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Ibarretxe, un “candidato a la fuerza” para el PNV

Ibarretxe, un “candidato a la fuerza” para el PNV

viernes 27 de febrero de 2009, 17:23h
El candidato a lehendakari del PNV,  Juan José Ibarretxe Markuartu, (Llodio, 1957) se enfrenta en estas elecciones a uno de los momentos cruciales de su dilatada carrera política. Lleva militando en el PNV desde 1.979, y cuatro años más tarde, en 1.983, ya ocupó la alcaldía de su pueblo natal, la localidad de Llodio, segundo municipio en población de Álava.
Momento crucial en su carrera política porque nunca hasta ahora ni él ni su partido han tenido más difícil revalidar resultados, ganar las elecciones y volver a ocupar el sillón de la Lehendakaritza, la Presidencia del Gobierno vasco. Ibarretxe lleva una década al frente del ejecutivo de Vitoria y su partido, el PNV, desde hace 28 años ininterrumpidamente.

    Y es que las encuestas han venido avalando machaconamente, desde las pasadas elecciones generales de marzo de 2.008, un cambio de tendencia en las expectativas electorales en el País Vasco en detrimento del pneuve y a favor del PSE-PSOE, el partido que lidera y del que es candidato a lehendakari, Patxi López.

Es posible que el PNV e Ibarretxe ganen las elecciones, con una horquilla de entre 26 y 28 escaños, pero la cuestión estriba en si serán capaces de articular una coalición que sume 38 votos en el Parlamento vasco, necesarios para lograr la mayoría absoluta que garantiza la elección del nuevo lehendakari. Por el contrario, todo apunta que el PSE y el PP vasco sí van a poder sumar esos 38 parlamentarios que podrían desalojar a Ibarretxe de Ajuria Enea. En cualquier caso, la respuesta a esta interrogante ya no se va a hacer esperar demasiado tiempo: la noche del domingo próximo tendremos un veredicto, el veredicto inapelable de las urnas.

    El desgaste de treinta años seguidos de gobierno en la Comunidad Autónoma Vasca y la figura de un Ibarretxe enfangado en batallas ajenas al sentir de la mayoría de los vascos: sus famosos planes y su,  finalmente, ilegalizada consulta, colocan a los peneuvistas en la peor posición de partida hasta ahora conocida  para volver a ganar las elecciones vascas. Además, buena parte de esta situación se conjuga también por las diferencias internas existentes entre las dos almas que conviven en el PNV- la pragmática y la soberanista-que no ayudan a crear el clima necesario para que la hasta ahora perfectamente engrasada maquinaria electoral de este partido, que en la Euskadi profunda se confunde muchas veces con la propia sociedad civil, funcione con la fuerza y el empuje necesarios para aupar de nuevo a Ibarretxe, sin problemas ni apuros, hasta el caserón de Ajuria Enea.

Es un secreto a voces que Ibarretxe y la actual ejecutiva del PNV, el Euskadi Buru Batzar, (EBB) que preside Iñigo Urkullu, vienen mantiendo un difícil equilibrio que viene de tiempo atrás, desde la anterior presidencia que ocupó Josu Jon Imaz. La salida de Imaz, de hecho, fue un pacto para evitar una ruptura fraticida en el seno del partido que fundara Sabino Arana hace más de 100 años.

    La cruenta y soterrada batalla interna disputada entre quienes defendían posiciones soberanistas y de creación de un frente de unidad nacionalista, forjadas a la luz de los pactos de Lizarra, y el sector mayoritario, básicamente asentado en la organización de Vizcaya y partidario de las vías más pragmáticas y moderadas para avanzar en el autogobierno, se cerró con un pacto de convivencia entre las dos familias y con una salida salomónica: El sector mayoritario se hizo con las riendas del PNV, y situó a Urkullu al frente de EBB, y los soberanistas encabezados por Ibarretxe y Joseba Egibar, presidente de la organización en Guipúzcoa, sacaron adelante un texto en el que se recogía la famosa consulta sobre el derecho a decidir de los vascos.

    No faltan quienes aseguran que Ibarretxe es el “candidato a la fuerza” de este PNV, de un peneuve que quiere pasar la página de estos últimos diez años, de abierta confrontación con el Estado, de planes y consultas que no llevan a ninguna parte, para retomar las posiciones y estrategias que históricamente ha mantenido esta formación en la política española y que tan buenos réditos le han dado, al PNV como partido y al conjunto del País Vasco. Los mismos que ven el lado bueno de una posible derrota electoral como la oportunidad para amortizar a Ibarretxe.
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