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Policía insurgente

Policía insurgente

¿Qué quiso decir el ministro de Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, al anunciar que la Policía Metropolitana, ahora bajo su responsabilidad, será "revolucionaria, insurgente y subversiva? ¿Acaso todas las policías (no importa el carácter de los regímenes) no tienen como función esencial preservar el orden público y garantizar la seguridad ciudadana? ¿Cómo resolver la contradicción que entraña la promesa del funcionario? Un cuerpo policial revolucionario estaría comprometido con la transformación del orden existente, lo cual niega la propia naturaleza de un órgano destinado a la prevención y la represión del delito. Y si, como en el presente caso, se trata de un gobierno que se autodefine como revolucionario, guerrillero y comprometido con factores radicales de la política mundial, el enredo resulta mayor.

Lo de "insurgente" tiene una clara connotación. Esa fue la palabra utilizada por Chávez para pedir a la comunidad internacional el reconocimiento como beligerante de las FARC. ¿No ha sido acusado reiteradamente el ministro de mantener las mejores relaciones con grupos armados de Colombia? Están recientes sus palabras de estímulo y aliento para los guerrilleros que facilitaron la entrega de las senadoras colombianas Clara Rojas y Consuelo González a comienzos del año. ¿La definición de "subversiva" implicaría que la nueva PM arrebatada ilegalmente a la Alcaldía Metropolitana actuará con desconocimiento de la legalidad? ¿Estará, entonces, al servicio de los grupos armados del vecino y la delincuencia organizada? El ministro hizo, además, otras graves afirmaciones.

La PM servirá "para aquellos venezolanos que no puedan pagar una seguridad privada, para allá vamos". ¿Es decir, una policía clasista, que no promete la atención que por igual merecen todos los ciudadanos? Rodríguez Chacín advirtió también sobre la "amenaza del paramilitarismo, instrumento de la guerra declarada por el imperio norteamericano". El paramilitarismo, como se sabe, nació en Colombia como respuesta a los grupos guerrilleros.

Son organizaciones igualmente condenables por sus acciones brutales e inhumanas. Pero ¿cómo se entiende, entonces, que los "paracos" actúen en territorio nacional y no lo hagan los "faracos" y otros grupos a los que ahora se les concede luz verde desde Miraflores? Ya se sabía hacia dónde iba el ministro.


Manuel Felipe Sierra
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