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La foto de Neira, hecha por Blasco

Tengo que felicitar a mi compañero de fatigas informativas y amigo en lo personal, Pedro Blasco, porque ha sido el primero en conseguir unas palabras del profesor Neira, y sobre todo, las primeras fotos del enfermo, tras volver de la UVI a la vida. Pedro, persona inasequible al desaliento, gran profesional, con muchas horas de vuelo sobre el firmamento de la noticia, ha hecho de entrevistador y de fotógrafo; ha tenido acceso a la habitación donde Neira se recupera, lenta, pero satisfactoriamente, de esa brutal paliza que le tuvo al borde de la muerte, con su cerebro en estado de vegetación durante tres meses; después despertó casi de forma milagrosa a la vida; más tarde, momentos de esperanza y también de inquietud, de alivio y preocupación, de ir de su habitación en planta a la UVI, y desde la UVI otra vez a la cama, desde donde se divisa mejor y más nítido el horizonte de la vida.

Pedro Blanco estuvo con Jesús Neira el día de Nochevieja. Cuando todos estábamos preocupados de las uvas, su comercialización y su precio; cuando todos los medios asistían a la última prueba del reloj de la Puerta del Sol, Pedro Blasco estaba en una habitación del nuevo hospital Puerta de Hierro, en Majadahonda, con el profesor Neira y su esposa. De la lectura de la información se deduce que el enfermo no está todavía en condiciones de mantener una conversación; le cuesta hablar y su mujer, Isabel, es la que hace de traductora, la que cuenta sus impresiones. Las fotografías realizadas por Pedro Blasco son un testimonio gráfico impactante, sobre todo cuando las comparamos con las que permanecen en nuestras retinas, que eran hasta ahora las únicas, de archivo, del profesor antes de esta brutal experiencia.

Pedro nos ha traído desde la clínica y hasta la ventana de papel de El Mundo, la imagen de un enfermo en pijama, conectado al oxígeno y al suero, delgado, tremendamente delgado, con el calvario por el que ha pasado pintado en su faz, en sus enflaquecidas piernas. Mantiene, eso sí, la mirada penetrante, los ojos que delatan sus ganas de vivir, como si de un momento a otro fuera a incorporarse a la normalidad y a sus clases universitarias. Esta vez sí que las imágenes valen más que mil palabras, porque palabras, por el momento, las justas y con mucho esfuerzo; las suficientes para expresar con fatiga (según cuenta Pedro Blasco), que volvería a hacerlo, que volvería a defender a una mujer que está siendo agredida, que hay que quitarle la máscara al agresor, que el silencio, ver, oír y callar, es un enemigo de todos, que no se considera un héroe, que tiene ganas de volver a la Universidad, que nadie le va a cambiar por un atropello.

Pocas palabras, pero suficientes para el estado en que se encuentra, y sobre todo para el dramático estado por el que pasó; pocas, pero elocuentes y valiosas palabras que Pedro Blasco, compañero y amigo, nos ha traído desde la habitación de la esperanza, pero sobre todo, las imágenes que ha plasmado del profesor Neira, que está en la vida para volver a caminar por ella, aunque tuvo que sufrir el día de la bestia, el día en que un salvaje casi acaba con su existencia, que dice que volvería a hacerlo, a defender a una mujer indefensa y después, cobarde. Gracias profesor por esa lección de civismo y entrega que ha impartido a esta sociedad a veces tan insolidaria, y gracias a ti, querido amigo Pedro, por habernos traído en el año nuevo, el último gran testimonio gráfico del año viejo.
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