Contra la intolerancia
lunes 25 de abril de 2011, 09:14h
Actualizado: 28 de abril de 2011, 10:38h
Que vivimos en una España crispada y que reacciona con intolerancia ante diversos estímulos es una evidencia. Y ello considerando que, por fortuna, la inmensa mayoría de los españoles, tomados de uno en uno, son personas abiertas, transigentes y entrañables. Como prueba de esa intolerancia a que nos referimos, ahí tenemos la escena del pasado miércoles, en Valencia, cuando, cuando camino de la final de la Copa del Rey en el estadio Mestalla, un grupo de gamberros increpó al portavoz de “Convergencia i Unió” en el Congreso de los Diputados, Josep Antonio Duran Lleida. Y ocurrió que después de los insultos llegaron a la acción, arrojándoles un “cuba-libre” al señor Duran y a sus acompañantes, y dándole un empujón a uno de sus sobrinos que le acompañaba.
Entendemos que el fútbol levante pasiones, que todos quieren que el club de sus colores y de sus amores gane el encuentro (y, si es posible, en la prórroga y de un penalti injusto), pero de ahí a comportarse como energúmenos, como violentos, como individuos asociales hay un largo trecho. Y los primeros interesados en que esos gamberros salgan del planeta del balompié deberían ser los clubs aunque, a veces, hacen todo lo contrario, fomentado los radicalismos, los “hooligans”, los “ultra-lo que sea”, etcétera.
Esta semana volverán a enfrentarse el Real Madrid y el Barça, y nos tememos que las escenas de violencia callejera se repitan. Hace falta una reflexión porque el balompié, que en los encuentros entre los grandes clubs tiene una repercusión social innegable, debería ser una escuela de caballerosidad y de cortesía, perfectamente compatible con la rivalidad y con la pasión de los aficionados.
Y, en fin, cuando regresamos a la normalidad, tras el paréntesis de la Semana Santa, y sin salir de los episodios nada edificantes que comentamos, hemos leído en estos días algún artículo sobre los avatares judiciales del magistrado Baltasar Garzón, unas reflexiones que nos han puesto los pelos como escarpias. Por ejemplo, el titulado “De juez mediático a criminal perseguido”. No hace falta ni recurrir a la presunción de inocencia. Basta con apelar al respeto a las personas y a la buena educación. Porque no es cierto eso de que, en España, “vale todo”. La inmensa mayoría, la hermosa gente, ama el deporte y respeta la Justicia, aunque las minorías de exaltados, con un empujón o con un ordenador, con un “cuba-libre” o con un periódico, hagan demasiado ruido.
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