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María Díaz
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María Díaz (Foto: Jacobo Medrano)

María Díaz (jefa de prensa teatral): "Un espectáculo puede que no funcione, y eso es una derrota, pero no un fracaso"

- “No entiendo a la gente que loa por loar, ni a la que destroza por destrozar”
- “No me corto ni debajo del agua… Eso sí, intento opinar solo cuando me preguntan”
- “El periodismo digital tiene ahora mucha, mucha, mucha importancia”

martes 12 de febrero de 2019, 10:20h
A finales de agosto pasado, cuando termina una temporada teatral y comienza otra, María Díaz, periodista especializada en las artes escénicas, suelta un correo con la relación de espectáculos sobre los que te va a informar en el próximo cuatrimestre. Los conté por curiosidad, y eran unos 25 (entre ellos Lehman Trilogy, Cuzco, La historia del zoo, El maestro Juan Martínez que estaba allí, Iphigenia en Vallecas, Donde el bosque se espesa, ¡Ay, Carmela!, Juguetes rotos…).

“Llegué al teatro por tres motivos –comienza confesándonos-. El primero, porque amo el teatro, he ido durante toda la vida –ya, desde pequeña, me llevaban mis padres-, y me encanta. Lo segundo porque apareció en mi vida en un momento oportuno. Estaba ya cansada de la televisión, de su ambiente y de trabajar en ese sector, aún estando bien valorada. En medio de ese proceso personal me llama Eva Paniagua para ser jefa de prensa de teatro, trabajo que no había hecho nunca (lo más parecido en que me había metido fue el Festival de Cine de San Sebastián). Pero fue ella la que creyó en mi capacidad para desarrollar esta tarea. Me ofreció trabajar en Pentación casi en los primeros tiempos de su creación por los cinco fundadores que le dan nombre a la productora: Rafael Álvarez "El Brujo", Gerardo Malla, Tato Cabal, José Luis Alonso de Santos y Marga Piñeiro. Aunque, personalmente, pensaba que no estaba capacitada para ejercer ese trabajo, mi curiosidad por descubrir mundos nuevos, me decidió a tirar por ahí, ¡Tuve que aprenderlo todo desde cero! Estas tres circunstancias se entrecruzaron y, desde entonces, aquí sigo. Y eso que han pasado ya más de 20 años”.

La periodista regresa al año 1996, ¡hace ya casi un cuarto de siglo!: “Me compré todos los periódicos, me los empollé y comencé a llamar por teléfono a los críticos y periodistas especializados de cada uno de los medios para presentarme”. Seguro –le apuntamos- que entonces la competencia en el sector era mucho menor. “Sí, desde luego. Creo que solo estaba Silvia Espallargas, que es una profesional fantástica, y muy poco más. El de jefe de prensa no era un oficio que tuviera entonces un lugar dentro del teatro. La cosa empezó después y, además, lo ha ido llenando gente de muy diversa procedencia. Yo soy periodista, pero hoy otros compañeros han llegado hasta aquí después de haberse dedicado a diversas facetas de las artes escénicas…”.

Jefa de prensa, encargada de prensa, directora de comunicación, a María le da igual en qué cesta se le incluya porque ella es directa y va siempre al meollo de las cosas: “a mí los nombres me dan lo mismo. En mi web he puesto ‘estrategias de Comunicación’ porque, a mi entender, la comunicación no consiste solo en contarte algo, sino en generar interés en los montajes de teatro que tú conoces, porque estás dentro, mejor que el que nunca ha ‘aterrizado’ en él. Yo tengo siempre mucha más información que la persona a la que le cuento algo sobre una determinada función de teatro, y de lo que se trata es de darle los datos suficientes para que se haga una idea ajustada sobre lo que pregunta”.

“Necesito apasionarme con lo que voy a ‘vender’”

Genio y figura, a esta mujer no se le convence fácilmente para incorporarla al equipo de un nuevo montaje: “…cuando me llaman, lo primero que hago es pedir los textos. A partir de ahí, valoro los mimbres y decido sí creo, o no, que debo de hacer ese espectáculo. No cojo cualquier cosa que me ofrecen. A lo mejor soy excesivamente exquisita porque, de verdad, yo envidio a los compañeros que son capaces de vender de todo. Yo no valgo para eso. Necesito apasionarme con lo que voy a ‘vender’ y, además, tener la clara sensación de que no estoy engañando a nadie. Así pues, si después de leer los textos y valorar el resto de cuestiones, decido ir adelante, luego voy a los ensayos y me meto a fondo dentro del espectáculo, así es que siempre tendré más información que cualquier periodista o crítico al que tenga que contarle algo sobre él. Y eso tengo que hacerlo en poco espacio –porque, normalmente, el otro no tiene mucho tiempo-, y convencerle de que el espectáculo vale la pena… ¡Eso me lleva un tiempo, pero también muchas alegrías!”.

Al final del proceso, María siente siempre que el éxito o el fracaso de un espectáculo es también un éxito o fracaso suyo: “Sí, siempre. Aunque cuando las cosas no han ido todo lo bien que creíamos, a mí no me gusta hablar de fracaso sino de derrota. Eso del fracaso yo no lo trabajo. Un espectáculo puede que no funcione, y eso es una derrota, pero no un fracaso. A veces las funciones no llegan a cuajar porque, a lo mejor, han salido antes del momento en que debieran haberlo hecho, o porque no se han exhibido en el teatro que mejor le hubiera cuadrado al montaje. Si uno se replantea eso, cuando vuelva otra vez al escenario lo mismo puede acertar y el montaje arrasa…”.

Y, en general, ¿crees que es mejor que se hable mal de un espectáculo, o que no se diga nada de él?, le preguntamos: “Las críticas son siempre bien recibidas, si son justificadas, si se razona el porqué de esas críticas. No entiendo a la gente que loa por loar, ni a la que destroza por destrozar. Pero me parece que, cuando alguien pone una función de teatro sobre un escenario, es como quien exhibe algo en un escaparate. El que pasa por delante, y entiende de esto, puede opinar si le gusta o no, pero siempre que lo justifique. Esa es la libertad que brindan las artes en general: un cuadro en el Prado, una escultura en medio del Retiro, o una función de teatro en cualquier escenario”.

Dada la heterogeneidad de los perfiles de los jefes de prensa de teatros, compañías y artistas, preguntamos a Díaz si las funciones de estos profesionales son también muy distintas en función de los clientes y de los propios responsables, y la periodista vasca nos dice que “sí, aunque yo suelo ser muy libre, y creo que tengo mucho trabajo y, además, muy sostenido en el tiempo con diversas compañías porque no me corto ni debajo del agua. Puedo tirarte un cartel atrás, o darte una opinión con toda franqueza e, incluso, puedo acudir a un ensayo –y me ha pasado-, y decir que yo quitaría la última escena, y, para sorpresa mía, lo mismo se ha quitado… Me ha ocurrido un par de veces en los últimos meses. Eso sí, intento opinar solo cuando me preguntan. Y lo normal es que cuando me llevan sea para preguntarme… Y en el tema de la imagen, creo que tengo la obligación de opinar. Si veo en cartel que a mí no me empujaría a acudir a ver la función, debo decir que a mí me parece que no funciona”.

Queremos saber ahora si- al menos en su caso-, el jefe de prensa atiende también a los muchos blogueros que han surgido en los últimos años en las redes. Para María “sí, sin duda, y quien no entienda que este nuevo periodismo que ha surgido es el de hoy y el de mañana, es que no ha situado bien el fenómeno. Aunque un bloguero no es alguien que ha puesto un comentario en Facebook, sino algo más. Hay quien te pide acreditaciones con esa excusa… Yo creo que ahora viene una nueva generación, con gente muy joven –y, para empezar, ese hecho a mí me parece ya maravilloso-, a la que hay que prestar mucha atención. Hasta el punto de que, si a mí me dicen desde un diario que no me pueden publicar la información o la crítica más que en papel o en digital, yo desde luego, prefiero en este último formato. A este respecto tengo que pelearme muchas veces: el papel lo tiras mañana a la papelera, aunque conozco gente que sigue siendo adicta al papel y también hay que darles esa información. Lo digital se puede mover mucho más, y por mucho más tiempo, mientras que el papel lo tiras mañana a la papelera… El periodismo digital tiene ahora mucha, mucha, mucha importancia, aunque entiendo que todavía haya gente que se resista a dejar el papel. Y, para terminar, no creo que haya medios ni de primera ni de segunda. Cualquier medio de comunicación, desde el momento en que alguien accede a alguien, se merece toda la atención de un jefe de prensa… Otra cosa es Twitter, la otra red que suele utilizarse para opinar respecto a un tema, o acerca de una función. “A mí solo me interesan los twitteatreros que son capaces de expresar en esos 240 caracteres el buen trabajo de este o aquel director; qué les ha sorprendido del montaje, y por qué destaca la labor de este o aquel actor. Si me parece que eso tiene un sentido, lo retwiteo sin ningún inconveniente, solo porque me parece que ha expresado algo que yo creo que está en la función”.

La clave está en la credibilidad

¿Hay alguna fórmula mágica para ganar credibilidad, como jefe de prensa, ante los medios con los que tratas habitualmente?, preguntamos ahora a Díaz. Para ella, “la única forma es la de ganarse el respeto de los compañeros. Y creo que es por haber elegido lo que quiero defender ante todos ellos. Eso creo que me ha dado un sitio entre informadores y críticos y, además, el hecho de tratar de no ser una persona pesada. No soy de las que persigue a alguien hasta la saciedad. Como mucho, te llamo y te indico que esto vale la pena, pero no volveré a insistir porque entiendo que todo el mundo tiene sus prioridades, sus criterios y su propia agenda, así es que tú decidirás si quieres venir o no. Yo solo voy a contarte por qué creo que debes acudir, por una sola vez. Y si llamo es porque, a lo mejor, se me ha despistado tu correo”.

¿Cuánto vale tu base de datos?, ese campo delimitado por la experiencia, el tiempo y las relaciones: “Creo que es impagable. Sin embargo, no tengo ningún inconveniente en dejártela a ti, y al compañero que me la pida. Los correos electrónicos o los móviles son solo el principio, porque lo que realmente vale es la relación que tengo ya establecida con cada una de esas personas (dramaturgos, periodistas, críticos, directores, actores, compañías, distribuidores, productores…). ¡Por eso creo que es impagable! Porque reunirla me ha llevado a mí mucho esfuerzo, muchas emociones, mucha energía y mucho tiempo…”.

Su pasión por el teatro le ha dado también muchas alegrías: “muchas veces he apostado por compañías que empezaban, y he hecho con ellas un viaje maravilloso. Por ejemplo, con Ron Lalá; o con Teatro Lab, de Gabriel Olivares, en donde el director albaceteño experimenta con un teatro de investigación que complementa su otra faceta, la del teatro comercial bien hecho, que también lo caracteriza; o las chicas de Teatro en Vilo, o con Kulunka Teatro, sin olvidar a K Producciones, maravillosos y comprometidos. He hecho apuestas con gentes con las que he crecido, y eso es algo que a mí me encanta... Ahí es cuando puedo llamar específicamente a alguien y decirle que mira, que aunque no los conoce nadie, fíate de mí porque aquí hay un gran trabajo, y eso acaba dándote mucha credibilidad…”.

“¡Creo que tengo cierto olfato!”

“Hay veces -continúa la periodista vasca- que llegan cosas tan bonitas a tus manos, que te das cuenta de que, si no te involucras hasta en la producción, no salen”. Y a renglón seguido ilustra la sentencia: “Lehman Trilogy se le ofreció a mucha gente para que pusiese dinero, y no lo acababan de ver. Yo sí que lo veía, quizás porque Sergio Peris-Mencheta es un hombre que pone tanta ilusión en las cosas que hace, que te las transmite con mucha fuerza. A mí me contó el espectáculo antes de crearse, y yo lo veía clarísimo. Pero no conseguíamos que lo viera otra gente, así es que me metí e involucré también a amigos, y el olfato no me falló. También es cierto que estaba Nuria-Cruz Moreno por medio y esa sí que es un ‘hacha’. Solo tenía que dejarme llevar por los dos (Sergio y Nuria) para apostar por caballo ganador seguro. Y ahí está el resultado: no hay una butaca sin vender desde que se ha estrenado el espectáculo, y en ningún teatro de España. Esa es la prueba de que no hay por qué tener miedo ante tres horas de teatro. ¡Ese es gran teatro! He visto funciones de una hora a la que le sobraban tres cuartos, y he visto también otras de tres horas a las que le faltaban dos, o yo aún hubiera estado dos más. El buen teatro no tiene tiempo. Se pueden hacer 3 horas, o 24 seguidas. Cada función necesita un tiempo para ser contada, y si se ocupa bien, ¡Chapeau! En Lehman Trilogy hay mucho más talento que dinero en la producción. Y un segundo ejemplo, el de Alfonso Lara que me ha dejado ser partícipe de su sueño de poner en pie el texto de Chaves Nogales El maestro Juan Martínez que estaba allí, y que bajo el título de No me olvides, puede verse ahora en los escenarios españoles. Y, por último, no quiero dejar de citar tampoco a Concha Busto con quien estoy defendiendo algunos de los productos más interesantes de la cartelera. O de la oportunidad que me ha abierto PTC de trabajar con directores de la talla de Veronese o Tolcachir y de actores como Alicia Borrachero o Miguel Rellán, que estos días se estrena como director, por cierto”.

“No me gusta nada la gente megalómana o la enamorada de sí misma”

A María Díaz le interesa el teatro con mucha humanidad, y que esté hecho con pasión, con las entrañas, porque “puedes acudir a una función que este muy bien hecha pero que, al mismo tiempo, te transmita la sensación de que el equipo no funciona muy bien en conjunto, que ahí pasa algo… Yo necesito saberme parte de un equipo, saber que no trabajo sola. Y no me gusta nada la gente que me llama y que no la veo nada convencida de lo que está haciendo. Eso, por un lado, y por otro, tampoco me gusta nada la gente megalómana o la enamorada de sí misma. Si tienen algo que ofrecer, que lo expongan y lo vemos, pero que no empiecen presentándose como los mejores del mundo mundial… Si empezamos así, conmigo no hay nada que hacer porque yo necesito creerme mucho lo que vendo, y si no me lo creo, me parece que esa gente necesita otro jefe de prensa que sepa hacerlo”.

Eres –le decimos- una jefa de prensa que se remanga y se mancha. “Sí –nos responde-, es que yo no entiendo otra manera de hacer este oficio porque también se mancha un actor que sale a un escenario, o un señor que firma un texto o un señor (o señora) que se atreve a subirlo a un escenario… En esta vida, lo que te da alegrías o, incluso a veces, disgustos, es formar parte de un equipo”.

Trabaja muchas horas al día y duerme solo unas cuatro y –nos asegura-, no es por razones de competitividad, sino por pura genética: “mi padre, con sus 90 años, se levanta diariamente a las 6 y cuarto de la mañana, y eso que suele acostarse tarde, porque lee mucho. Le gusta tanto como pintar, que es su otra gran afición… Y tengo un sobrino de 13 años, que le pasa lo mismo. Nunca se le ha tenido que despertar para ir al colegio y, cuando vas a ver cómo va, se ha duchado, ha desayunado y ya está dispuesto a irse solo…”.

Volvemos a la intrahistoria de la profesión y de sus relaciones con los medios. ¿Crees que aquí también hay mucha envidia?, le planteamos. “Yo creo que no –nos dice-, De hecho, nos juntamos siempre que podemos y acabamos de organizar una cena navideña con todo el que ha podido venir. En general, somos muy colegas… A lo mejor hay algún bicho raro, pero no es lo normal. A veces, además, alguien me llama para llevar una función que me parece interesante pero no puedo vendérsela en ese momento porque estoy hasta arriba, y se la paso a un compañero. O viceversa. Es más: creo que hacen falta más jefes de prensa. Solo con los que estamos, no podemos llevarlo todo y calculo que somos unos 30. Este oficio tiene que crecer… Yo intento colaborar mucho con la gente nueva y no tengo ningún problema, sino todo lo contrario, en pasarle, en un momento dado, un contacto, o una función”.

Eso por lo que se refiere a los compañeros del oficio. Pero, en la otra parte (compañías, artistas, festivales…), ¿Cuáles son las falsas creencias que habría que desterrar de todos ellos respecto al papel de los jefes y jefas de prensa? “Muy fácil: que si yo fuera la persona que llenara los teatros, ni siquiera estaría en el mercado. Recibiría por horas –comenta sarcástica-… A veces creen que haces magia y otras que tú tienes la culpa de que una función no vaya bien. En las compañías, normalmente, ya nos están dando un sitio y entienden nuestro valor, pero hay gente que tiene una idea muy equivocada de los jefes de prensa… Cuando me llega una función, la valoro y veo dónde la puedo colocar. No todas las funciones pueden llegar a todos los públicos y a todos los sitios. Si, por ejemplo, tienes una función orientada a la gente joven porque trata sobre tal y tal tema, yo creo que esto le interesará a fulano y a zutano, tienes que dedicarte primordialmente a eso… Y luego tampoco hay que descartar al resto. Si lo has intentado, como decía antes, no hay que considerarlo una derrota, aunque los resultados no hayan estado a la altura de tus expectativas previas… A las personas que recurren a ti para que seas su escaparate ante la prensa, creo que hay que explicarles desde el principio hasta dónde crees que pueden llegar con esa función, y luchar por eso con ellos hasta el final. Si no se llega, habría un problema. Pero creo que hay que destruir las falsas expectativas cuanto antes sobre el papel de los responsables de prensa para que luego no se lleven a engaños, para que no esperen que se vayan a abrir los informativos del día siguiente con esa función, entre otras cosas, porque eso no sucede nunca con la cultura…”.

Cambiamos de tercio otra vez y le preguntamos por lo contrario, es decir, por conocer cuáles son sus mayores desvelos y esfuerzos para hacer entender a sus clientes lo que se puede hacer con los medios. “Sobre todo a las compañías que empiezan, llevarles al ánimo que, aunque entre ellos no haya una cara conocida, que hay buen teatro en esa apuesta. Esa es la parte más complicada porque, habitualmente, lo que tira es alguien que es conocido porque participa en una serie o ha tenido un papel aplaudido en alguna película de éxito. Esa es la parte más difícil porque, cuando luego están arriba, todo el mundo te los quita de las manos… Una conocida puede acarrear a espectadores al teatro, pero lo que no puede asegurar es que esa sea una buena función. Lo que hay que hacer con los medios, que son el puente entre lo que yo quiero contar y el público, que aunque no haya ninguna cara conocida, ahí hay buen teatro, y que el público lo va a agradecer. Sencillamente porque está bien hecho, sea o no comercial esa apuesta”.

“Para juzgar el teatro, hay que haber visto antes mucho”

¿Hay más pseudocríticos o pseudojefes de prensa?, le lanzamos a María, y ella, prudente hasta el final, nos responde que “hay mucho crítico nuevo, que no tiene referencias y que cree que, por el solo hecho de tener las redes o la posibilidad de escribir en un medio digital, ya tiene la autoridad suficiente como para poder decir lo que le da la gana… Y mucho crítico nuevo que te hace las críticas más inteligentes que te puedas encontrar… Para juzgar teatro, hay que haber visto mucho teatro y, con ello, tener unas referencias muy claras, y saber explicar todo eso”.

“En general –continúa diciendo-, creo también que los críticos son gente muy informada de la que, además, tengo mucha envidia. Lo que echo mucho de menos es que no haya mujeres en sus filas, y espero que podamos solucionar pronto ese tema. Fíjate que la mayor parte del público está compuesto por mujeres”. ¿Por qué no te animas tú a dar ese paso?, le decimos, y María responde como un resorte: “Porque no me ha llamado nadie. Estaría dispuesta a hacerlas, incluso de las obras que yo llevo, pero con un pseudónimo, claro. Las cosas que están bien hechas hay que promocionarlas, y yo lo hago, y cuelgo en las redes recopilaciones de espectáculos que yo no llevo, pero que están muy bien hechos. A veces también acudo a espectáculos que me encantan y que me hubiera gustado que me hubiesen llamado a mí para poder hacer la prensa de ese montaje. Y no me importa nada acudir a Facebook o a donde sea para proclamar a los cuatro vientos que esta función es magnífica y que hay que verla… ¡Eso también es credibilidad!”. Y como no quiere eludir la segunda parte de mi pregunta, esa que implica también en la autocrítica, María sentencia que “este es un oficio en el que estás aprendiendo todos los días. Y si alguno de nosotros piensa lo contrario, que lo sabemos ya todo, ese es el momento en el que empezamos a ser pseudojefes de prensa”.

¿Qué es lo más doloroso que te ha sucedido en estas dos décadas largas de profesión que llevas a tus espaldas?, preguntamos ahora a María, y ella sigue sin dudar ni un instante en sus respuestas: “Lo peor, una estafa emocional que la tengo guardada a fuego en mi memoria. Aunque, como afortunadamente no soy rencorosa, la recuerdo solo para no volver a repetirla con cierta gente pero, desde el punto de vista de las emociones, es algo que ya pasó. Si quieres, todo está perdonado, pero no olvidado… Concreto: hace años hice una apuesta por una función de teatro que vi en un festival iberoamericano, y conseguí que se estrenara en España. Se montó una cooperativa en la que no se firmó ningún papel y, al final, cuando ya la función estaba arriba, a mí me dieron la patada después de hacerme todo tipo de feos muy dolorosos. Con el paso del tiempo, prácticamente ninguno de ellos está haciendo nada; mientras que yo sigo en este oficio… Hace poco, alguien que estaba allí, y que fue una de las dos personas que me dieron el puntapié, me ha pedido amistad en Facebook. Obviamente, yo he flipado en colores. Y soy más coherente que todo eso así es que, sencillamente, no le he contestado”.

¿Y lo más alegre, lo más sorprendente?: “me emociono mucho cuando voy a ver un espectáculo del que he vivido todo el proceso y compruebo que no me he equivocado. Entonces lloro y me río mucho a la vez porque las dos cosas las hago con frecuencia y con mucha facilidad. Y eso es justamente lo que le pido al teatro, que me emocione… Cuando saqué la Guía Gastrocómica me encantó ver la respuesta de 116 actores y actrices de este país que aceptaran estar en ella, y recibí también muchas otras llamadas de sus compañeros ofreciéndose con el mismo fin. Eso es un ejercicio de generosidad y de inteligencia colectiva que a mí me emocionó. Y cuando presenté el libro en la Sala Mirador, ‘me llenó de orgullo y de satisfacción’ que se llenara el recinto. ¡Hasta mi chico estuvo a punto de bajar a abrazarme cuando vio el aplauso que me lanzaron porque tenía miedo de que rompiera a llorar allí mismo!”.

Llegados hasta aquí, vamos a terminar preguntando a la veterana jefa de prensa si, para ella, lo mismo que se dice del teatro, esto de llevar los medios a unos y a otros profesionales del teatro, es también un acto de resistencia política. Nos responde, como siempre, como una metralleta que “sí, algo de eso hay también aquí. Sobre todo en mi caso porque yo suelo hacer siempre un teatro muy comprometido tanto política como socialmente. La palabra clave es ‘resistir’, sí. A mí, en todo caso, nunca nadie me ha negado el saludo por llevarles la prensa a determinadas personas o compañías que, teóricamente, pueden estar a uno u otro lado. El teatro tiene que valer para contar algo y, en ese sentido, creo que puedo presumir de trabajar siempre con compañías que saben mirar al mundo y hacerse eco de lo que pasa… Con K Producciones, por ejemplo, con los que llevo ya 14 años trabajando, hemos hablado de las ejecuciones hipotecarias, de la corrupción, de toda la problemática de nuestros días… Con Kulunka, del Alzheimer, de la soledad… Me gusta implicarme en un teatro que tenga algo que contar porque hay gente a la que hay que darle mucha voz, y me encanta estar metida en esta pelea y en primera línea de fuego”.

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