El presidente de EE.UU. protagonizó un discurso sobre el Estado de la Unión marcado por un tono marcadamente electoral y una puesta en escena orientada a reforzar su base de apoyo. En la que ya se considera la intervención más extensa de este tipo en la historia reciente, el jefe del Ejecutivo proclamó el inicio de una “era dorada”, defendiendo que la economía es hoy más sólida y próspera que nunca. La narrativa oficial subrayó una supuesta caída de la inflación y avances decisivos en materia de seguridad fronteriza, en contraste con las críticas que apuntan a un crecimiento desigual y a persistentes tensiones migratorias. El formato, con reconocimientos públicos y la presencia de invitados simbólicos, priorizó el impacto mediático frente a la solemnidad institucional, en un contexto de proximidad de las elecciones legislativas. Sin embargo, el mensaje optimista convivió con señales de fragilidad política.
En paralelo, el repunte del índice de confianza del consumidor hasta 91,2 puntos en febrero ofrece un contrapunto constructivo. Aunque el nivel se mantiene lejos de los máximos recientes y el componente de expectativas continúa por debajo del umbral asociado a recesión, la mejora respecto a enero sugiere una moderación de los temores a corto plazo. El deterioro de la valoración de la situación actual contrasta con una visión menos negativa sobre ingresos y empleo, lo que podría facilitar el anuncio de medidas orientadas a aliviar el coste de vida.