Si no fuese porque sucede en el Ecuador, el hecho sería digno de Ripley y estaríamos comentando con sonrisas y hasta con sorna: Los maestros se niegan a someterse a una prueba, en la cual las autoridades educativas medirán los conocimientos y aptitudes de los docentes.
La historia viene de meses atrás, pero pocas veces, como en los últimos días, se había notado un ánimo tan caldeado para rechazar una medida que debería ser concertada, a fin de que se transparente un hecho esencial en la vida de la nación: que los maestros están capacitados para la tarea de formar a los estudiantes.
La verdad es que la Unión Nacional de Educadores (UNE), con su negativa, ha quedado expuesta ante la comunidad entera, ya que no pocos ciudadanos se preguntan si el no acatar la decisión del Ministerio tiene más que ver con el temor a ser reprobados en la prueba, antes que con el temor a perder el puesto como estarían aduciendo los educadores.
Lo que está sucediendo en el país con los profesores también tiene que ver con una actitud colectiva de rechazo a todo, de irrespeto a la institucionalidad y el desprecio por las normas y las leyes, que cada vez se extiende más. Solo que al tratarse de los maestros que tienen a su cargo la educación de los niños y los jóvenes del país el hecho es terrible y hasta angustiante. ¿Se imaginan si un estudiante se niega a rendir un examen arguyendo lo que los profesores le dicen al Ministerio; esto es, que tienen temor de perder el puesto, o sea, a que les reprueben el año?
Ojalá el daño que se está irrogando a los estudiantes ecuatorianos con semejante actitud no sea demasiado grave, como grave es el hecho de que, en todos los pueblos del mundo y en la propia tradición humana, la mejor y más valiosa enseñanza es la que se da con el ejemplo, en cuyo caso, habría que lamentar lo que está sucediendo en nuestro país con la actitud de los maestros de la UNE.