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César Campos

Doris la grande

Doris la grande

domingo 24 de agosto de 2008, 18:59h
La prensa nacional abunda en valores falsos construidos sobre leyendas de cafetín  y biografías innecesariamente divinizadas. Nunca entendí ni entenderé ese aprovechamiento indebido, huachafo y alevoso de las argollas periodísticas por exaltar  a sus numerarios, seres comunes – muchas veces cargados de enormes frustraciones – que sólo dominan el oficio de pergeñar las variables de lo cotidiano. Cuando alguien los eleva más allá de sus merecimientos, viene a mi memoria un proverbio español que tuvo a bien enseñarme don Juan Mejía Baca al referirse a un personaje que detestaba: “La basura que se barre / siempre será basura / y aunque por el aire suba / basura será en el aire”.
 
Sin embargo gracias a ellos se hacen más notables las excepciones. Conocí de cerca  una en la figura de Paco Igartua, gran periodista de afinidades políticas diferentes a las mías pero cuya trayectoria corajuda e iconoclasta que le costó cárcel y exilio, tuvo el brillo de lo singular. Y por extensión, también conocí a Doris Gibson, la gran dama de la prensa peruana durante la segunda mitad del siglo XX que se despidió de la vida en el rigor doloroso de sus familiares.
 
Doris y Paco eran unidad sentimental, arrojo y bohemia cuando decidieron lanzar la revista Caretas en 1950. “Dominando el escenario una dictadura como la de Manuel A. Odría, el país sólo veía entonces las caretas de los acontecimientos y no las caras. Existía en Argentina una publicación que tomaba los nombre combinados: Caras y Caretas; nos quedamos con éste último”, narra Igartua en sus memorias.
 
En ese trance cargado de desafíos, Doris dio rumbo a su personalidad avasallante materializando las características de la publicación que hoy conduce su nieto, Marco Zileri. Pesada herencia obligada a un guiño de originalidad cada jueves de las 52 semanas del año.
 
Gibson no supo de miedos y amenazas porque siempre  sucumbían  en las rejas de su altivez. Fue ella una pasión agitada, tertulia inagotable, cálida con quienes ganaban su simpatía e indiferente a los anoréxicos del cerebro. Auténtica y sencilla, la recuerdo en Ancón y varios restaurantes miraflorinos, junto a Roberto Cores, Susy Dyson y Luis Jochamowitz. Doris inolvidable, Doris inteligencia, Doris la grande.
(cesarcamposlima@yahoo.com)
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