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2020: el futuro no está escrito

2020: el futuro no está escrito

miércoles 14 de septiembre de 2011, 19:48h
Estamos atravesando un momento que, probablemente, será señalado de forma destacada en los libros de historia. A la delicada situación que atraviesan en estos momentos la economía y las finanzas de muchos países, habría que añadir las incertidumbres políticas que planean en varias regiones del mundo, los riesgos geopolíticos, viejos y nuevos, que no acaban de resolverse y el reequilibrio mundial que estamos viviendo. Nos encontramos bajo una alerta máxima tratando de descubrir o adivinar el curso inmediato de los acontecimientos, anticipando sus consecuencias y pensando en cómo resistir o sacar ventaja de las turbulencias. La actualidad absorbe y galvaniza nuestra atención. Es, por este motivo, que parece algo inconsecuente detenerse a pensar en un futuro más lejano, sumergirse en algún ejercicio de prospectiva o dedicar energías a especular sobre lo que pueda acontecer en los próximos lustros, cuando no es fácil explicar dónde estamos y mucho más improbable definir la evolución del futuro más inmediato. Nos sucede como a Albert Einstein, cuando afirmaba, resignado, "nunca pienso en el futuro; llega demasiado pronto". Sin embargo, ampliar la perspectiva inmediata y distanciarse del alboroto cotidiano es necesario porque, a poco que reflexionemos, nos daremos cuenta de que el acontecer actual está en buena medida condicionado por actitudes, decisiones y comportamientos que se remontan a tiempo atrás. Una burbuja inmobiliaria, una crisis financiera o un fracaso empresarial no se fraguan en dos días -salvo casos excepcionales- sino que suelen ser el producto de un trayecto fatal de varios años en el que se mezclan errores de percepción, señales equivocadas, decisiones incorrectas y pérdida de la perspectiva del medio y largo plazo. Detenerse, de vez en cuando, y reflexionar fríamente alejándose de la vorágine del día a día, permite valorar mejor dónde estamos y evaluar hacia dónde nos dirigimos. Y no solo eso. Como decía John M. Richardson Jr., un académico estadounidense, existen tres actitudes frente al futuro: los que dejan que suceda, los que hacen que suceda y los que se preguntan qué ha sucedido. Un gobernante o un empresario deben incontestablemente situarse en la segunda opción, que significa construir el futuro, y ello no es posible sin una reflexión continuada sobre el mismo. Hay que tener claramente dibujado el futuro hacia el que queremos caminar. Debemos examinar permanentemente si mantenemos el rumbo establecido. Así, por ejemplo, nadie discute que un sistema educativo apropiado es clave para conformar el progreso y la prosperidad de una sociedad, y que uno deficiente desemboca, como mínimo, en la mediocridad. Pero construir un sistema educativo excelente lleva, entre otros elementos relevantes, tiempo. No puede improvisarse de un año para otro, ni puede estar sujeto a caprichos pasajeros. La inversión en educación madura a lo largo de los años y la cosecha se recoge al cabo de un prolongado periodo de tiempo. Algo así podría también afirmarse de los procesos de innovación empresariales. Es cierto que las ideas brillantes a veces aparecen de improviso. Pero implantar una cultura de innovación en todos los ámbitos de la gestión no se consigue por casualidad, sino que se logra después de una apuesta clara de los gerentes en esta dirección y del mantenimiento pertinaz de la trayectoria a lo largo del tiempo. En definitiva, el futuro es una fruta que madura a lo largo de mucho tiempo, y por ello no se improvisa. Como dice un proverbio africano, el futuro pertenece al que se prepara hoy. Las grandes tendencias que configuran nuestra evolución Para construir este futuro al que queremos llegar, es necesario conocer el camino por el que queremos transitar, y para ello es inevitable intentar prever cómo va a ser esta travesía. ¿Es posible anticipar lo que va a suceder en los próximos años? ¿Cómo será el mundo en 2020? La tarea no es fácil, pero no tendría sentido planificar el futuro sin una referencia específica sobre cómo será el entorno en el que nos vamos a desenvolver. Los ejercicios de prospectiva son frecuentes y sus fortunas son muy diversas. Está claro que no podemos saber qué valor tendrá el IBEX en una fecha determinada dentro de, pongamos, diez años, ni cuál va a ser el tipo de cambio de nuestra moneda, por ejemplo, o cualquier otra variable caracterizada por su gran volatilidad. Pero sí es posible atreverse a plantear las grandes tendencias que configuran nuestra evolución. Por ejemplo, hace años se generalizó el término BRIC para referirse a los grandes países emergentes (Brasil, Rusia, India y China) a partir de un estudio de prospectiva de Goldman Sachs, que predecía, entre otras cuestiones, que el PIB nominal de China superaría al de Estados Unidos hacia el año 2041. Estas previsiones deben revisarse continuamente, puesto que a medida que el tiempo avanza la información cambia en cantidad o calidad. Hace unos meses, The Economist recordaba que Goldman Sachs ha revisado esta previsión y fecha ahora el acontecimiento en 2027, mientras que Standard Chartered afirma que China será la primera economía mundial en 2020. Dicho año es también el elegido por una corriente de científicos y técnicos para situar el 'peak oil', es decir, el momento en que la producción mundial de petróleo alcanzará su máximo histórico y que a partir de ahí empezará a disminuir, con el consiguiente efecto sobre los precios energéticos. Otros estudios de prospectiva tratan de adivinar el futuro de los sistemas de pensiones, una de las grandes preocupaciones financieras actuales. A partir de complejas extrapolaciones del comportamiento demográfico de la sociedad, se alcanzan conclusiones sobre asuntos como la tasa de dependencia en los años venideros, por ejemplo, clave en la sostenibilidad de los sistemas de Seguridad Social. Vistas las inercias del fenómeno, sería irresponsable esperar a la quiebra de los mismos para poner remedio a los desfases financieros, y, para ello, resulta imprescindible actuar con muchos años de antelación. Disponer de un análisis creíble de las grandes tendencias actuales y de cómo estas evolucionarán en el futuro nos permite configurar estrategias realistas en nuestro ámbito de actuación a fin de alcanzar los objetivos deseados. Esto es lo que ha hecho la Unión Europea con su programa 'Europa 2020', donde define la estrategia de crecimiento de la UE para la próxima década, con el objetivo de lograr una economía inteligente, sostenible e integradora que contribuya a que la UE y sus Estados miembros generen altos niveles de empleo, productividad y cohesión social. En otras ocasiones es la experiencia inmediata la que aconseja adoptar cambios que no se materializarán hasta dentro de unos años, pero que, de esta forma, se contribuye a corregir comportamientos inadecuados. "Los errores en la predicción del mismo son numerosos" A pesar de los esfuerzos dedicados a anticipar el futuro, es cierto que la incertidumbre de dichos pronósticos es muy elevada. Los errores en la predicción del mismo son numerosos, desde las extrapolaciones maltusianas hasta las previsiones tecnológicas. Es suficiente con recordar la realidad de hace 10 ó 20 años para certificar la inseguridad que nos proporcionan los más sesudos diagnósticos. Más inquietud provoca el certificar que algunos de los más trascendentales acontecimientos de nuestra historia reciente no pudieron ser anticipados, pese a su importancia estratégica, como la caída del Muro de Berlín o el desmoronamiento del imperio soviético. La inquietud es especialmente acusada en momentos como el actual, en el que atravesamos una etapa de grandes convulsiones y cambios, que hace mucho más complicado tratar de ver a través de la bola de cristal qué nos muestra el porvenir. Debemos recordar aquí la certera observación de Keynes: "Cuando piensas que va a llegar lo inevitable, surge lo imprevisto". Y es que el futuro no está escrito, nadie es capaz de preverlo de forma segura. ¿Cómo construir este futuro cuando sabemos que nos movemos en las aguas de la incertidumbre? La solución, probablemente, está en centrar nuestra acción no tanto en una hoja de ruta de hechos y cifras que sabemos que es cambiante e incierta, sino apoyarnos en los valores que nos permiten avanzar de forma segura hacia el futuro. En un empresario podrían ser una visión de negocio que establezca unas metas claras, una gestión prudente y racional de los recursos y una ética de trabajo gobernada por el esfuerzo, la constancia y la honestidad. En un responsable político del ámbito de la economía, perseguir la estabilidad y restablecer la competitividad serían metas ineludibles en el horizonte de los próximos años, puesto que si algo nos enseña la historia reciente es que sin estos dos elementos no es posible llevar a cabo acciones políticas de equidad o redistribución. En definitiva, por más que la actualidad inmediata presione sobre las actuaciones diarias, es necesario no perder la perspectiva del medio o largo plazo para no extraviarnos en la jungla de lo cotidiano y construir el futuro que queremos. El año 2020 es un horizonte atractivo que está lo suficientemente cerca como para poder realizar previsiones aceptables y lo suficientemente lejos como para desarrollar una estrategia integral con tiempo de maduración suficiente. No estamos seguros de si por entonces China habrá sobrepasado a Estados Unidos, ni cuáles serán los precios del petróleo, ni cuál será la tasa de dependencia. Lo que no habrá variado serán los valores básicos que nos deben llevar a buen puerto. *Isidro Fainé Casas (Manresa, 1942) es presidente de La Caixa. Doctor en Ciencias Económicas, ISMP en Business Administration por la Universidad de Harvard y Diplomado en Alta Dirección por el IESE, es, además, Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras y de la Real Academia de Doctores. Entre muchísimos otros cargos, ha ejercido el de Vicepresidente Primero de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA) y presidente de la Federació Catalana de Caixes d’Estalvis. Además, fue fundador y promotor del 'Círculo Financiero', que se integró en 2003 en la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País]. *Artículo escrito para el foro de debate España 2020 abierto en la web www.masactual.com
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