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Ramones y cajales

Ramones y cajales


Si Valentín Fuster terminara hoy su carrera y tuviera que buscar un trabajo modesto en la ciencia española, seguramente tendría que emigrar a otros lugares, igual que tuvo que hacer hace bastantes lustros. Si Carlos Cordón-Cardo fuera un joven licenciado con la pasión de dedicarse a la investigación en su país, estaría condenado a luchar en la precariedad más absoluta, sin medios y sin horizonte. Pese a todo, si a algún investigador español de los que hace años tuvieron que abandonar su tierra para encontrar oportunidades de trabajo, le tentaran con el regreso, la promesa de un puesto seguro durante cinco años y, luego, superados unos controles, un puesto fijo en España, seguro que una gran parte haría las maletas y volvería a casa pensando que, por fin, España deja de ser diferente en eso de la investigación. Especialmente si los políticos, no importa el color, hablan de duplicar la inversión en investigación y la recuperación de los "cerebros emigrados".

Eso es lo que pensaron hace cinco años un buen grupo de científicos españoles que trabajaban, generalmente con medios, respeto y consideración, fuera de nuestras fronteras. El "Programa Ramón y Cajal" era una apuesta por la ciencia en español, hecha por españoles. También una "campaña de imagen" para cambiar la mala imagen de una política de espaldas a la ciencia. El próximo día 15 de noviembre se cumple el plazo que les debía conducir a un futuro mejor y más seguro. Algunos lo han conseguido. Otros han cumplido todos los requisitos, han superado todo lo que se les exigía, pero el día 15 estarán, sencilla y claramente, en la calle. Es cierto que el Ministerio de Educación parece haber prometido que les harán el contrato. Ya se verá. Pero no me extrañaría que más de uno haya perdido la ilusión y. sobre todo, la fe, y hayan decidido volver a un país extraño donde ser investigador no está mal visto, mal pagado y mal tratado.

Joan Rodés,  uno de esos médicos investigadores de verdad -rara avis- que goza del reconocimiento nacional e internacional, acaba de decir que la investigación no es un gasto, como creen casi todos, especialmente los políticos, ni una inversión, como hemos defendido muchos, sino "una riqueza". Que se lo digan a esos "ramones y cajales" o a tantos investigadores jóvenes que siguen siendo los grandes creadores de riqueza de este país y siguen mal pagados y mal valorados. Y lo que es peor, maltratados.  

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