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El extraño caso de Dimitry Itskov y Mr. Ciborg

lunes 07 de septiembre de 2015, 09:59h

Los momentos que más cerca he estado de la ciencia ficción han sido a través de Stanley Kubrick en ‘2001, una odisea del espacio’ (Reino Unido/EUA, 1968) y ‘Blade Runner’, (EUA, 1982) de Ridley Scott. Ambas películas me parecen excepcionales tanto por el planteamiento de los temas científicos, tecnológicos y humanos, como por su factura cinematográfica. A partir de ahí, mi relación con lo que se llama ciencia ficción es, sencillamente, inexistente porque no es un género literario ni cinematográfico que me apasione.

Pero creo que mi apatía hacia el género se vió ligeramente tambaleada por una iniciativa que conocí hace ahora un par de años, cuando supe que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, recibió una carta en su despacho oficial de Nueva York, con el remite de un multimillonario ruso llamado Dimitry Itskov. En esa carta, el excéntrico millonario pedía ayuda económica al organismo internacional para poner en marcha su proyecto '2045 Iniciativa', que pretende desarrollar el primer ciborg de la historia antes de haber alcanzado la mitad del siglo XXI.

Por si (como me sucedió a mí en su momento), es la primera vez que escuchas el término ciborg, déjame resumirte en cuatro palabras en qué consiste este proyecto. Se trata, ni más ni menos, que de construir un robot casi humano, porque llevaría implantado un cerebro de hombre o mujer. El proyecto sería ya una realidad aproximadamente en 2025 y, 20 años después -al filo de la segunda mitad el siglo XXI-, ese mismo robot llevaría también incorporados una serie de circuitos integrados, que le harían convertirse en un ser entre la máquina y el hombre, aunque mucho más próximo a este último.

La investigación persigue, en el fondo, la posibilidad de eliminar el envejecimiento o incluso la muerte, así como superar los límites establecidos actualmente por las restricciones del cuerpo físico. Un empeño antiguo, como ves, pero que los avances de la ciencia y la tecnología hacen acariciar a algunos la idea de que es posible materializar ese viejo sueño del hombre. Y todo eso, aunque entre la idea y su materialización se discurriera por un trayecto tan largo como decidido, tan magnético como deplorable para la historia de la ética y de la ciencia, si es que se logra llegar hasta el fin del proyecto y, entonces, el adjetivo ficción dejaría de ser aplicable a ese experimento científico.

Ya decía yo que la música de todo esto me sonaba. Incluso la letra: ‘El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’, de Robert Louis Stevenson, una obra publicada en 1886 como novela "de folletín" que se hizo tan célebre que hasta los curas, desde los púlpitos, la recomendaban como un perfecto estudio del bien y del mal tratados artísticamente. ¡A ver si todo esto no va a ser más que la precuela de una segunda iniciativa literaria que acabe titulándose ‘El extraño caso de Dimitry Itskov y Mr. Ciborg’, y que esté siendo secundada por la misma Iglesia, para reforzar las convicciones morales de la población, últimamente tan resquebrajadas! Cosas veredes, amigo Sancho...

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