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Lazos intergeneracionales

La residencia Las Azaleas recupera la tradición de la costura para ayudar a jóvenes y mayores a aprender los unos de los otros y desarrollar actitudes positivas ante la vida.
“Llevamos ya tiempo pensando en hacer encuentros generacionales, es decir, entre residentes de Las Azaleas, personas mayores, y gente joven. A los mayores les ayuda a sentirse útiles y para los más jóvenes es una maravillosa forma de aprender a escuchar y a ayudar a los demás. Pensamos en un taller de costura, al que bautizamos con el nombre de Coser y Cantar, porque creíamos que todas las señoras podrían enseñar a coser y que era una actividad con la que podrían mantener una conversación con las alumnas”, explica Marta Martínez, directora de la residencia Las Azaleas, situada en la calle de Bueso Pineda.

Así, todos los viernes, de 17 a 18 horas, ocho niñas del colegio Besana de Madrid acuden a Las Azaleas para recibir sus clases de costura. “No vienen niños a clase porque nuestro colegio es solo de chicas. Tampoco hay profesores hombres no porque, entre las personas de más edad, las que saben coser son las mujeres y no los hombres”, asegura Ana Valerio, profesora del colegio Besana.

“En total hay 16 niñas apuntadas a este taller y tienen edades comprendidas entre los 13 y los 15 años. Todas ellas se apuntaron voluntariamente. La gran mayoría ya habían hecho labores de voluntariado en esta residencia, por lo que ya son casi viejas conocidas. La idea del taller les encantó porque, además de acompañar a los residentes, podrían aprender a coser, algo que hoy día prácticamente ninguna persona joven sabe hacer”, añade Valerio.

Tres de los residentes de Las Azaleas, Iluminada, Montse y Teresa, enseñan a las niñas, cada viernes por la tarde, diferentes técnicas de costura. Al principio comenzaron por lo más sencillo, como coser botones, arreglar descosidos o  coser el bajo de un pantalón. A medida que van avanzando el taller, que concluirá cuando termine el curso escolar en el mes de junio, se irán introduciendo en su aprendizaje técnicas de costura más complejas, como el punto y el ganchillo.

“Hoy hemos enseñado a las niñas a coser los claveles en la pañoleta. Después hemos estado haciendo ojales, pero no sé si eso les ha quedado muy claro”, explica Iluminada, de 85 años. “Yo llevo cosiendo desde los 7 años, cuando mi madre me enseñó  a hacer cenefas. A mis hijos les he cosido de todo, hasta trajes, y la gente se quedaba sorprendida de lo bien que lo hacía... Pensaban que había estudiado corte y todo”, añade.

En las clases, las niñas aportan su propio material. Para las primeras sesiones tan solo necesitan aguja, hilo, dedal, retales y botones. Una vez aprendidas las técnicas básicas de costura se precisará otro tipo de material (agujas para ganchillo o punto, lanas...) que se va solicitando a las niñas según las necesidades del taller. 

“Me gusta mucho venir. La gente cree que las personas mayores están en las residencias sin hacer nada, como si ya no pudieran aportarnos nada, pero eso no es verdad. Yo me lo paso muy bien escuchando las historias que nos cuentan las profesoras. De hecho, el año que viene me vuelvo a apuntar seguro”, explica Michelle, de 13 años.

El taller se ha revelado útil para compartir experiencias vitales entre distintas generaciones, mejorar la autoestima y el autoconcepto de las personas mayores (sentimiento de utilidad), aprender técnicas de costura en un ambiente distendido y relajado y mejorar las capacidades cognitivas y motrices de los ancianos.

“Estamos muy contentas de haber organizado este taller. Las tres residentes que imparten el curso están muy ilusionadas y se lo han tomado muy en serio. Además queremos que el curso que viene nuestras improvisadas profesoras hagan una visita al colegio. Como las niñas han venido a nuestra residencia  a verlas, queremos que salgan de estas cuatro paredes y que se acerquen al colegio para ver a sus alumnas del taller de costura”, concluye Martínez.
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