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No, no podemos

No, no podemos

lunes 19 de septiembre de 2011, 13:30h
Todavía no han pasado tres años, pero el slogan electoral de 'Yes, we can', con que Barack Obama llegó a la Casa Blanca en una victoria arrolladora que reflejaba las esperanzas de gente de todas las persuasiones políticas, se ha convertido en un 'No, we can not', de iniciativas fracasadas y de expectativas nulas de una población desencantada que le da casi tan poco apoyo como, en su día, al presidente Jimmy Carter. La última iniciativa para un plan de fomento laboral es una prueba de las aflicciones de Obama: no son sólo los republicanos quienes se oponen sin temor a las repercusiones políticas que su resistencia puede tener. También los demócratas tienen poco interés en patrocinar las ideas presidenciales: a esta altura del proceso electoral, ha sonado la hora del 'sálvese quien pueda' para los legisladores que no pueden esperar grandes beneficios de apoyar la ideología del presidente, aunque sea de su partido. No en vano se conoce en el país a la Casa Blanca y su ocupante como la 'rama ejecutiva', cuya misión principal consiste en conseguir objetivos y, en el sistema político norteamericano, tan sólo es posible en colaboración con la rama legislativa, que tiene la exclusiva a la hora de aprobar leyes y destinar los fondos de diversos presupuestos. Pero Obama no ejecuta porque, sencillamente, no puede. A pesar de todas las dificultades económicas y los enfrentamientos ideológicos de los últimos años, este sigue siendo un país práctico y no hay elocuencia presidencial capaz de hacer olvidar la parálisis de gobierno, especialmente cuando el desempleo no mejora y las fortunas de los ciudadanos están cada vez más quebrantadas. Lo cierto es que Obama sigue resultando simpático a una gran mayoría de la población, que su habilidad oratoria sigue siendo suprema e incluso lo es su capacidad de recoger fondos para la campaña electoral del próximo año. Esos fondos le serán muy necesarios, pero tal vez no suficientes, para superar la fuga hacia otros candidatos de los republicanos que le dieron una oportunidad en el 2008 y de los independientes que vieron en él a una figura nueva y refrescante, capaz de conseguir lo que no habían podido los políticos tradicionales. Incluso los demócratas le abandonan, unos porque se sienten decepcionados al ver que no era tan progresista como ellos creían pero, en realidad, porque no tiene resultados que mostrar. Porque no puede. La inquietud es tan grande que incluso el ex presidente Clinton, un hombre al que no le fallan las palabras, tuvo que hacer una larga pausa en la televisión para responder positivamente a la pregunta de si Obama tenía posibilidades de ser reelegido: "sí -dijo Clinton- a condición de que pueda convencer al país de que los republicanos son los responsables de la crisis por bloquear sus iniciativas". La condición? Sí, es que puede. Es una vara de medir puesta muy alto, porque a los cuatro años de presidencia el país quiere resultados y no promesas, especialmente cuando la oposición republicana no pierde ocasión para recordar que Obama aseguraba que su ímpetu y el entusiasmo que generaba en la población serían suficientes para superar todas las dificultades, que la nueva generación que él representaba arrasaría con los lastres del egoísmo de grupos con intereses particulares y la ineficiencia acumulada en décadas de inercia. Estos -dijo- son los verdaderos culpables por las dificultades que vivía el país y que se desvanecerían por arte de magia bajo su mandato. Eso es lo que prometió: "Sí, podemos". Pero no: no ha podido reducir el déficit ni la deuda, no ha podido generar empleo a pesar de los enormes gastos destinados a ello, no ha podido cerrar Guantánamo, no ha podido retirarse de las guerras de Irak y Afganistán , ni ha podido materializar las esperanzas fuera de sus fronteras de quienes esperaban una América diferente -algo por demás imposible porque las relaciones de EEUU con el resto del mundo no son fruto de la visión de su presidente, sino de las realidades económicas y geográficas-. Su gran 'logro', la reforma sanitaria, es también un 'no puedo', al menos por ahora: el número de personas sin seguro sigue aumentando para acercarse a los 50 millones, los asegurados han de pagar primas mayores para atender las exigencias de la nueva ley, y los médicos reciben menos dinero por los servicios contratados por las asegurados y se niegan a atender a los clientes de con seguro. Lo que sí ha podido hacer hasta ahora Obama es irritar al importante voto judío que le envió un 'aviso' en la reciente elección de un congresista de Nueva York: en una zona tradicionalmente demócrata, la población judía fue determinante para colocar a un republicano en el escaño de Brooklyn, pues considera tibio el apoyo de Obama a Israel y le reprochó el voto en la Naciones Unidas para el Estado palestino. El nuevo pulso es el esfuerzo por reducir la deuda en que Obama promete eliminar 4 de los 16 billones de dólares acumulados, con su propuesta de subir los impuestos para los supermillonarios y las empresas y recortar todo tipo en los servicios sociales, en el programa que ha hecho público este lunes: Es dudoso que pueda, porque una parte es anatema para los republicanos y otra para los demócratas, por mucho que Obama se arrime al puerto de reducir los servicios a partir del año 2017… cuando ya no le puede perjudicar porque no tendrá ambiciones ni posibilidad legal de seguir en la Casa Blanca. La maniobra es comprensible, pero de poca utilidad ya que todo apunta de que tendrá que añadir otro 'no puedo' a su palmarés presidencial : ser reelegido el año próximo.
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