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Supremacía de la política y Suelo de Ingresos

La jornada de ayer en la Universidad Internacional de Santander (UIMP) en el marco del curso la España 2020 fue de contenido económico. Pasaron por sus aulas personalidades con amplios e impresionantes credenciales como Cristóbal Montoro, Antonio López Istúriz, Luis de Guindos, José Manuel Pazos, Juan Iranzo, José Manuel Campa o Arturo Fernández Álvarez entre otros. Algunas de las ideas básicas expuestas en esas densas e intensas horas se centraron en torno a que la economía debe subordinarse a la política, pero que sólo hay una política posible. Esa política se fundamenta en un mantra llamado “techo de gasto”; supuestamente el límite que los estados pueden utilizar sin endeudarse con unos ingresos determinados por la reducción o desaparición de los impuestos directos y el aumento de los indirectos pese a ser socialmente más injustos. Es decir, más que de un “techo de gastos” deberíamos hablar de un “suelo de ingresos” presentado como algo inevitable por la globalización, deslocalización industrial, liberalización del tráfico de capitales y existencia de paraísos fiscales. Eso nos aboca a una Europa en el horizonte del 2020 con un Estado del Bienestar arruinado, servicios públicos privatizados y sindicatos coaccionados a aceptar recortes en todos los derechos conquistados durante dos siglos. Parece que la única manera de luchar contra el “dumping” fiscal de los países emergentes es incrementar el valor añadido de los productos europeos abaratándolos vía reducción de salarios, aumento de la productividad laboral y desaparición de la mayoría de los impuestos directos. Pues bien, hoy quiero reivindicar la utopía de una armonización fiscal impulsada por Naciones Unidas que asegure un nivel de impuestos directos en todo el planeta, del mismo modo que en 1815 se firmó el primer documento internacional contra el tráfico de esclavos. Hubo que esperar casi un siglo, hasta 1904 para que se firmara un Acuerdo Internacional Para la Supresión de la Esclavitud, cuyos principios fueron recogidos en el artículo 4 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 que dice “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”. En su día el mundo se puso de acuerdo para boicotear a Sudáfrica por el injusto “apartheid”, como se pondría de acuerdo para boicotear o intervenir en cualquier país dedicado al tráfico de esclavos, lo que también fue una utopía en su momento. Si los estados quieren asegurarse unos ingresos que mantengan el estado del bienestar reduciendo las desigualdades sociales deben pactar unos impuestos directos básicos similares para todos, denunciando el “dumping” fiscal y los paraísos fiscales como estados piratas condenables al aislamiento internacional.  Eso sería asegurar la supremacía de la política sobre la economía, dotando de contenido e ideología a una verdadera  “Alianza de Civilizaciones”, al menos si queremos evitar que nuestros hijos vivan mucho peor que sus padres y tengan que indignarse hasta la insurrección violenta en las más céntricas plazas europeas antes del 2020. - Lea también: Campa confirma que los test de estrés "generarán confianza para el sistema financiero español" Arturo Fernández pide 'arrimar' el hombro Todas las intervenciones de 'La España 2020'>>
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