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Trabajar a lo bobo

Trabajar a lo bobo

El Congreso Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles que se ha celebrado en Valladolid tendrá el mismo impacto en la sociedad que el Congreso de Cunicultura que investiga por qué se les hinchan los morros a los conejos. Durante dos días estudiosos del tema han llegado a la conclusión de que somos los que más horas pasamos en el trabajo y los que menos producimos, o que la presencia en el tajo no significa que estés rindiendo. Y ¿a quién le importa producir? El caso es aparentar que haces algo, seguro que en esa lista encabezamos el medallero; paseo para acá, paseo para allá, unas buenas voces cada vez que te llaman al teléfono acompañados de aspavientos, algún juramento…y que se note la diferencia entre el zángano y el abejorro. Es una pena, porque la diferencia de una empresa que concilia y otra que fastidia es la calidad de vida. ¿Por qué vas a dejar que tus empleados tengan jornada seguida, cuando se la puedes partir en dos, igual que la vida? Que vaya a casa a comer, pierda tiempo en el trayecto y vuelta a la seis de la tarde. La intención es que una vez finalizada la jornada sólo pilles abierta las gasolineras 24 horas y los puticlubs. Casualmente las administraciones son quienes más concilian la vida laboral y familiar a sabiendas de que como algún funcionario flexibilice más su horario se le puede dar por desaparecido.

Otro ejemplo es el cheque-servicio, ese que te permite disponer de un cuidador para tu hijo en caso de emergencia. Se usa menos que los detalles que regalan en las bodas. Entre otras cosas porque hay que avisar con 24 horas de antelación. Menuda emergencia. Somos aspirantes a ser felices, pero alguien ha estimado que eso se consigue marchando a casa después del jefe. Como para proponer el teletrabajo.

Todas estas reflexiones están muy bien, pero el españolito de a pie es un animal de costumbre. De verdad queremos levantarnos a las 6 de mañana, ¿de verdad?; y comer en el trabajo en 40 minutos a eso de las 12.30 horas, ¿de verdad?; y desnucar la siesta, esa que te babas y que sueñas 70 historias, ¿de verdad?; seguro que queremos el horario europeo de cenar a las 17 horas para no tener pesadez de estómago, ¿de verdad? Con lo bonito que es llegar a las 23 horas a cualquier bareto y comer a la carta u lo que haya. Está demostrado que un gintonic ayuda a hacer la digestión aunque te hayas comido medio kilo de cecina. Cuidadín con lo que pedimos, no sea que se vaya a cumplir.

Eduardo Gordaliza. Periodista.
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