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Pedro Sánchez saluda al público a su llegada al acto de entrega del Premio Cervantes, este sábado, en Alcalá.
Pedro Sánchez saluda al público a su llegada al acto de entrega del Premio Cervantes, este sábado, en Alcalá. (Foto: @sanchezcastejon)

Lo que nos espera: la semana de locura hacia las urnas que no termina en las consultas del Rey

> Aunque Felipe VI no designe candidato el martes, aún quedará tiempo para un acuerdo y celebrar la primera votación el sábado

sábado 23 de abril de 2016, 22:01h

Martes, 16.30 horas. Esa es la cita de Pedro Sánchez en el Palacio Real y, quizá, su última oportunidad para ocupar el de La Moncloa. Apenas quedan 48 horas para conseguir un acuerdo ya casi imposible que le permita salir del despacho de Felipe VI de nuevo como candidato a presidente del Gobierno. Tras él entrará Mariano Rajoy, pero lo suyo entra ya en la política ficción. Nos espera una semana de auténtica locura. No se descarta incluso que el Rey cambiase su agenda del martes.

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La realidad es que aún quedarán prácticamente otros tres días para perder de verdad cualquier esperanza. Si se produjera el milagro, habría una vez más que improvisar para convocar de urgencia al Congreso a un pleno que, como muy tarde, debería celebrarse el sábado. De esta forma se podría cumplir el plazo legal de 48 horas para repetir la votación el lunes, sin el corsé de la mayoría absoluta del primer intento de investidura. De lo contrario, el martes 3 de mayo se disolverán las Cortes y se convocarán elecciones para el 26 de junio.

La decisión del Rey al fijar su nuevo calendario de consultas ha dejado en el limbo días suficientes para llegar a un acuerdo de última hora. Se supone que los cuatro principales líderes políticos aprovecharán el sprint final para echar el resto, a ninguno le conviene dar la imagen de haber tirado la toalla con la que, a continuación, van a atizarse entre ellos durante la campaña electoral.

Es el milagro político en el que ya prácticamente nadie cree, en medio de la resignación general de tener que repetir todo de nuevo desde el principio, es decir, las urnas de junio. Además, de producirse, el presidente del Congreso, Patxi López, deberá demostrar más que agilidad parlamentaria para cumplir los plazos y los trámites. Entre ellos, al menos en teoría, el del Rey. Como en casi todo lo que viene ocurriendo desde el 20D, habrá que volver a improvisar. Y rezar para que nadie ejerza el llamado filibusterismo parlamentario poniendo obstáculos.

La prueba viviente de que todo es posible es Carles Puigdemont, president de la Generalitat en el último minuto. En el caso del Gobierno de la Nación, la cosa no es tan fácil y necesita más tiempo, para empezar, las 48 horas mínimas que deben transcurrir para la segunda y decisiva votación. Pero se puede.

Otro escenario -más remoto aún- es que este mismo lunes se empezara a gestar el milagro de los pactos. Tanto en un caso como en otro, Felipe VI, según advierten algunos conocedores del entorno de Zarzuela, podría plantearse trasladar al miércoles o incluso al jueves, su agenda del martes con Rivera, Iglesias, Sánchez y Rajoy.

Es una mera hipótesis de trabajo para evitar a toda costa la imagen de que el Rey no ha dado facilidades a los ‘aspirantes’. Hasta ahora, su papel se ha valorado con una nota muy alta; no es cuestión de fastidiarla en el último minuto por un exceso de confianza.


Podemos ya hace campaña


Pablo Iglesias hablará de nuevo este domingo en un acto multitudinario que huele a campaña electoral por todos lados. Nadie espera sorpresas sino leña al mono, es decir, el PSOE, aunque en un estratega político tan imprevisible como brillante lo prudente es esperar a que Patxi López pronuncie las palabras mágicas el próximo 3 de mayo.

Lo mismo se puede decir de Mariano Rajoy. Las elecciones van a ser una tómbola y un despilfarro y la tentación de dejar gobernar a PSOE y Ciudadanos con el PP sujetando el mango de la mayoría está ahí. Con la otra mano controla el Senado para condicionar aún más a un nuevo Gobierno. Basta con su abstención. Ni siquiera hay que votar ‘si’ y dentro de año y medio ya veremos.


Un problema llamado Sánchez


El problema se llama Pedro Sánchez. Su enemistad personal ya no tiene remedio, tampoco que el líder socialista está obligado a luchar hasta el final. Él sí que no puede dar un paso al lado, Rajoy en cambio sí, como demuestra la delegación casi total de funciones en Soraya Sáenz de Santamaría. La vicepresidenta sí encajaría en el Gobierno ideal e irreal con que algunos quieren escribir un final feliz: ella y Rivera, vicepresidentes, a las órdenes de Sánchez.

En definitiva, otro escenario de política ficción con un grave inconveniente: Pedro Sánchez tendría que pedir permiso al Comité Federal del PSOE -o sea, a los barones- para poder pactar con el PP. Y en este partido sin duda también habría muchas resistencias, aunque menos de las que muchos esperan. Pero tiempo para hacerlo realidad, lo cierto es que lo hay.

Menos quimérico es que el PP deje el camino libre a Sánchez y Rivera y se quite de en medio. No merece la pena arriesgarse a compartir ‘culpas’ con sus principales adversarios políticos y, sobre todo, es más fácil de explicar a los suyos una abstención que dar un triple salto mortal.


Los escenarios


Como en las series que tanto gustan a Pablo Iglesias, por su lado también hay más finales disponibles. A saber:

Pedro Sánchez rompe por las bravas con Albert Rivera y se sienta con Podemos y sus confluencias para formar un ‘Gobierno a la valenciana’. Se da por hecho que los nacionalistas darán su visto bueno. Y Susana Díaz, también, claro. Ciudadanos, obviamente, vota no.

Sánchez y Rivera se divorcian, pero quedan como buenos amigos, para que el PSOE pueda pactar con Podemos y, con su abstención más algún ‘voluntario’, no dependa de los votos de los independentistas. Matemáticamente factible, podría ser una salida para el líder de Ciudadanos, que tampoco tiene claro aún si le beneficia repetir las elecciones. Por otro lado, estaría por ver si Pablo Iglesias lo aceptaría.

Descartada ya, la cuadratura del círculo de Pedro Sánchez para sumar a Podemos al pacto con Ciudadanos. En teoría, ni por la vía de la abstención, el único resquicio posible que queda tras el contundente referéndum entre las bases de Pablo Iglesias, espoleado por las encuestas que le dicen que con IU podría convertirse, por fin, en el líder de la izquierda el próximo 26 de junio.

La alianza con IU es aún un proyecto con muchos protagonistas además de Iglesias y Alberto Garzón. Aquí también apremian los plazos, con el 13 de mayo como fecha límite para decidir bajo que fórmula jurídica concurrirán a las elecciones. Es el principal escollo de las negociaciones con otro ejemplo ‘vivo’ en Cataluña de que puede funcionar. No hay que olvidar que En Comú Podem es, hoy por hoy, la primera fuerza política catalana en intención de voto, referéndum incluido como cuenta Josep Vendrell en una entrevista para Diariocrítico.

Luego está lo del “independiente” al frente de un gobierno de consenso, la apuesta desesperada de los defensores de la ‘gran coalición’ y, no lo olvidemos, también de Pablo Iglesias en los primeros lances del partido. No se trata de la contraoferta de Pedro Sánchez de nombrar ministros fuera de los partidos, sino de sustituirle a él, una ‘línea roja’ que no puede traspasar.

Una operación de este calibre necesita, además, mucho más que una semana. Italia lo hizo, pero en España sería muy difícil de entender por una ciudadanía que acudió a votar el 20D ilusionada por un puñado de nuevos y jóvenes líderes políticos. Sería como reconocer que no sirven para hacer su trabajo.

La ausencia de nombres en la lista de presuntos presidentes ‘independientes’ revela que no era sino una maniobra más de las que han tenido lugar durante los últimos tres meses. Unas para desestabilizar a Rajoy y forzarle a irse; otras para amenazar a Sánchez con el ‘lobo’ de Susana Díaz; otras para dañar la imagen de Rivera; otras para enfrentar a Íñigo Errejón con su amigo de la infancia y hoy jefe…

La lista es innumerable y como se ha ido revelando últimamente, los contactos ‘discretos’, es decir, secretos, también han tenido lugar sin perjuicio al parecer de las promesas de luz y taquígrafos. Junqueras y Sánchez; Iglesias y Garzón…

La Teoría de Juegos que recomienda Varufakis para negociar se queda pequeña para manejar un problema con demasiadas variables. En esta última semana de locura, sin embargo, los jugadores parecen haber renunciado a encajar las piezas y lo único que han pactado es dejar la partida en tablas, volver a la casilla de salida… y que sea lo que la Democracia quiera.

Tic-tac, tic-tac, tic…

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