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Los responsables de la muerte de Álvaro

Lamentablemente no resulta sorprendente que haya locales, como la discoteca El Balcón de Rosales, que funcionen sin los permisos necesarios. Lamentablemente es frecuente que haya locales, como la discoteca El Balcón de Rosales, que acumulan denuncias por consumo de drogas y venta de alcohol a menores. En ningún caso se justifica que locales públicos en esta situación continúen funcionando; como injustificable resulta que el periodo que transcurre entre la inspección realizada a un local y la tramitación de la denuncia, sea demasiado largo y complicado, a veces por la pesada y perezosa burocracia, y otras por cierta desidia.

Siendo todo esto criticable y denunciable, no puede alejarnos o distraernos del tema principal que ha llevado al cierre fulminante de El Balcón de Rosales: la muerte del joven Alvaro Ussía a manos de los porteros del local, de los matones de turno. A Alvaro no le mató la burocracia administrativa ni la ilegalidad de los papeles, a Alvaro le mataron los golpes salvajes de unos animales con antecedentes, y ahí es donde hay que poner toda la atención y no desviarla hacia otros factores, también reprochables, pero no determinantes en este homicidio.

No es la primera vez que los llamados porteros, personal de seguridad, guardaespaldas o gorilas de discoteca protagonizan episodios como los del pasado sábado en El Balcón de Rosales. El uso de la fuerza desmedida, el hecho de tomarse la justicia por su mano y convertirse en agresivos justicieros, a veces con resultado de muerte, es demasiado frecuente como para que no se haya atajado la situación, para que no se haya legislado en este sentido, para que no se haya regulado esta actividad, de tal manera que cualquier individuo, por el hecho de medir dos metros de alto y uno y medio de espalda, puede asumir competencias de orden público y paliza por su cuenta. Ahora la Comunidad reacciona y anuncia un proyecto de ley donde se contemplen las exigencias imprescindibles para ejercer esta función, para marcar las directrices que han de regular dicho oficio.

Ahí está el quid de la cuestión, el asunto más grave de este suceso que nos ha conmovido a todos. Legalización administrativa de los locales de ocio, SI; denuncias y sanciones si hubiere lugar por irregularidades o actos delictivos cometidos en estos locales, TAMBIEN, pero sobre todo, control sobre los personajes encargados de la seguridad y que son quienes protagonizan palizas, a veces, con resultado de muerte, porque, por mucha demagogia que se quiera destilar en momentos como estos, aunque El Balcón de Rosales hubiera cumplido todos los requisitos administrativos exigidos y sobre él no pesaran denuncias de consumo de drogas y venta de alcohol a menores, probablemente los porteros habrían sido los mismos y habrían actuado de la misma manera salvaje.
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