Los Estados Unidos y Europa convocan a una cumbre con la participación del G8, de China, la India y otras economías emergentes para promover una respuesta global concertada a la recesión internacional y adoptar medidas para que no se repita una situación análoga en el futuro.
El anuncio se hizo en la reunión, en Camp David, del presidente Bush, con el mandatario de Francia y, el presidente de la Comisión Europea (CE). No son suficientes las inyecciones al sistema financiero decididas por los Estadios Unidos y Europa. La crisis parece más honda.
Los representantes europeos han señalado que el momento actual ofrece la oportunidad para reformar las reglas del sistema de regulación financiera: con la economía estadounidense golpeada por la crisis, intentan conseguir que los Estados Unidos acepten una nueva regulación internacional; pero una decisión de esa índole es improbable que prospere porque difícilmente la primera potencia aceptará la injerencia de otras naciones en el control de su sistema bancario.
Sin embargo, es necesario un nuevo orden financiero global, como proponen los europeos.
El secretario general de las Naciones Unidas ofreció la sede de la organización para la reunión, aunque la administración estadounidense insiste en ser el anfitrión de esta. No participarán en esa cumbre los países pobres que, sin embargo, sufren los embates de una crisis que se originó en los abusos del capital financiero en los Estados Unidos y los países ricos.