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Fernando Cayo, actor

“Hice un estudio de los efectos físicos y fisiológicos del miedo sobre el ser humano”

“Hice un estudio de los efectos físicos y fisiológicos del miedo sobre el ser humano”

martes 08 de marzo de 2011, 17:11h

Fernando Cayo integra el aplaudido elenco artístico de una de las producciones españolas más fuetes del año hasta la fecha, Secuestrados, además de un ejercicio teórico-práctico de cinematografía, una arriesgada cinta de tensión extrema rodada mediante sucesión de doce largos planos secuencia extenuantes y abrumadores —tanto para el espectador como para el propio equipo de rodaje al completo—, acerca del violento asalto sufrido por una familia en su domicilio de una urbanización del extrarradio. La del vallisoletano es la voz de un actor seducido por su profesión, comprometido con la creatividad, apasionado del aprendizaje continuo y renovado.    

 

 

De verle recientemente en temáticas históricas (23-F, Adolfo Suárez, el presidente o 20-N: Los últimos días de Franco), a este angustiante thriller psicológico. Acostumbrado a pasar de cero a cien en nada…

Uno de los grandes atractivos de esta profesión para mí es la variedad de “aventuras” y registros que puedes acometer. Si te lo tomas en serio es un camino de conocimiento y apertura a la vida maravilloso. Ahora mismo estoy a punto de estrenar en teatro La caída de los dioses de Visconti, dirigida por Tomaz Pandur, en la que interpreto a un jefe de las SS, y ha sido otro recorrido distinto y  francamente interesante. Puedes profundizar en todos los recovecos del ser humano y de ti mismo y descubrir, saber…

 

 

¿Y cómo se prepara un actor para interpretaciones tan duras física y psíquicamente?

Yo preparo mis papeles primero minuciosa, científicamente, para luego dejarme libre y que aparezca la creatividad pero con una base. Para Secuestrados hice un estudio de los efectos físicos y fisiológicos del miedo sobre el ser humano que me fue muy útil para dar un arco al personaje y todos los matices posibles. El miedo se refleja en el cuerpo a través de oleadas de tensión y relajación, según las descargas hormonales, y esto venía muy bien para la película.

 

 

Esta película, muy exigente, desprende un potente esfuerzo artístico, e imagino que al final queda mella en el actor, al menos algo…

Efectivamente. Éste fue un proyecto especialmente duro, sobre todo para Ana Wagener, Manuela Vellés y para mí. Fue escalar un ochomil. Lo psíquico pesó más, para mí por lo menos: tengo familia y me resultó un viaje horroroso. En lo físico siempre me he encontrado muy a gusto, pues desarrollo desde hace muchos años distintas disciplinas de trabajo que me han sido muy útiles en este caso.

 

 

¿Aunque seguro tuvo algún percance confesable durante el rodaje?

Ensayando el “episodio final”, tengo que caer sobre una mesa de cristal que se rompe, y recibí un considerable golpe en la cabeza. Me estuvo retumbando media hora, menos mal que era de madera…

 

 

Algunas voces le han achacado a Secuestrados un cierto corte sensacionalista, sobre todo al final…

Estamos en un terreno tremendamente subjetivo… Cada uno tenemos gustos diferentes… Está claro que es una película fuerte, pero está pensada, diseñada y rodada así, al que no le guste este tipo de películas que no la vaya a ver…

 

 

Lo que no puede negársele al filme es su cuidada técnica. ¿Cree que el cine español debería arriesgar más en su contenido, pero sobre todo en lo relativo a su continente?

En la forma creo que vamos bien cubiertos. Yo donde noto enormes carencias es en los guiones. Y no por falta de talento, que lo hay y sobrado, sino por el tiempo, medios y atención que se les presta. Son la base de todo y no se les trata como se merecen…

 

 

¿Qué puede decirme de Miguel Ángel Vivas como director?

Que es un tipo estupendo. Nos ha dejado un enorme margen de libertad para trabajar y esto se agradece. Ha habido una grata sensación de creación colectiva, cercana a la que se vive a veces en el teatro…

 

 

¿Cómo selecciona usted sus proyectos? Y, concretamente, en el caso de Secuestrados

Para mí prima el reto que me suponga, el brillo del personaje y el equipo con el que se va a trabajar. Miguel fue a verme al teatro para proponerme esta historia; yo estaba entonces interpretando Tito Andrónico con Animalario, una pieza también muy bestia física y psíquicamente. Además, yo había coincidido en varios proyectos con Javier García, el supercámara y coguionista; pensaron en mí para este papel. Me costó entrar en el guión, pero a la tercera lectura me gustó, veía una peli de género con un componente hiperrealista que me parecía sugerente y rompedor.

 

 

¿Y qué sensaciones le queda después de comprobar el resultado en pantalla? O es como Johnny Deep, quien afirma no ver nunca sus propias películas…

No, yo intento aprender viéndome, es una gran manera de progresar, pero me observo como si fuera otra persona, con total distanciamiento. En Secuestrados hay entrega total y creo que se nota.

 

 

Como espectador, ¿qué tipo de cine le atrae?

El bueno, el hecho con brillo, con talento, con cuidado, con cariño, con creatividad…

 

 

 

 

 

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