"Catástrofe" en Catalunya
domingo 14 de marzo de 2010, 22:53h
Actualizado: 16 de septiembre de 2010, 17:35h
Parece como si las fuerzas de la naturaleza se hubieran desatado con furia sobre este territorio de 32.000 km2, con una población que ya se acerca a los 8 millones de habitantes. Primero, hace pocos meses, el fuego calcinó enormes zonas boscosas de la Catalunya occidental, con víctimas mortales incluidas. Y desde hace una semana (desde el 8 de marzo) la tempestad de nieve y el frío intenso en la Catalunya oriental han paralizado y castigado a centenares de millares de ciudadanos, a centenares de ciudades y pueblos y han afectado a centenares de kilómetros de comunicaciones terrestres: unos 10.000 camiones y millares de coches quedaron inmovilizados en las autopistas y carreteras con sus usuarios encerrados horas diurnas y nocturnas en su interior, soportando el hielo y el frío. La caída de más de un treintena de torres conductoras de líneas de alta y baja tensión y unos 2.000 kilómetros de cables afectados han dejado sin electricidad, calefacción o teléfono a centenares de poblaciones, a millares de personas, incluidas residencias de la tercera edad, escuelas, jardines de infancia y muchos millares de hogares. También más de 20.000 empresas han resultado afectadas por el paro forzado al fallar la energía y las comunicaciones , y una enorme cantidad de toneladas de alimentos se han deteriorado en almacenes, supermercados y congeladores domésticos. Bien es cierto que contra las fuerzas de la naturaleza y sus catástrofes, el género humano poco puede hacer para domesticarlas. Pero hay graves consecuencias de catástrofes naturales que jamás deberían producirse en países civilizados.
La palabra “catástrofe” deriva del griego “katastrofé” que significa trastorno, ruina, desenlace dramático. Y da lugar al verbo “katastréfo”, que se traduce por subvertir , destruir. No pocos han atribuido con énfasis estos conceptos a las fuerzas de la naruraleza, quizà con la secreta intención de diluir y alejar sus responsabilidades. Pero lo cierto es que puede afirmarse sin temor a exagerar que ha habido y hay responsabilidad humana en consecuencias de todo ello. Cuando, por ejemplo, el director general de Endesa atribuye la responsabilidad de la catástrofe a la climatología, y se atreve a afirmar que en países como Alemania la climatología causa los mismos trastornos y accidentes, está mirando hacia otra parte. En efecto, Televisió de Catalunya ha conectado con testigos acreditados de aquel país, los cuales declaran que por unos pocos o decenas de centímetros de nieve no caen las torres eléctricas ni se fracturan las líneas de transporte de energía. ¿Quién es responsable de ello? ¿No será que la construcción y el mantenimiento de los soportes del transporte eléctrico no son los adecuados? ¿O es que los ciudadanos clientes no pagamos religiosamente las onerosas facturas de Endesa, empresa que acumula cuantiosos beneficios como es sabido, y no invierte lo necesario para garantizar el servicio incluso en situaciones límite?
Por otra parte, los hechos han demostrado que cuando los muy acreditados meteorólogos de Catalunya anunciaron con suficiente antelación la que se nos echaba encima, los Departamentos competentes del Gobierno de la Generalitat no actuaron con la rapidez y los medios necesarios para evitar la catástrofe humana. Y si escaseaban los medios, del Gobierno es la responsabilidad. Las autopistas y carreteras de las zonas afectadas han permanecido intransitables durante muchos días, algunas hasta el día de hoy. Y Protección civil ha brillado por su ausencia en los núcleos o masías más alejadas y aisladas. La nota ejemplar la han dado los ciudadanos que han tomado iniciativas de colaboración desinteresada. Y sobre todo los alcaldes que, faltos de medios por sus escasas dotaciones presupuestarias, están actuando sin desmayo para hacer frente a la situación y prestar apoyo físico y moral a sus conciudadanos.