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Mujeres ricas y Marcelinos obreros

Mujeres ricas y Marcelinos obreros

Y habrá quien pensará, "¡pues menuda mezcla de temas!". No, no lo es. Resulta que antes de conocerse la noticia del fallecimiento de Marcelino Camacho, un luchador de la clase obrera, un luchador contra las injusticias sociales, por los derechos de los trabajadores en una España franquista y posteriormente complicada, me disponía a escribir un artículo sobre programas de televisión que están en boca de todos.

En nuestra sociedad posmoderna, estar "en boca de todos" significa éxito. Mediático, popular. Estar en la calle. Es así de triste. Hoy los chavales, muchos trabajadores, muchos amigos, muchos jubilados, cuando se encuentren en la calle, en el parque, en sus casas, no hablarán de Marcelino Camacho. Hablarán de Belén Esteban, del último partido de su equipo, de 'Gran Hermano', o de otros programas como 'Mujeres ricas'.

'Mujeres ricas', para quien no lo conozca, es un programa de los conocidos como 'realities' en el que mujeres adineradas, normalmente no trabajadoras, improductivas, simples floreros de sus maridos ricos -no todas, también las hay empresarias o trabajadoras, es cierto- relatan su día a día. Un día a día, claro, consistente en lucir casa, palmito, al perro hortera arreglado en peluquería canina con un look ridículo o planear la próxima operación de cirugía estética.

Pero son los programas que ahora triunfan. Partiendo de la idea de la mayor parte de la parrilla de la televisión es entretenimiento, ya que no es un medio de comunicación exclusivamente dedicado a la información, no se entiende que haya cabida, cada vez más, para estos espacios tan superfluos, superficiales, grotescos y ridículos. Gente rica enseñando sus casas, como otro programa que también emite La Sexta, o contando lo bien que les va la vida. Son programas de éxito en plena crisis económica, con 4 millones de parados, cuya razón de ser suele ser el famoso deseo de escape de una ciudadanía que necesita abstraerse de su estrés diario, de su trabajo, de su vida familiar sobrecargada... Ahora bien, ya va siendo hora de reflexionar un poco sobre la basura que vemos en la caja tonta y que tragamos, en términos generales, en nuestra sociedad.

Y esto, sí, engancha con la muerte de Marcelino Camacho. Como a gente como Reverte lo único que les importa es que un hombre no llore, como hizo Moratinos -¡menuda nenaza! ¿Verdad Arturo?- pues otros tenemos que denunciar este tipo de cosas aunque llamen menos la atención y no 'peten' Twitter con sandeces para alimentar egos.

A Marcelino, cosas de la vida, le conocí en mi barrio de toda la vida, el obrero barrio de Carabanchel, en Madrid. También, por esas cosas de la vida, le tenía cerquita en Soria, puesto que el pueblo donde yo veraneaba estaba a apenas 5 kilómetros del suyo, La Rasa -que, por cierto, está figurando mal en todas las noticias, confundido con el nombre de la estación de trenes que en su pueblo había, llamada 'Osma-La Rasa'-. También coincidí con él varias veces en el Metro, pues cogía el suburbano en la misma estación, Oporto. Mi padre solía saludarle cuando el sindicalista estaba tranquilamente disfrutando del campo en La Rasa, en una modestísima casa del guardagujas de la estación, que era su padre. Allí estaba, junto a su mujer, siempre, mirando el pasar de viajeros, el paso del tiempo, imagino que orgulloso al ver que algunas consecuciones de la lucha obrera habían surtido efecto.

Adiós, camarada. Seguro que allá donde vayas no te pondrán en la tele programas como 'Mujeres ricas', porque seguro que tales programas sólo los pondrían como castigo en el Infierno.



Pablo M. Beleña
Director Diariocrítico.com
 
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