lunes 05 de noviembre de 2007, 19:50h
Actualizado: 08 de noviembre de 2007, 07:17h
Que al presidente francés le gusta la fama y el montar el numerito mediático no es ningún secreto. Forma parte de su carácter, el que le llevó al Eliseo en las últimas elecciones. Es una virtud que gran parte de sus votantes supieron apreciar. Y que este afán de notoriedad de Nicolas Sarkozy sus adversarios lo consideren un defecto es del todo normal. Así es la política allende y aquende los Pirineos. Porque no hay político que se precie que le haga ascos a los momentos de gloria mediática.
Dicho esto, habrá que agradecerle a Sarkozy superstar sus reflejos para ayudar a resolver el embolado en el que se han visto metidos dos pilotos y cinco auxiliares de vuelo del avión español retenido en el Chad. El presidente francés, actuando en beneficio suyo –cosa que, por otra parte, no suele ocultar—supo comportarse en la tan olvidada clave europea. Francia mantiene con su antigua colonia del sur del Sahel unas relaciones que ningún otro estado miembro de la Unión Europea, incluyendo España, está en condiciones de mantener. Por si fuera poco, la atrabiliaria y más que sospechosa oenegé “El arca de Zoé” es francesa. Razón de más para intervenir en el gravísimo asunto del secuestro de 105 niños. Y eso es lo que hizo Sarkozy a instancias del Gobierno español.
Ayer domingo, haciendo escala en Torrejón, el presidente francés, que se traía a los tres periodistas franceses retenidos por las autoridades chadianas, devolvió a España cuatro azafatas del avión retenido. Un detalle. Y una lección que trasciende más allá del numerito mediático que tan de los nervios a puesto a muchos tertulianos españoles. Sarkozy, sin dejar de ser el presidente de la República Francesa, ha actuado como mandatario de la Unión Europea. ¿Qué le reprochan entonces el PP y sus Coros y Danzas Mediáticos? ¿El que haya ayudado al presidente socialista del Gobierno español? ¿El haber demostrado a su modo estelar de que, pese a todo, es posible una mínima coordinación de la política exterior europea?
En la madrileña calle de Génova harían bien en olvidarse del ataque de cuernos y en tomar buena nota de lo que es hacer política de Estado. La que ayer, a bombo y platillo mediático, hizo Nicolas Sarkozy.