Vuelva usted este jueves
martes 31 de marzo de 2009, 19:16h
Actualizado: 07 de abril de 2009, 15:50h
Entre tanta 'Operación Campamento', Plan de Integración, listas de homicidios y juicios por espionaje quiero hablar un poquito de cultura esta semana. Y no es que estos temas que cito no sean importantes, sino porque a apenas unos días de Semana Santa uno está con la mente de vacaciones y prefiere no aplicarse en criticar a los látigos que nos gobiernan. Por una vez aplicaré la satírica máxima de Larra sobre que 'lo que no se puede decir, no se debe decir' y me centraré en algo más costumbrista.
De hecho, voy a hablar de este referente del periodismo español. En 2009 se cumplen 200 años de su nacimiento y se ha realizado un tibio programa de actos conmemorativos al respecto. No sé si esto responde a que la crisis económica ha devaluado la inversión en cultura de la buena, o que la otra crisis, la de valores, en las administraciones, los medios de comunicación, las empresas y las instituciones, se ha empezado a cobrar ya las primeras víctimas literarias.
Siempre que hay una onomástica de este tipo me gusta irme a la librería y estrenar o ampliar mi colección de obras de estos autores. Sin embargo, a veces me lo ponen difícil. El otro día me pasé por las dos grandes tiendas de libros de Madrid de la zona centro para buscar una buena recopilación de artículos del escritor madrileño. Tengo un ejemplar con los artículos típicos y quería uno un poco más amplio. Comencé mis pesquisas libreras en la sección de 'Autores en Castellano' de una de ellas. Nada de nada. Seguí por 'Literatura española', 'Periodismo' y hasta 'Literatura clásica'. Larra se había evaporado. Finalmente, pregunté a uno de los empleados. Me miró por encima del hombro clavándome su escepticismo ante la posibilidad de tragarme tal tostón que sólo sirve para calzar una mesa coja. "Literatura infantil", señaló. Resignado, acudí al lugar con la sensación de que estaba comprándole un regalo a mi sobrino pequeño y disimulando absurdamente que, en realidad, eso era lo que hacía. Entre magos adolescentes adictos a las escobas, piratas del Caribe y vampiros almibarados, encontré una versión escolar que más que masticada estaba ya digerida.
Me dije: "No importa, me voy aquí al lado y compro la buena". Así que me desplacé a la siguiente megalibrería. Había tanta gente que parecía un centro comercial. Los clientes compraban a granel. "Es que es entrar aquí y la tarjeta grita de dolor", comentaba una chavala que esgrimía la Visa con diez libros por banda, viento en popa y a toda vela hacia la sección de 'Ciencia Ficción'. En este caso llegué a 'Literatura Castellana' y sí estaba Larra en su sitio, pero había un ejemplar de una recopilación con menos artículos que la mía y muy mal cuidada. Parece ser que en esa zona de la tienda el polvo había proclamado una república independiente y sus súbditos éramos los ratones de biblioteca. A su lado, un autor mucho menos importante gozaba de casi todo el estante, copándolo con obras en varias ediciones. Pregunté a la encargada por otras versiones y juro que me dijo: "No tenemos, pero podemos encargársela. Si quiere, vuelva usted el jueves". Qué ironía literaria.
Como digo, no es la primera vez que me ocurre. Ya me pasó algo similar con Julio Verne, Mark Twain y Jack London. No soy de los que se la coge con papel de fumar con los libros y compro, como mucha gente, 'best seller' de ahora, a pesar de que algunos son de calidad dudosa. Tampoco de los que piensan que lo único bueno fue lo antiguo. Pero me da pena pensar que editoriales y vendedores condenen a ese ostracismo a figuras de primer nivel mientras ponen un trono en la librería a autores perfectamente olvidables que gozan de sus 15 minutos de fama y venden sus libros como si fuesen hamburguesas.
Por desgracia, hablamos de empresas. Y cuesta quitarse de encima el yugo del dinero para proclamar el amor a cosas tan románticas como la literatura. Por eso, creo que más que subirse al carro de 'acojoiniciativas' públicas culturales de la importancia de 'La Noche de los Teatros', 'La Noche de los Libros' o 'La Noche en Blanco', sería de agradecer que reservasen un espacio fijo, ni siquiera privilegiado pero sí destacable, para estos autores en sus comercios. Si no es por vocación, al menos por guardar las apariencias. Así se vería que venden libros con el afán de que nos formemos y disfrutemos, no sólo por el dinero. Seré optimista y pensaré que caerá esa breva.