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MODAS INFAMES

La gramática, lo políticamente 'correcto' y el feminismo

Decíamos  en una columna anterior -evocamos a Fray Luis de León- que encontrar soluciones inmediatas para acabar con la violencia machista o violencia de género, es muy difícil, pero que, a medio y largo plazo, inevitablemente hay que pasar por una acción constante a favor de la igualdad real entre hombres y mujeres desde la infancia, pasando por todo el periodo educativo y, por último,   por la concienciación y la implicación de la familia, los amigos y el entorno social a lo largo de toda la vida.

En otras palabras, que en este caso  -como en muchos otros- es más importante “dar trigo”  que “predicar”, es decir, poner en práctica los principios que se enuncian, que quedarse sólo en eso. Pero  sabemos   que no es, ni mucho menos, baladí   el asunto de “predicar” en el tema del feminismo. Menos aún en estos últimos  20 ó 30 años.


Sentido común

Para hacerse una   primera idea del   calado social que hoy ofrece la cuestión, no hay más que teclear   los términos “lenguaje y feminismo” en Google para descubrir que así, de primeras, son más de medio millón las entradas que se nos ofrecen sobre el tema.

La ley de Igualdad aprobada en 2007 se inclina por fomentar el uso no sexista del lenguaje “en la totalidad de las relaciones sociales, culturales y artísticas”.  Pero –y aquí viene el gran problema- lo difícil es conjugar un uso adecuado y conforme al sentido común de la gramática y, además, hacerlo acorde a lo “políticamente correcto”  y -por si todo esto fuera poco- conjugarlo con la puesta en práctica de lo que impone la ley.  

En los tres últimos años, tras la entrada en vigor de esta  Ley de Igualdad, ha habido una verdadera invasión de manuales llenos de reglas y recomendaciones que van desde el desdoblamiento de sustantivos (“los trabajadores y trabajadoras de nuestro   sindicato están comprometidos y comprometidas”), hasta el uso de sustantivos genéricos (“la población española” en lugar de “españoles” o “personas licenciadas” en lugar de “licenciados”) . La recomendación de acudir     al   uso de indefinidos como “uno”, “todos”, o “alguno”, para sustituirlos por “las personas”, “algunas personas” o “cualquiera”. Se suele, también, evitar el uso genérico de “hombre” para englobar a personas de ambos sexos y sustituirlo por términos como “persona”, “individuo”, “humanidad” o “gente”.

Estos usos chocan de lleno con el principio de la economía del lenguaje y lo establecido por la Real Academia de la Lengua sobre el uso del género. Para ésta “el masculino gramatical no sólo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos”, algo que no entraña discriminación alguna sino que responde al mecanismo común a todos los idiomas de economizar en la expresión del lenguaje.

Me atrevería a pedir, para terminar,  que si es posible y, en aras de la estabilidad psicológica de todos los hablantes del castellano o español, que convendría un renovado pronunciamiento   didáctico, claro y explícito desde la RAE que indulte a quienes sólo tratamos de hacer un uso   acorde al sentido común, a la tradición literaria y a un uso razonable del lenguaje y que, por ello,  ni seamos tachados de machistas, ni estemos expuestos a las iras del feminismo más beligerante.
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