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Cuestión de detalles

Cuestión de detalles

Los colaboradores del video anunciante, de la muerte del “Enemigo Público No. 1 de Colombia”, sin acatar que los detalles muchas veces hablan más que las palabras, se olvidaron de los mismos.  No le cambiaron el uniforme militar venezolano al lugarteniente del occiso. Dicen los botánicos que las palmas y las flores que rodearon el escenario, no son plantas de selva, ni tampoco de montaña. Otros bien informados, expresan, que las flores tienen aroma de hacienda Barinesa o Apureña y que los derrotados militarmente, hace tiempo están instalados en los predios de sus protectores-camaradas.

Lo cierto es, que la Parca se encargó, de evitar el ansiado encuentro del jefe de la “revolución Bolivariana,” con el fallecido en bombardeo, o de infarto al miocardio. Lamentando está, que Átropos cortara el hilo de la vida de su ídolo.  Gime su ausencia y el frustrado encuentro.  Hablar con el admirado camarada, era el “camino para conseguir la paz”. ¿Quién lo creería?... ¿Dos belicosos reunidos para dialogar sobre la  armonía, la calma y el sosiego?... ¿La intolerancia, el conflicto y la confrontación, hablando de paz?...

Un jefe de Estado, que al pueblo opositor llama enemigo, que tiene años amenazando con su “revolución armada”. Que el 11 de Abril ordenó sacar los tanques a las calles para reprimir a una manifestación multitudinaria y pacífica… ¿hablando de caminos de la paz?... ¡Tamaña hipocresía!... ¿Cómo olvidar su cara de gozo, cuándo por cualquier motivo inventa desfiles militares y amedrentador  exhibe: tanques, armas, aviones y uniformes?... ¿Cuándo a espaldas de las carencias de un paupérrimo pueblo, sin dolor y sin pudor gasta millardos de dólares en implementos bélicos, conminando a guerras?...  ¿Puede ser devoto de la paz un individuo, que en su propio país instauró la violencia y la división entre hermanos?...

Los hechos demuestran, que la concordia y la pobreza, no son sus prioridades. La deuda social que tiene con los desvalidos es inmensa, porque nunca antes hubo tanta esperanza, con un barril de petróleo fluctuando de 100 a casi 130 dólares. Ninguno de los gobiernos anteriores llegó a administrar tamaña riqueza y sin embargo, con el petróleo a precios ínfimos, emprendieron el camino al desarrollo, a la modernidad, a una mejor calidad de vida. El dinero se invertía en el país, NO… en comprar aplausos, protagonismos o apoyos internacionales. Tampoco en obscenos derroches. ¡Vivíamos en democracia y en armonía! Sin amenazas cotidianas, sin vergüenzas ajenas. Cada cinco años, teníamos la certeza de que nuestra voluntad sería respetada, al elegir a un nuevo presidente.

Día a día palpamos el descontento de los pobres, de los sin techo, de los trabajadores, que claman porque les paguen sus prestaciones y jubilaciones atrasadas por más de siete años. Los transportistas, por enésima vez protestan por la muerte de un colega. Cientos de indigentes tienen como hogar  las riberas del Guaire. Miles de familias viven hacinadas en galpones insalubres. Los delincuentes se asocian con los mismos policías; las armas de todos los calibres pululan en las calles en manos de asesinos y el Ministro-Policía se regodea diciendo que no han matado a nadie en 24 horas. No existe voluntad para desarmar a la población delictiva. No hay carne en los mercados. Los Médicos renuncian, por la falta de operatividad y de insumos en los hospitales públicos. Todo este caos, es producto de la “revolución bonita”, del Mesías que llegó para quedarse.

En medio del desastre, el “gobernante” (haciendo abstracción de la voluntad popular) colgado a un micrófono, sigue insistiendo en su socialismo, que no es otra cosa que “su póliza de permanencia indefinida en el poder”. Con grosero ventajismo ocupa los espacios de la televisora del Estado, en actos partidistas de larga duración y su partido es financiado con fondos del Estado.   ¡El caos que nos agobia es también inconstitucional y moral!...

 En una despreciable farsa, al nuevo Decreto-Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia, lo publicitan como la solución a los problemas de inseguridad.  Una ley política, e infame, típica de los regímenes totalitarios, que obliga a los ciudadanos a convertirse en delatores. Un instrumento para criminalizar la disidencia, para neutralizar las actividades de la oposición; para perseguir, atrapar y desaparecer a los oponentes; para arrebatarles de un pistoletazo a los periodistas, el derecho a investigar y el secreto de sus fuentes de información. ¡Luz verde para la represión!... El Ministro-Policía quiere convertirse en el jefe de la “Gestapo Chavista”.

En justicia, esa ley tendría legítima aplicación para  los que pactan, protegen y alojan, en nuestro territorio a narcos-terroristas y para los  encubridores de masacres de militares y civiles.  ¡Porqué esos… si son problemas gravísimos, de soberanía, de seguridad y  defensa del Estado!

Myriam Obadía
Abogada venezolana
[email protected]

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