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Crisis de los refugiados un año después: casi en el olvido el pequeño Aylan y los millones de desplazados

Crisis de los refugiados un año después: casi en el olvido el pequeño Aylan y los millones de desplazados
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(Foto: EP)
viernes 29 de julio de 2016, 15:28h

Hoy vamos a hacer un ejercicio de memoria y reflexión. Se está cumpliendo un año desde que las portadas de los diarios de todo el mundo, las emisoras de radio y nuestras pantallas de televisión se empezaron a inundar de las imágenes más estremecedoras de las últimas décadas. Aunque ya era considerado un drama humanitario, las migraciones masivas de refugiados no obtuvieron la categoría de 'hecho noticioso y preocupante' hasta el verano del 2015.

Es entonces cuando nuestra vida se ve empapada de imágenes nuevas para muchos jóvenes, que presenciábamos el miedo de una guerra que expulsaba sin piedad de sus casas a miles y miles de personas. Hace exactamente un año, el 29 de julio, me encontraba disfrutando de los últimos suspiros de la que fue la experiencia más enriquecedora de mi vida hasta el momento. Mis días de Interrail. Tal día como hoy, esperaba junto a mi compañera en la estación de trenes de Keleti, en la ciudad de Budapest para partir al último destino de nuestro viaje, Bratislava.
Sumidos en las nuevas experiencias que nos mantenían entretenidos, no éramos muy conscientes de lo que se estaba gestando en Europa en esos momentos. Los medios hablaban de la "mayor crisis humanitaria" desde la Segunda Guerra Mundial, pero acostumbrados a noticias del estilo, lo consideramos una de las muchas exageraciones que nacían de las empresas de comunicación. Al conectar el wifi comenzaron a 'saltar' las publicaciones de "El País" de aquel día. Una se titulaba así: "La crisis migratoria estalla en el túnel de La Mancha". Un nuevo frente reclamaba protagonismo en el drama de la inmigración en Europa.

Acampados en Calais, miles de personas intentaban colarse en los camiones que transitaban el canal que conecta directamente Reino Unido con el resto de la Unión.

Un mes después, la estación de Keleti se convertía en un "campo de refugiados improvisado". Centenares de personas luchaban por conseguir un billete de tren que les catapultase directos a la seguridad que les podían propiciar los países de la Unión. Concretamente el 1 de septiembre, la estación húngara decide cerrar sus puertas ante la llegada masiva de refugiados. Más de 3.000 personas acampan a los alrededores del lugar y gritan en coro lemas como "Alemania, Alemania", "Dejadnos entrar", sin olvidar el nombre de la canciller, Angela Merkel.

Y bien, lejos de querer contaros mi fantástica experiencia por Europa, os recordaré uno de los más crueles episodios que no encuentran aún hoy solución, y que también tiene como protagonista suelo europeo.

El 2 de septiembre de 2015 supone un punto de inflexión en este drama humanitario. Una de tantas familias intentan alcanzar la isla griega de Kos desde la costa Turca, una de las rutas de huída más habituales. La embarcación queda destrozada, y los cuerpos sin vida de la familia llegan a la orilla de la costa griega. El nombre que estremecerá a todos los pueblos del mundo será el de "Aylan Kurdi", un menor kurdo de 3 años que yace muerto bocabajo en la arena de la playa.

Las imágenes del pequeño dan la vuelta al mundo. Las redes sociales y los medios de comunicación se hacen eco de la noticia. Algunos por rabia y dolor, otros por puro morbo. El caso es que esto consigue marcar un antes y un después en el tratamiento de la terrible crisis de refugiados. ¿Por qué así? La Comunidad Internacional queda puesta en jaque por los ciudadanos y ciudadanas que piden actuaciones firmes y eficaces.



Pocos días más tarde Europa se pronuncia. “Basta de poesía y de retórica, es el momento de la acción” decía el presidente de la Comisión Europea Jean Claude Junker. "Hablamos de seres humanos, no de cifras"- seguía insistiendo en el Pleno del Parlamento Europeo mientras recordaba otras crisis migratorias en las que estuvimos inmersos los europeos, instando a los miembros a poner encima de la mesa nuestra solidaridad.

Sin embargo sí que se hablaron de cifras. En concreto de 160.000 personas. Un número que casi un año después sigue siendo noticia. De hecho, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) denunció ante los medios esta misma semana que, al ritmo de reubicación que lleva la UE, se tardarán 43 años en cumplir con esa cifra. Un número que también ha sacado los colores a Europa, y es que, si nos ponemos a hacer cuentas, llegamos a conclusiones muy reprochables para los que nos gobiernan.

Para no culpabilizar a otros, fijémonos en las cifras de nuestro país. A España le correspondía la asistencia de 18.000 solicitantes de asilo. Sin embargo, tan solo han llegado 305.
La Unión Europea se glorifica con la ridícula cifra de 3.000 refugiados (legales, claro) reubicados en nuestro territorio. La misma cantidad han muerto en su viaje hacia la 'esperanzadora Europa'. Y lo más vergonzante de todo… ACNUR denuncia que 4.8 millones de refugiados se encuentran en países limítrofes a las zonas de mayor conflicto como Siria. "Con una renta per cápita que no llega a los 10.000 dólares en el caso de Líbano o los escasos 5.200 dólares de Jordania alojan en sus países a un millón setecientos mil refugiados sirios"- denuncia.

La Europa de la vergüenza

La actuación del club de los 28 ante esta crisis humanitaria ha ruborizado al mundo. Medidas escasas, deficientes y muy pero que muy cuestionables. Parece mentira que la mayoría de las mayores potencias económicas del mundo nos encontremos unidas por esta causa. A cualquiera que se lo cuentes le podría causar una pequeña 'carcajadita'... Algunas de las medidas llevadas a cabo por la UE o por sus ciudadanos y ciudadanas nos 'sacan los colores'...

En el mes de enero de este mismo año, Alemania se plantea establecer límites y comenzar a 'cobrar' a los solicitantes de asilo. "Los demandantes de asilo tendrán que entregar los objetos de valor y el dinero en metálico que supere una cifra que oscila entre los 350 y los 750 euros"-comentaban...

Pocos días más tarde, el Parlamento de Dinamarca aprueba una ley por la que la Policía debe requisar a los refugiados que crucen su frontera cantidades superiores a 1340 euros. La medida es calificada en otros países de 'indecente'.

"El Gobierno austríaco decide sellar su frontera y establecer controles en todo su perímetro. Las autoridades austríacas construyen una valla de alambre de espino de 4,5 kilómetros de largo en la frontera con Eslovenia. Este país, al igual que Hungría, también ha levantado vallas 'anti refugiados' en los meses de septiembre y octubre"-informaba un conocido medio francés.
Tras varios 'telediarios' fuera de nuestras vidas, el debate se abre de nuevo cuando las fuerzas del orden en Macedonia lanzan gases lacrimógenos contra 300 sirios e iraquíes que intentaban cruzar la frontera con Grecia. Por si fuera poco, Donald Tusk recomienda a los refugiados 'quedarse en sus casas' y el club acuerda con Ankara deportar a todos los 'ilegales', es decir, a todos, a territorio turco. A cambio, el país recibiría ayudas económicas y los 28 se comprometerían a 'traer' legalmente a la misma cantidad de expulsados.

El gobierno de Erdogan aceptó el trato, que además, traería consigo a la escena mediática el debate en torno a la adhesión de Turquía a la Unión Europea, y presionaría a la misma para que lo decidiera lo antes posible.

Tan solo 15 días más tarde, 'The Times' publicaba que el gobierno turco disparaba a refugiados sirios que "huían de la guerra civil". Cifraban los muertos en 16 personas, y contaban a cientos de heridos.

La gente volvió a echarse a la calle. Las redes explotaron para denunciar los errores garrafales de la comunidad internacional. Pero nuevamente la escena mediática fue ocupada por otros temas que no te hacen sentir tan culpable como ser humano. Dos de ellos tienen mucha relación con el problema de los refugiados. La política y el terrorismo. Que para el caso, lo mismo... Incapaces de llegar a acuerdos, ni en nuestro país ni en el resto, con un mundo que vuelve a posicionarse en polos totalmente opuestos y que fomenta la radicalización de las minorías a través del rechazo y la xenofobia...¿qué nos esperábamos? Sin hablar de Schengen, de lo que supone y significa como valor base europeo...en definitiva, un caos.

Hipocresía a la carta

Resulta que las actuaciones de la Unión Europea violan varios tratados internacionales, poniendo en jaque el derecho de asilo. Como bien explicaba Martín Benach en uno de sus artículos para "El Periódico", la Unión de los 28 estaría violando la Declaración Universal de Derechos Humanos, que dispone en su artículo 14 que “en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en otros países”.

Se pone en tela de juicio la validez por tanto de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, que dispone en su artículo 18 el respeto a la Convención de Ginebra, que establece los derechos y obligaciones de los solicitantes de asilo y los Estados que acogen. Y seguidamente en el 19 “se prohíben las expulsiones colectivas”. Y prosigue: “Nadie podrá ser devuelto, expulsado o extraditado a un Estado en el que corra un riesgo de ser sometido a la pena de muerte, a tortura o a otras penas o tratos inhumanos o degradantes”. Más claro...

Ojo, no es lo único. Lo establecido en la Convención sobre los Derechos del Niño; un tratado de carácter universal firmado en 1989, que hace especial hincapié en los niños refugiados, ha resultado otro acto de hipocresía cuando dice: “Se proporcionará protección especial (…) y es obligación del Estado cooperar con los organismos competentes para garantizar dicha protección y asistencia” (artículo 22).

Hemos salido a la calle, hemos pedido que dejen de bombardear a civiles inocentes. Hemos suplicado que los gobiernos actúen. También hemos reclamado una mejor educación de nuestros peques para que sean fieles en la lucha contra la xenofobia. Que los estados del mundo se solidaricen con una causa límite. También nos hemos olvidado de ellos...nos cuesta pensar sobre ello mucho tiempo, nos aburre o nos cansa. ¿A lo mejor nos da un poco igual? Por supuesto, hemos denunciado que las grandes potencias mundiales hayan abusado de países más débiles, y que esto haya contribuido a generar más y más odio. Y ahora, quizá se nos ha ido un poco de las manos.

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