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Rusia y AL: Los viejos recelos

Rusia y AL: Los viejos recelos

La reciente gira del presidente de Rusia, Dmitri Medvedev por Perú, Brasil,
Venezuela y Cuba, tras participar en Lima en la Cumbre Apec, y la visita de
una flotilla naval rusa en el Caribe, parecieran haber revivido, en algunos,
viejos recelos y prejuicios propios de la Guerra Fría.

Lo que es una natural acción de política exterior de un país que algo tiene
que decir en el mundo de hoy, que tiene una presencia internacional
destacada y un poderío económico, científico, cultural y militar  como para
ser considerado una gran potencia, ha querido ser presentado por algunos
comentaristas como una especie de “amenaza”.

De una manera  singularmente coordinada, en varios países de la región se
habló de “ofensiva rusa”, “incursión rusa”, “pisarle los terrenos al Tío
Sam”, del “equilibrio de poderes”, como si una visita presidencial, la
iniciativa diplomática del Kremlin, tuviera la intención de venir a disputar
influencia en lo que algunos siguen creyendo es “el patio trasero” de
Estados Unidos, o su campo de influencia, o peor aún, su “Teatro de
Operaciones”.

Lo cierto es que el propio Medvedev dejó las cosas en claro, al señalar que
“se trata de una decisión geopolítica seria” y que “vamos a ampliar las
relaciones con los países de América Latina y del Caribe."

En Cuba, el mandatario ruso subrayó: “América Latina es grande y estamos
aquí. Hay que admitir esa realidad".

Dicho sea de paso, en el marco de la cumbre del Foro de Cooperación
Económica Asia-Pacífico en Lima, el líder ruso sostuvo encuentros con los
presidentes de EEUU, Chile, Indonesia y China; con sultán de Brunei y con
los presidentes de Gobierno de Japón, Australia y Tailandia.

Y las visitas de Estado a Perú y Venezuela, fueron las primeras en la
historia de las relaciones del Kremlin con estos países.

Un examen objetivo del contenido que Rusia quiere darle a sus relaciones con la región está en la agenda tratada durante el viaje del presidente ruso por la región, y las perspectivas abiertas con la visita posterior a Moscú de la presidenta Cristina Fernández, de Argentina.

En Brasil se trató la perspectiva de una alianza tecnológica de alto nivel
y en plazo relativamente breve en áreas como la energía, el estudio del
espacio, el desarrollo de telecomunicaciones y la cooperación técnico
militar, además de la esfera de intercambio en materias primas.

Según dijo Medvedev en  Río de Jsneiro el 26 de noviembre, el comercio entre Rusia y Brasil alcanzará 10.000 millones de dólares anuales en los próximos tiempos, siendo ya en la actualidad de 6.000 millones de dólares (anuales).

Al referirse a su estancia en Perú, Brasil y Venezuela, advirtió que se
trata de estados nunca antes recorridos por dirigentes soviéticos o rusos,
con los que se inicia ahora una comunicación en formato pleno con el
objetivo de obtener beneficios mutuos.

Las conversaciones y protocolos rubricados en Perú, Brasil y Venezuela,
abarcan la esfera humanitaria, económica, energética y técnico-militar, sin
que afecten a terceros países, dañen la seguridad regional o violen tratados
internacionales, según se informó desde las fuentes cercanas a Medvedev.

El Presidente ruso subrayó su satisfacción por los avances en las
conversaciones sobre lo que denominó componente energético en todas las
naciones visitadas, en particular en Brasil y Venezuela.

Los consorcios Gazprom y Petrobras evalúan proyectos conjuntos de
prospección en zonas cercanas a las costas de Brasil, y en otros países de
la región.

En Caracas, se firmaron siete acuerdos, que abarcan una alianza entre los
gigantes energéticos Gazprom y Petróleos de Venezuela, transferencia de
tecnologías rusas a Caracas de construcción naval, aporte de eficiencia en
el consumo de energía, desarrollo del uso pacífico del átomo e interconexión aérea.

Entre los últimos logros de esa cooperación sobresale el acuerdo de creación de un banco bilateral con un capital inicial de 4.000 millones de dólares para financiar proyectos conjuntos como la construcción en territorio venezolano de una central nuclear y refinerías de petróleo.

Entre otros proyectos de perspectiva cabe incluir la construcción de una
planta de aluminio por parte de la rusa RusAl y una fábrica ensambladora de automóviles de la empresa rusa VAZ.

Desde 2005 empresa rusas desarrollan doce contratos suscritos con Venezuela para el suministro de armamento, desde fusiles automáticos Kalashnikov, tanques T-90, cazas Su y helicópteros por un monto de 4.000 millones de dólares. Y se habla además de la venta de submarinos.

Medvedev además se entrevistó en Caracas, con dirigentes de los países de
la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), de la que forman parte Bolivia, Cuba, Dominica, Honduras, Nicaragua y Venezuela. expresando el interés de Rusia de integrar la iniciativa como país asociado.

Entre las naciones asociadas figuran Ecuador, Haití, Irán y Uruguay. y el
Jefe de estado ruso, expresó la disposición de incorporar a su país en esa
categoría si el ALBA se desarrolla con la idea de consolidar un mundo
multipolar.

Con Cuba, la Rusia post soviética, además de los vínculos tradicionales,
ha firmado en los últimos cuatro meses se firmaron muchos acuerdos en
materia de promoción de contactos económicos, memorandos de entendimiento y convenios conclusivos de proyectos.

El presidente ruso menciono durante su estancia en Cuba, donde presentó sus respetos y departió con Fidel Castro, como los sectores más promisorios de la relación mutua, la energética, transporte, comunicaciones, educación, industria médico-farmacéutica, biotecnología y turismo.

Obviamente se conversó, en todos los países visitados, de la política
internacional rusa: de su apego al Derecho Internacional, de su deseo de
seguridad y paz internacional, de su posición en relación a la crisis
económica y financiera internacional, a la situación en Oriente Medio, en
Africa, de la amenaza terrorista y de la amenaza del hambre y las pandemias.

De manera que, según parece, América Latina deberá  acostumbrarse a ver la presencia rusa en sus economía, además de en su vida cultural, política
internacional, en el mundo científico, educacional, tecnológico, etc.

Se trata, además, de una consecuencia inevitable de la globalización, de la
ruptura de las fronteras ideológicas, y de la búsqueda de los mejores
intereses de la humanidad y de los pueblos.

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Marcel Garcés
Periodista
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