserva Federal de los Estados Unidos  y ha convencido a analistas, gestores y banqueros produciendo inmediatamente una cierta  euforia, aunque la presidenta del Fondo Monetario Internacional puntualizase que estas medidas no bastan para reactivar la política económica europea necesitada de reformas estructurales de fondo. 

Esta medida del BCE,  tan esperada, que hubiera sido muy útil y evitado muchos males hace ya tiempo, viene sobretodo producida por la seguridad de que la sociedad europea no puede permitirse por mas tiempo el dominio de una política de austeridad tan gravosa en sus efectos principales y sobre todos ellos el enorme paro y reiteramos el paro juvenil que es la mayor amenaza económica y social de muchos Estados de la Unión. Repetimos que se produce a pocos días de lo que ha venido a ser la victoria de Syriza en las elecciones de Grecia de 26 de enero de 2015, que abre una nueva era política y que obliga a la Unión Europea a reflexionar.

¿Qué debe hacer ahora la Unión Europea?, cuando el líder de Syriza, manifiesta que "nuestra victoria es para toda la gente en Europa que está luchando contra la austeridad que arruina nuestro futuro común" y se dispone a negociar la deuda, permaneciendo en el euro y buscando un acuerdo sobre un tercer rescate que le permita beneficiarse de las nuevas medidas de estímulo del BCE si bien como parece exige reducir el ajuste a la mitad.

A nadie se le ocurre pensar que Grecia salga del euro, y menos que salga de la Unión Europea si bien recordemos que hay un articulo -articulo 50 del Tratado de la Unión, versión Lisboa- vigente desde el 1 de enero de 2009 que dice que "todo Estado miembro puede decidir conforme a sus reglas constitucionales retirarse de la Unión", articulo que se creó para algo y que reconoce un derecho de retirada voluntario y unilateral a cada Estado miembro que ya se había establecido en la fallida Constitución para Europa y que ha pasado como articulo nuevo al Tratado de la Unión. 

Existe también la posibilidad de que Grecia salga de la moneda única, algo que ni Syriza ni la Unión Europea contemplan porque sería un fracaso para el propio proyecto de Unión Económica y Monetaria y además, Grecia sin el Euro, entraría en el caos económico con alta inflación, el dracma o cualquier moneda local perdería valor con respecto al euro u otras monedas de referencia y con ello enormes problemas de financiación y fuga de capitales.

Si nos alejamos de la coyuntura mas actual, la de los acontecimientos inmediatos en los que cabe señalar la inevitable negociación entre el nuevo gobierno y el Eurogrupo que descarta una quita, pero baraja entre otros posibles acuerdos una prórroga en los vencimientos de la deuda, o una mejora en los intereses, tendríamos que plantearnos que va a hacer la Unión Europea con su proyecto histórico y actual. 

De momento tenemos un Consejo Europeo extraordinario el 12 de febrero de 2015 al que asistirá Alexis Tsipras como nuevo Primer Ministro de Grecia, su primera presencia en las cumbres europeas donde le espera el Presidente Donald Tusk quien ha manifestado que la Unión Europea ha estado junto a Grecia desde el primer día de la crisis y tiene el compromiso de seguir ayudando al país en sus intentos de llevar al país por una senda sostenible.

Mas políticas han sido las palabras del líder de los liberales y demócratas del Parlamento Europeo que ha señalado que el triunfo de Syriza significa una ruptura de los dos partidos tradicionales incapaces de guiar al país en una dirección correcta, triunfo que debe dar a los jóvenes griegos una nueva perspectiva, reconstruir el mercado laboral y eliminar la corrupción. 

El siguiente paso debe darse desde luego en el Consejo Europeo ordinario de marzo que los días 19 y 20 reunirá a los Jefes de Estado y Gobierno de los 28 países de la Unión. Entendemos que esta debe de ser una importante cita que tome el relevo anual de una cita preferentemente económica desde que en marzo de 2000 se articulase el fallido programa de Lisboa y en marzo de 2010 el que inevitablemente va a ser fallido programa 2020. 

Pero todavía debemos ir mas lejos. Estamos ante una crisis económica y social que la Unión Europea ni había previsto ni pudo evitar con los débiles mimbres con los que ha construido la Unión Económica y Monetaria. Es inevitable caminar hacia un nuevo Tratado de la Unión replegándose de la débil construcción inicial y asumiendo una voluntad política de verdadera Unión. Se dirá que esto no es fácil y que el proceso todavía será lento. Llevamos 65 años desde la Declaración fundacional de 9 de mayo de 1950 y todos seguimos diciendo que Europa se está haciendo, que Europa es una construcción "in fieri", pero hay dos realidades que prevalecen sobre la falta de voluntad manifiesta que caracterizan las posiciones de algunos de los grandes países europeos que todos aciertan a señalar. 

Siempre fue un instrumento a disposición de los Estados que quisieran avanzar mas y profundizar en la construcción de una Unión Europea las llamadas "cooperaciones reforzadas" reguladas actualmente por el articulo 20 del Tratado de la Unión, pero en este caso el asunto es mas grave porque la crisis económica ha afectado duramente sobretodo a algunos países de la Unión al no disponer de un techo común real que les protegiera de la dura situación que se les venia encima. 

Pero no se trata de avanzar en una política concreta si no en la veracidad de la Unión Económica Monetaria y aun mas en la propia veracidad de construir una Europa unida. Fue sangrante contemplar como en 2012 la prima de riesgo llegó a alcanzar en España la cifra de 638 puntos, pero mas sangrante es la sensación que los ciudadanos de muchos Estados de la Unión han tenido y siguen teniendo de que se les ha impuesto por la fuerza una política de austeridad que además de ser en gran medida ineficaz -y fijémonos solamente en la situación de los niveles de desempleo y concretamente en el siempre preocupante paro juvenil- y que además ha provocado un enorme dolor social, afectando a políticas de las que depende la justicia, la sanidad o la educación y desde luego las obras publicas.

Es inevitable caminar hacia un nuevo Tratado que reforme el Tratado de la Unión y el Tratado de Funcionamiento y que reafirme la construcción de una fuerte Unión Económica y Monetaria responsable pero también solidaria. Si queremos hacer la Unión por lo demás, es unos países envejecidos y en un mundo global cada vez mas cercano competitivo y exigente la debemos hacer de verdad. 

Cierto es que cuando se firmó el Tratado de Lisboa apenas éramos conscientes de la crisis económica que se venia encima, se trataba entonces de salvar el escollo del fracaso constitucional pero ya han pasado desde entonces 8 años, mas desde luego que los que transcurrieron entre los Tratados de Maastricht, de Ámsterdam y de Niza. En otro momento podríamos plantear diversos ámbitos de reforma que también pudieran afrontarse en el nuevo Tratado referentes tanto a las políticas publicas como al marco institucional y a su funcionamiento. 

Inevitablemente las elecciones griegas abren un nuevo camino para la historia del país y para la historia de la Unión, que no solo supone la preocupante constatación de que los dos grandes partidos políticos están defraudando a la población de muchos Estados de la Unión y la aversión que la población por encima de las cuestiones ideológicas tiene sobre el desmantelamiento de las políticas sociales, sobre la discriminación fiscal y sobre la repugnante corrupción que se apoderó de la política. Se ha olvidado que desde Platón y Aristóteles, la función de los políticos es ante todo la de ocuparse de los cambios y mejoras de la colectividad a la que representaban. Se ha olvidado como dijera la Madre Teresa de Calcuta que el mayor mal que padecemos es la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, la corrupción, la pobreza y la enfermedad.


Rogelio Pérez Bustamante
Catedrático Jean Monnet

Rogelio Pérez-Bustamante

Catedrático Jean Monnet ad personam

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