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¿Orgullo?¿Por qué?

¿Orgullo?¿Por qué?

Debo confesarlo: me sacan de quicio las manifestaciones, puro mal gusto, del día del orgullo gay. No entiendo qué orgullo se puede sentir, y manifestar, por tener una opción sexual cualquiera. Me parece que lo que la sociedad considera ya normalizado debe normalizarse también en la calle. Y flaco favor hacen a la idea de la total equiparación en el tratamiento de opciones sexuales, ahora que hemos dado pasos importantes como la legalización del matrimonio homosexual, esos desfiles carnavalescos, algo bufos y decididamente exhibicionistas. Además, claro, de muy dudosamente estéticos. Jamás lo folclórico, la jarana, fue elemento normalizador ni integrador, sino todo lo contrario. Pienso que hay mucha gente, homosexual o heterosexual, que rechaza estos espectáculos, más propios de un anuncio del circo que llega a la ciudad que de la seriedad con la que la superación de discriminaciones que ya son cosa del pasado habría de tratarse. No, no me gusta ni me parece que la diversión deba pasar por un asunto como éste, que de manera tan chusca comenzó ya esta semana con el pregón irrespetuoso de una cantante en decadencia. 

La igualdad entre los seres humanos me parece algo tan importante que no se puede tomar a chacota. Ni siquiera bajo el pretexto, entiendo que falseado, de fomentar esa igualdad. Y menos porque se haga lo mismo en otras partes del mundo. Razón de más para no imitar lo peor, ahora que habíamos tomado la delantera en el reconocimiento de algunos derechos que otros, donde tanto se desfila, en cambio no han reconocido todavía.
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