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Se prohíbe la transparencia

Se prohíbe la transparencia

Gracias a la política de transparencia sobre las ayudas agrícolas de la Unión Europea sabíamos, hasta ahora, las subvenciones que percibían, con dinero de todos los ciudadanos, y entre otros beneficiarios, la Reina de Inglaterra, la Duquesa de Alba y algunos terratenientes de la “jet” de los distintos países. Muchos de ellos, pese a recibir subvenciones para la producción agraria, dedican sus latifundios a la caza o al recreo, sin cultivar una hectárea de trigo de cebada para no molestar a los jabalíes o a las liebres, e incumpliendo la finalidad de estas ayudas, que es cultivar la tierra,  crear puestos de trabajo y obtener beneficios.

    Pues bien: ayer el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, a instancias de un agricultor y de una empresa alemana, ha anulado esta normativa, y dejaremos de conocer quiénes perciben, y en qué cantidades, unas ayudas agrícolas de tal cuantía que suponen el segundo mayor presupuesto comunitario. El Tribunal se basa en el derecho a la vida privada y a la protección de datos, como si el pueblo llano desconociese quiénes son los propietarios de esas amplias superficies de tierra, en muchos casos, estéril y baldía, Algo que nos recuerda aquellas escenas de 'Los santos inocentes', película basada en una novela de Miguel Delibes, y en la que Paco Rabal y la 'milana bonita' eran víctimas de los ritos del rancio señoritismo español.

     Se ha dado un paso hacia atrás desde que, hace un año, la comisaria de Agricultura proclamase que “los contribuyentes europeos tienen derecho a saber cómo se gasta su dinero”. Ahora ese  derecho ha sido arrojado al cubo de la basura, y frente a los abusos e irregularidades que se puedan cometer con las subvenciones. A quienes de verdad las pagan con sus impuestos, sólo les queda el derecho al pataleo.

   No hacer públicos los destinatarios de las subvenciones parece una política de ocultamiento propia de las dictaduras bananeras y no de la Europa de la modernidad. Porque cuando se le da una beca a un estudiante, por ejemplo, la ayuda es pública, y lo mismo cuando se concede una vivienda de protección oficial. ¿Por qué, pues, hurtar la realidad y el detalle de estas ayudas multimillonarias a la agricultura? Se nos ocurre que, en las convocatorias, se advierta de que, en caso de recibir la ayuda, se va a hacer público. Y el que sea muy celoso de su privacidad, que no aspire a que el resto de los ciudadanos, incluso los más pobres, pongan un euro de sus impuestos para unos agricultores, honrados seguramente la mayor parte de ellos, y que merecen apoyo, pero entre los que se ha colado una parte de la Europa de 'La escopeta nacional'.

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