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Había asumido al frente del organismo regional hace seis meses. Se empeñó en reconciliar a Venezuela y Colombia, y en la reacción frente al alzamiento policial en Ecuador
Néstor Kirchner fue el hombre fuerte de la política argentina incluso luego de terminar su mandato en la Casa Rosada. Formó un matrimonio político con su esposa y actual presidente, Cristina Fernández. Ella gobernaba, él se dedicaba al armado partidario y a la acumulación de fuerzas. Su obsesión era lograr la reelección de su sector del peronismo en las elecciones de 2011.
Él mismo sería el candidato. Por esa razón, sus adversarios lo acusaron de asumir en la Unasur con el único objetivo de capitalizar la visibilidad del cargo. No fue un devoto de los organismos multilaterales, pero su liderazgo lo ubicó al frente del bloque regional. En efecto, Kirchner desconfiaba en la intimidad de la utilidad de las reuniones multilaterales y admitía que lo aburrían.
La oposición en Argentina se quejó de su designación, bajo el argumento de que no era un hombre acostumbrado a la construcción política sobre la base del consenso. En cualquier caso, su liderazgo a nivel local -fue la principal figura política argentina de la última década- se extendió a la región. Su relación aceitada con Hugo Chávez y su vínculo medido y respetuoso con Lula da Silva apuntalaron su nombre.
El ecuatoriano Rafael Correa fue quien sugirió e impulsó su candidatura como secretario general de la Unasur. Convenció al resto de los presidentes de Sudamérica, menos a Tabaré Vázquez. El ex mandatario uruguayo mantuvo el veto a Kirchner durante todo su mandato, en devolución de gentilezas por la inacción de Buenos Aires frente al corte de puentes internacionales en la frontera. Hubo que esperar a la asunción de José Mujica para que Uruguay cambiara de postura.
Al frente del organismo, Kirchner se enfrentó a desafíos no menores. El gobierno venezolano rompió relaciones con Colombia cuando el ex presidente Álvaro Uribe lo acusó de amparar a las FARC. Hugo Chávez movilizó tropas a la frontera y aires de guerra se respiraron en el continente.
El argentino se esforzó porque el conflicto se resolviera en el seno de la Unasur. Cumplió a medias con el objetivo: las relaciones se reanudaron sólo cuando Juan Manuel Santos asumió en Colombia, pero la Unasur mostró capacidad de reacción inmediata y autónoma.
Meses más tarde, un alzamiento policial hizo tambalear al gobierno de Correa en Ecuador. Una vez más, el bloque regional actuó de forma instantánea. Kirchner convocó a una reunión de emergencia en la capital argentina y los presidentes lograron acordar una posición común: condena al "intento de golpe de Estado".
Se espera la presencia de los mandatarios sudamericanos en el entierro de Kirchner. La Unasur emitirá un comunicado conjunto. Su muerte cambiará por completo el panorama político en la Argentina, pero la desaparición de una figura de su peso también trastocará de algún modo el escenario en el continente. El luto será largo, nadie piensa aún en quién lo reemplazará.