La esquiadora Eileen Gu, de 22 años, vuelve a situarse en el ojo del huracán mediático mundial tras su participación en la final de 'big air' en los Juegos Olímpicos de Invierno en Livigno, Italia.
Aunque compite bajo la bandera de China, la atleta nació en Estados Unidos y actual estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad de Stanford.
No se trata de un motivo demasiado rebuscado: la realidad es que aunque nació y creció en San Francisco, California, eligió competir con la bandera china por que es el país de origen de su madre.
Evita polémicas
Por todo ello, es habitual que Gu evite preguntas ante los medios sobre su ciudadanía cuando compite, manteniéndose firme en no hablar del tema para no enemistarse con nadie en el plano político.
A pesar de que la ley china no permite la doble nacionalidad, Gu nunca ha aclarado si mantiene su pasaporte estadounidense que le corresponde por su padre y su nacimiento. De hecho, algunos hablan de "fraude" o deslealtad a EEUU.
Sin embargo, su capacidad para regatear problemas y su perfecto chino mandarín es vista por algunos como una actitud inteligente para hacer caja. Se la considera adinerada por sus actividades de marketing y aprovecha que China no tiene grandes atletas en deportes de nieve para así hacerse un hueco estelar.
Gu tomó su decisión a los 15 años y desde entonces ha levantado un imperio comercial, por lo que escapa de cuestiones políticas bajo el argumento de que es "irresponsable" pedirle opiniones sobre aranceles o conflictos diplomáticos.
La atleta presenta un palmarés de 2 medallas de oro y 2 de plata a lo largo de su carrera.
Su exitosa empresa personal
El éxito financiero de Gu es enorme. Además, según documentos revelados por el diario 'The Wall Street Journal', la esquiadora y también otro atleta nacido en EEUU recibieron 6,6 millones de dólares de la Oficina Municipal de Deportes de Pekín el año pasado a cambio de defender la bandera china. Una supuesta 'compra' de voluntades para ganar deportistas de élite a favor de su causa.
Esta cifra, sumada a su extensa lista de patrocinadores, justifica su postura: Gu no utiliza su estatus para ensalzar el régimen chino, pero tampoco para criticarlo. Su discurso se limita a "tender puentes" y "empoderar a las mujeres", una retórica que le permite evitar las trincheras de las tensiones geopolíticas.
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