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El espectro de dominación total

viernes 21 de octubre de 2016, 09:40h

“Dondequiera que intervienen Estados Unidos con el objetivo específico de llevar la democracia, esta se compone de bombardeos, destrucción, terror, masacres, caos y catástrofes humanitarias… entran para defender sus necesidades e intereses económicos y geopolíticos, sus intereses imperiales”. Afirma el escritor y experto en política internacional, Luiz Alberto Moniz Bandeira, en su libro Civilização Brasileira, 2016. Guerras por procuración, terror, caos y catástrofes humanitarias”.

Con respeto lo comenta Leo Boff subrayando que el autor ha tenido acceso a las fuentes de información más seguras, a múltiples archivos, a lo que se une un vasto conocimiento histórico. Porque se trata de un minucioso investigador y, al mismo tiempo, un militante contra el imperialismo estadounidense, cuyas entrañas corta con un bisturí de cirujano. Por eso padeció prisión y tortura en el infernal Centro de Informaciones de la Marina (Cenimar), por oponerse, en el contexto de la guerra-fría, al principal soporte de la dictadura: Estados Unidos.

Quien alimenta admiración por la democracia norteamericana y procura alinearse con los designios imperiales (como hacen no pocos neoliberales y bánksters organizados en bandas respetables pero criminales), puede disponer de una contrastada información reflexión crítica y datos para una lectura del mundo visto del Sur, como rezaba el subtitulo de la inolvidable Guía del mundo editada en Uruguay www.guiadelmundo.org.uy/ y que todavía nos sirve a muchos profesores universitarios y periodistas de continua referencia.

La política externa norteamericana declara el autor se inspira en el ilusorio “excepcionalismo” del viejo “destino manifiesto”, una variante “del pueblo elegido por Dios, raza superior”, llamada a difundir en todo el mundo la democracia, la libertad y los derechos y a considerarse “la nación indispensable y necesaria”, “ancla de la seguridad global” o el “único poder”. Es el lema que preside su ejecutoria y su fantasía los centros de poder norteamericanos con sus terribles órganos de seguridad interna y externa: “un mundo y un solo imperio” o “un solo proyecto y el espectro de la dominación total”.

Ya en el siglo XVIII Edmund Burke (1729-1797) y en el siglo XIX el francés Alexis Tocqueville (1805-1859) presentían que el presidente norteamericano tenía más poderes que un monarca absolutista y que eso degeneraría en una military democracy. Con el malhadado y siniestro títere al servicio de las oligarquías transnacionales, George W. Bush a raíz de los atentados a las Torres Gemelas, se instauró una verdadera democracia militar, con la declaración de la war on terror y la publicación del patriotic act que suspendió los derechos civiles básicos hasta el habeas corpus y dio permiso para las torturas. Esto, ciertamente, configura un estado terrorista, afirma Leo Boff en una admirable reseña que prepara para una lectura de un libro indispensable para conocer el reverso de la pantomima infumable de la campaña presidencial en EEUU, absurda y llena de insultos y de descalificaciones entre los candidatos que estamos padeciendo. Y tenemos que seguirla porque su desenlace influirá en los destinos de España, de Europa y del resto del mundo en esa locura que preside la destrucción de pueblos del Sur sociológico que, con toda razón y derecho, se ha decidido a devolvernos la visita que les hemos hecho durante quinientos años.

Están naturalmente desesperados porque ya no tienen nada que perder más que su miseria por la rapiña hasta la exasperación de sus riquezas naturales y de sus medios de vida. Esta invasión en busca de refugio y de acogida de personas y de familias desesperadas porque en sus tierras han esquilmado sus bosques y sus aguas, sus tierras y sus medios de vida, sus esperanzas más elementales y entrañables, está plenamente justificada. Porque fanatismos ideológicos fomentaron la explosión demográfica en unas tierras exhaustas por nuestra codicia desde el Norte sociológico.

Tienen todo el derecho a invadirnos por todos los medios y nosotros a acogerlos en nombre de la Ética más fundamental porque todos ellos forman parte de la familia universal, de la koinonía, de la especie humana a la que todos pertenecemos. Por encima de religiones fundamentalistas, de criminales sistemas de capitalismo financiero, de enajenada destrucción del medio ambiente en el que todos vivimos, nos movemos y somos. Como sucedió con el decadente Imperio romano y otros sistemas despóticos, fascistas, soviéticos, totalitarios y alimentados por la codicia más desaforada e inhumana que efectuó auténticos genocidios en América, en África, en China, en Indochina, en India y en tantos pueblos y países de África y no digamos en el exterminio frío y calculador de los aborígenes de Australia y de Nueva Zelanda.

No. No puede haber lugar para el olvido ni para una pérdida de la memoria que como decía un valiente guerrillero “y rescatar la memoria es como acá llamamos a la justicia” Y es que ya no hay una democracia sino un dominio por una élite económica a la cual debe someterse el presidente. Las decisiones son tomadas por el complejo industrial-militar, por Wall Street, por poderosas organizaciones de negocios y por un pequeño número de norteamericanos muy influyentes, como afirmaron eminentes científicos norteamericanos citados por Moniz Bandeira en su escalofriante y certera denuncia.

Para garantizar el “espectro de la dominación total” mantienen 800 instalaciones militares en el mundo, la mayoría con ojivas nucleares y 16 agencias de seguridad con 107.035 agentes civiles y militares. Como afirmó H. Kissinger: “la misión de América es llevar la democracia, si es necesario mediante el uso de la fuerza”. En esta lógica, de 1776 a 2015, o sea, en los 239 años de existencia de los EUA, 218 han sido años de guerra y sólo 21 años de paz.

Barack Obama cambió solo los nombres, pero mantuvo todo el espíritu excepcionalista y las torturas en Guantánamo y en otros lugares fuera de Estados Unidos como en tiempos de Bush. A la perpetual war le dio el nombre de Oversee Contingency Operation. Por decisión personal, autorizó cientos de ataques con drones y con aviones no pilotados, matando a los principales líderes árabes, citado por Leo Boff en un excepcional artículo. Con cierta decepción, Bill Clinton constató: “Los Estados Unidos no han vencido ninguna guerra desde 1945”. De Irak huyeron en silencio en la oscuridad de la noche.

La conclusión es avasalladora. Dondequiera que intervienen Estados Unidos con el objetivo específico de llevar la democracia, esta se compone de bombardeos, destrucción, terror, masacres, caos y catástrofes humanitarias… entran para defender sus necesidades e intereses económicos y geopolíticos, sus intereses imperiales.

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