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Fernando Jáuregui

Hace tiempo que pienso que, ahora que Obama se nos marcha, esperemos que para ser sustituido por alguien que no esté tan enloquecido como Trump, podría darse una vuelta por España y traer aquí su espíritu conciliador. Ahí es nada lo que logró con las relaciones con la Cuba de los Castro. Y ahora vemos cómo ha logrado, nada menos que con Putin, el emperador guerrero, poner fin a la guerra en Siria, que es un buen primer paso, probablemente, para acabar con los fundamentalistas asesinos. Aunque, bien mirado, puede que ni los buenos oficios de Obama, que fracasó frente a los más duros republicanos a la hora de intentar poner fin a la vergüenza de Guantánamo, lograsen evitar la reconciliación de las fuerzas políticas españolas y la 'guerra' de esas terceras elecciones que ya parecen casi -casi- inevitables a trece semanas vista en nuestro peculiar país.

Porque los españoles, lejos del mundanal ruido, de las advertencias que cada día con más premura se nos lanzan desde Europa y desde los propios Estados Unidos, ajenos a la paz en Siria y a cuanto ocurre, como diría Felipe González, en el mundo mundial, estamos mucho más pendientes de cosas como Soria. El ex ministro, digo, que nunca llegó a tomar posesión del cargo de director del Banco Mundial, a donde le condujo la benevolencia de su buen amigo Mariano Rajoy. No sé si la escandalera suscitada por el 'affaire Soria' y la posterior batalla acerca de la comparecencia parlamentaria o no del ministro Luis de Guindos, a quien acusan soterradamente desde Moncloa de haber sido el instigador del nombramiento 'mundial' de Soria, merece tanto la pena como otros pintorescos pasajes de la vida nacional. El caso es que ahí está un buen ministro, como Luis de Guindos, bastante independiente dentro del mundillo del PP, mirado de reojo por los 'halcones' más belicosos en el 'aparato' de Génova. Pues ¿no se atreve el muy osado a sacar ahora, precisamente ahora, un libro desenterrando algunos pasajes oscuros del partido que nos gobierna en funciones?

Aquí, el que se mueve no sale en la foto, y Guindos quisiera pasar por el paradigma de la lucha contra la corrupción en el partido con el que sido superministro de Economía, el interlocutor de los próceres europeos, comenzando por su poderoso colega alemán Schäuble, y el hombre que se jacta de haber sido quien salvó a España del rescate y de los 'hombres de negro'. Ingredientes todos que, en un partido en celo como el PP, agobiado por todos los problemas imaginables en un calendario político simplemente inimaginable, hacen que el ministro se haya convertido en el blanco de soterrados alfilerazos que algunos hemos podido escuchar donde corresponde y, claro, sin micrófonos.

Lo que ocurre es que, valga la redundancia, aquí ocurren demasiadas cosas como para entretenerse en cuestiones menores, como si lo de Soria fue responsabilidad del 'jefe' o del segundón. Lo lógico sería peocuparse muy mucho de asuntos más lacerantes. Ahí tenemos, sin ir más lejos, la Diada, dentro de horas, inaugurando nuestra particular guerra política 'a la Siria', que menudo mes de septiembre viene, de enfrentamientos políticos a muerte, en la corrompida, putrefacta, vida política catalana. Ni las cosas incomprensibles que hacen los de la 'banda de los cuatro', que acabarán, ya verán, llevándonos a otras elecciones, logra superar el circo de la CUP, Puigdemont, Forcadell, Romeva y Junqueras, a los que una mayoría silenciosa de catalanes parece incapaz de atajar en su viaje a toda máquina hacia la escollera.

Así que ya digo: alguien, en la debilitada sociedad civil española, debería invitar a Obama, ahora que se va de la Casa Blanca, para que se dé una vuelta, aunque sea pagándole el elevado 'fee' de los ex presidentes, por Moncloa, Génova, Ferraz y, si acaso, por la plaza de Sant Jaume. Que más difícil habrá sido convencer a la proverbial cabezonería de Raúl Castro y Bashar el Asad para que enterrasen las hachas guerreras en Cuba y Siria que persuadir a los verdaderos culpables de lo de Soria de que han metido la pata hasta el fondo. Y no, no se caen, para seguir con los inocentes juegos de palabras, del Guindo(s). Aquí, ni de coña se cae nadie del Guindo(s). Imposible, porque son unos alcornoques. Y lo digo en serio y, si hace falta, en sirio. O en Soria, o donde sea.

Fernando Jáuregui

Fernando Jáuregui

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Fernando Jáuregui

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