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Falsas denuncias de corrupción se usaron para desestabilizar gobiernos a lo largo de la historia

Falsas denuncias de corrupción se usaron para desestabilizar gobiernos a lo largo de la historia

El título de esta nota puede parecer extenso, aunque más extensa es la lista de agraviados impunemente a lo largo de la historia argentina.

Sistemáticamente gobiernos y funcionarios populares tuvieron que padecer la diatriba de parte de sectores minoritarios, que amparados en falsedades de toda índole atacaron investiduras y honores personales con el fin inconfesable de usufructuar el poder.

Arturo Frondizi publicó en 1964 Estrategia y táctica del Movimiento Nacional. Una obra esclarecedora. En el Capitulo Cuarto se refiere a "La corrupción, pretexto para derribar gobiernos populares". Allí el expresidente desarollista demuestra cómo las minorías retrógradas recurren a la calumnia y a la difamación para generar condiciones destituyentes y, luego, alzarse con el poder que las urnas les niegan.

Los próceres de Mayo, recuerda Frondizi, no escaparon a la acusación liviana pero efectiva que los defenestró. A Mariano Moreno, por ejemplo, lo juzgaron postmortem. Los integrantes de los triunviratos y directores supremos también fueron acusados de cometer delitos en la función pública. Sin embargo, nunca nadie comprobó nada.

En sus Memorias Curiosas Juan Manuel Berutti afirmó, sobre la caída de los gobernantes denigrados de los primeros gobiernos patrios, que todo era "falso y no se debe creer por no haberse probado cosa alguna".

Otro parágrafo notable de la obra citada es el titulado La calumnia contra los líderes populares. El jefe desarrollista se pregunta "¿Qué no se dijo de la corrupción de los gobiernos de Hipólito Yrigoyen?". Y cita los dichos del ministro del Interior de la dictadura uriburista, Matías Sánchez Sorondo, quien señaló pocos después del golpe septembrino que "una horda, un hampa, había acampado en las esferas oficiales y plantado en ellas sus tiendas de mercaderes, comprándolo y vendiéndolo todo, desde lo más sagrado hasta el honor de la Patria". Por su parte, en el recinto del Senado, Benjamín Villafañe dijo: "Al yrigoyenismo lo forman ciento diez mil prontuariados en la sección Robos y Hurtos, sesenta mil pederastas y cincuenta mil más que viven al margen de la ley, del juego y de la explotación de mujeres..."

Gracias a las campañas infamantes ministros y funcionarios de Yrigoyen tuvieron que refugiarse en el exterior, otros se suicidaron. Nunca nadie comprobó nada...

El peronismo tampoco escapó a la calumnia y al descrédito de parte de la prensa y de políticos oportunistas, que sólo pensaban en los intereses de círculo y no en el bien común. Los peronistas fueron juzgados arbitrariamente en bloque y miles de dirigentes políticos, empresariales y sindicales sufrieron la cárcel, la interdicción y la discriminación "libertadora". De tantas acusaciones, nunca nadie comprobó nada...

Igual situación le cupo al gobierno de Frondizi. La prensa opositora machacó hasta el hartazgo que en torno a la administración desarrollista había "un clima de corrupción generalizada". Pero la lista se reducía a cuatro temas relacionados al petróleo, el carbón de Río Turbio, la exportación de trigo y el Banco Nación. Nunca nadie comprobó nada...

El tercer gobierno peronista tuvo que batirse frente a una marea mediática golpista sin precedentes. Llegaron a acusar a la Presidenta por comprar 200 gramos de jamón con fondos reservados. La dictadura genocida hizo su parte y "la lucha contra la corrupción" alcanzó ribetes mesiánicos. Para ello se libraron las llamadas Actas de Responsabilidad Institucional en las que incluyeron a miles de peronistas. Con el advenimiento democrático los acusados recobraron la libertad y sus bienes interdictos. Porque nunca nadie pudo comprobar nada...

En estos días la historia democrática reciente nos recuerda episodios trágicos que sólo sirvieron para destruir la República y conculcar los derechos humanos del pueblo. A la luz de los acontecimientos recientes, una ola de acusaciones por supuestos actos de corrupción está siendo activada por lgrupos oligárquicos, que continúan utilizando los mismos métodos desestabilizadores de siempre a fin de obtener réditos particulares que no son -precisamente- ni nacionales ni populares.

Las palabras de Arturo Frondizi iluminan el presente y las hacemos propias:

"Confío también que esta modesta lección de la estrategia del ’moralismo’ aplicada sistemáticamente en nuestra historia a demoler la fe del pueblo en los gobernantes que la mayoría consagra, sirva a las nuevas generaciones para no dejarse confundir por los enemigos de la nación, que son, por lo tanto, los enemigos de su propio destino".

José María Díaz Bancalari
Diputado de la Nación

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