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Una verdad tan incómoda como dolorosa

                Felipe II suspendió los pagos de la corona española a sus proveedores por tres veces durante su reinado. La situación, sorprendentemente, plantea paralelismos con lo que nos está sucediendo esta semana aciaga.                 Las merindades de Castilla exportaban lana a los Países Bajos y allí y en otras zonas de centro Europa se trabajaba la materia prima y luego nos revendían los productos manufacturados -con valor añadido, por tanto- a un precio mucho mayor. Nuestra masa laboral, igual que la de ahora, 450 años después, era un grupo ingente y sin cualificar que dependía de una sola industria: la lana, entonces la construcción hoy. Necesitamos, entonces y ahora, Valor Añadido.                 La guerra de Flandes, que tantas cosas fagocitó, acabó por minar las comunicaciones con el principal cliente lanar de Castilla y, junto con otros factores, la economía española llegó a tal punto que Felipe II debió quebrar el país y renegociar la deuda. La segunda vez tuvo que suspender pagos pidió prestado a los banqueros genoveses a un casi impagable 7.0% (el 12 de julio 2011 pagamos el 6.6%) y la tercera vez hubo que recurrir a la fortuna y amistad de Simón Diaz, una especie de Amacio Ortega de la época que financió parte de las necesidades nacionales.                 La gran diferencia de entonces a hoy era que España tenía pingües y regulares ingresos de oro y plata provenientes de las Indias Occidentales y hoy, que nuestro único oro es el turismo, no somos capaces de sacarle el rédito necesario: maltratamos a los turistas, les sacamos la pasta malamente, no entendemos ni hablamos su idioma y despreciamos al turista de dinero.                 Ver a la oposición diciendo sandeces sobre economía y sin arrimar el hombro en un momento en que estamos a punto de naufragar es un insulto a la sociedad. Quién sabe si no debería ser delito de lesa patria, tanto el comportamiento de socialistas como de conservadores.                 No parece que sean conscientes de lo que supone un rescate europeo. Las declaraciones de Montoro y las denuncias pro parte de Cospedal nos están haciendo mucho daño (ayer varios telediarios estadounidenses abrieron con el video de Cospedal diciendo que la deuda pública de CLM triplica lo permitido).  Alemania no nos va a regalar la pasta, ni tan solo nos la va a prestar amistosamente. Seamos serios: si tienen que rescatarnos no harán más que comprarnos a trocitos y baratos. Y si el euro se desmembra, válganos Dios porque llegará la Noche Escura del Alma.                 Parece que nunca pase nada, que por mal que vayan las cosas siempre nos quedará el rescate. Pues no. El rescate es un dogal de plata con nudo corredizo. Grecia tiene hipotecados los puertos, las minas, los aeropuertos, las autopistas. Tienen que pagar lo prestado a un interés tan alto que van a necesitar cerca de 40 años para volver a estar como en el 2008. Eso, o vender el país troceado a los prestamistas que ahora les estamos sacando del atolladero.                 Si España cae, se acaba el chollo. Retrocederemos 30 años, nos encontraremos con una re-peseta hiperdebilitada y una pérdida de competitividad del 80% de lo que es hoy. Si ahora nos parece que estamos en crisis, la Noche Escura del Alma será devastadora.                 Es momento de poner los intereses nacionales por delante de los partidarios. Hay que embridar las deudas de las CCAA sin piedad y sin echar balones fuera. Hay que hacer gestos: el presidente ha cometido un error de difícil cálculo no habiendo remodelado el gabinete hacia un perfil más duro, más técnico y, desde luego, mejor preparado. Tenía que haber despachado a las ministras Pajín, Jiménez y Sinde y a los ministros Sebastián, Blanco y Gabilondo, reducir el número de ministerios, re-enfocarlos hacia lo técnico y lo emprendedor y empezar a tomar decisiones sobre el número de funcionarios. Garmendia tiene que poner en marcha un sistema de I+D+i que abarque el hoy de las empresas españolas y el mañana vía leyes conjuntas con educación y trabajo.                 Hay que impulsar sistemas de presupuesto Base Cero especialmente en Administraciones Públicas y Seguridad Social y empezar a tener la rentabilidad como una medida obligatoria de la gestión. Y hay que hacerlo ya porque es la única forma de no caer en el abismo y, si cayéramos, de salir cuanto antes. Malos tiempos, muchos ecos, pocas voces y demasiada indisciplina social. Nada de esto nos es propicio.
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