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Txeroki: tras el gran logro... ¿qué toca hacer?

No debería haber muchos debates tras esta gran noticia que es la detención del etarra más sanguinario de todos: el responsable y jefe de los pistoleros de la banda del horror, Txeroki. No debería haberlos porque ya no se trata de discutir sobre si el Gobierno hizo cesiones a ETA en la pasada legislatura, sino de acordar en qué términos se conseguirá el final de la lucha contra el terrorismo tras más de 40 años.

ETA está más debilitada que nunca y, ahora, ha podido perder a su cabeza militar. Ha perdido al 'comando Nafarroa' de golpe, y otro comando que, entre mofas de algunos sectores, tenían que usar bicicletas y andaban escondidos en el monte para seguir 'trabajando' en sus horrores. Por eso pensamos que, ahora sí, es el momento de negociar. Pero negociar sin cesiones -para no dejar dudas a los que gustan de ellas-, sin concesiones o gestos excesivamente humanitarios hacia presos sanguinarios como De Juana, sin tener que oír de un gobierno que no se puede ilegalizar a partidos que, luego,  meses después, sí se pueden ilegalizar -los casos de PCTV y ANV-. Y también, negociar sin decir que algunos radicales abertzales son hombres de paz, como pasó con Otegi.

Es la hora de terminar con la banda, sin más. No es una negociación entre dos partes igualadas en fuerzas para decidir cómo acabar con la violencia. No. Estamos a favor de una negociación para acordar en qué términos llega la rendición definitiva, incondicional, con entrega de armas y de todos sus integrantes. Más adelante, en todo caso, llegarían acuerdos para reintegrar en la sociedad a aquellos que no tengan delitos de sangre.

Porque el mensaje que se debe dar a la banda desde la sociedad es que se la ha vencido por la vía policial y judicial. Que la mayoría de ellos son jóvenes, carne de cañón, que pasarán los mejores años de sus vidas entre rejas. Que los presos más veteranos de la banda están pidiendo, precisamente, el fin de la vía militar para lograr un fin político. Que es el momento de defender sus fines desde las urnas y la legalidad y no desde las trincheras, con armas y asesinatos.

Tampoco sabemos lo que se cuece detrás de todo esto. Se sabe que ETA lleva años dividida en dos sectores: los corderos de Josu Ternera y los indios del pistolero Txeroki. Los que están a favor de negociar los términos de un final de la vía armada y los que rompieron la última tregua para seguir asesinando. Ambos líderes de ETA se desafiaron a muerte y puede ser, por qué no, que en la localización de Txeroki esté una posible intervención de alguno de los sectores de la banda. Por qué no. Y que, ante esta expectativa, el Gobierno lleva unos meses con la actitud en guardia ante lo que podría llegar de nuevo: otra impopular etapa de negociación y proceso de paz con ETA.

Sí. Es algo impopular. Y somos conscientes de ello. Pero estamos tan interesados como el que más en que todo salga bien. Todos deberíamos ser conscientes de que sólo con medidas policiales, políticas y judiciales, llevamos casi 50 años de pesadilla. Y eso, con un cambio de régimen más que significativo en el 78. Es la hora: pero de negociar la rendición definitiva. El arresto de Txeroki marca, como decíamos, una antes y un después.
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