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Movida Semana Santa

Movida Semana Santa

lunes 06 de abril de 2015, 10:34h

Las vacaciones de Semana Santa han servido a la inmensa mayoría de los españoles para desconectar de lo cotidiano, para salir, por unos días, de la hecatombe que supone reparar en la actualidad de cada uno; en lo personal y en lo laboral. En general, cualquier tiempo de asueto, sirve para trasladarnos a un mundo mágico, irreal, que nos sumerge y abstrae en la idea de lo que tenemos, en ese momento, y lo que nos gustaría tener por siempre. Sin embargo, para los políticos, este tiempo intercalado en la agenda de su actividad, tras las elecciones en Andalucía, ha servido para recomponer pactos, asegurar prebendas y, como en el ajedrez, mover peones y alfiles de los bandos en cuestión, pues a veces estas pequeñas piezas son determinantes para ganar una partida.

Las vacaciones de Semana Santa, también han propiciado que se desvíe la atención de los medios de comunicación sobre las figuras más relevantes del panorama político. Que por unos días, sirva la tragedia milenaria de la pasión de Cristo, y el folclore que le acompaña, para que los políticos se saquen las entrañas, unos a otros, fuercen pactos y dimisiones y, como en todo el argumentario que desembocó en el prendimiento y la pasión de Jesús de Nazaret, incluido el episodio de Judas, -que de esos en política abundan- se componga el "vía crucis" por el que tendrán que desfilar, unos y otros, camino del Calvario del 24 de mayo.

Ha sido esta Semana Santa zangolotina, en lo que a la política se refiere. Lejos del recogimiento devocionario que se supone en estas fechas, los políticos han andado a la greña; los del PP y los de UpyD, por un lado, los del PSOE y Podemos, por el otro. Sólo se salva del calvario; Ciudadanos, que tiene más que claro con quien va, o no va a compartir en el futuro su particular procesión, y a quien, o no, va a meter de costalero. Y es que la imagen política de Ciudadanos, en su conjunto, representa en este momento la cordura y la sensatez entre tanto despropósito, la serenidad y las buenas formas que se necesitan en política, cuando se llega al punto de enervación que desemboca en la descalificación del afín, más que del contrario, y se muestra una crispación tal, que a poco más de un mes de tan importante plebiscito, puede generar un tsunami de impredecibles consecuencias.

Dicen por los mentideros, que Cospedal es un cadáver político, desde que en otoño pasado, su correligionario Bárcenas, la vinculara con algunos casos de supuesta corrupción. Que su enfrentamiento "indirecto" con Javier Arenas, esta pasada Semana Santa, a cuenta de las declaraciones de Carmen Riolobos, y la enemistad manifiesta que sostiene con Soraya Saenz de Santamaría, la ponen en el punto de mira de las bases del PP y en la cuerda floja que sostiene Rajoy. Los más críticos, la responsabilizan de la baja intención de voto que tiene en Castilla-La Mancha, donde su política de recortes y la prepotencia con que ha llevado su gestión, dista mucho del carácter tímido y trabajador de los castellano-manchegos. Cospedal no levanta cabeza ni pasiones, por mucho que vista de negra mantilla. No es de las que se flagela y entona el mea culpa metiendo el pico debajo del ala. Muy al contrario, se crece en la adversidad y arrampla con todo lo que pilla, como compete a una mujer de temperamento. Un pronto que a veces le juega malas pasadas, según los que la conocen.

Dios me libre al comparar una con otra, pues no hay comparación posible, pero en lo altanera y orgullosa -que decía la canción- se le parece a Cospedal, la señora Rosa Díez, que está dispuesta a dejar títere sin cabeza, en UpyD, aunque ello le lleve a la desaparición paulatina de su formación política. Y todo, por no asumir que el liderazgo continuado, siempre se convierte en dictadura, por mucho que uno se empeñe en vestirlo de democracia. La permanencia de Rosa Díez, como lideresa y madre a la vez, indiscutible, de Unión Progreso y Democracia, está generando una involución constante en el propio contexto de su partido, ya que ni hay unión, ni progreso, ni democracia, según apuntan los más críticos a la formación magenta.

Al meditar en los hechos producidos durante la Semana Santa, vemos que los españoles, seamos políticos o no, nos dediquemos mayores o menores simpatías, vivimos inmersos entre la muerte y la resurrección, no en una esperanza, sino en una certidumbre de resurrección. Buscamos cualquier momento de esparcimiento para recomponer nuestra hidalga figura, y renacer; resucitar, si se quiere, de todo lo negativo que acompaña nuestra trágica andadura por este mundo, y utilizamos la fiesta para evadirnos de la realidad que tiene nuestra propia existencia, haciendo buena aquella frase que formuló Azorín, con una simplicidad total: "No nos interesa la realidad. Lo que nos interesa es soñar".

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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