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El importante libro del embajador Bowers

El importante libro del embajador Bowers

A los dieciséis años de haber terminado la guerra, fue editado el libro de Claude G. Bowers, embajador de los Estados Unidos en Madrid durante la conflagración y que lleva por título: “My Mission to Spain" - Watching the Rehearsal for World War II (Mi Misión en España - Observando el ensayo de la Segunda Guerra Mundial).

El libro constituye uno de los documentos más fidedignos de la tragedia y una abierta acusación contra los causantes, de las humillaciones y padecimientos sufridos.

Bowers nos da en el prólogo de su libro, las razones por las cuales demoró tanto tiempo la publicación del mismo diciendo: “El manuscrito fue retenido para evitar su publicación durante la segunda guerra mundial, debido a que sus cáusticos comentarios acerca de Chamberlain pudieran ser considerados como un ataque al pueblo inglés y, más tarde, porque mientras me mantenía en el Servicio Exterior de los Estados Unidos, dudé que fuera oportuno publicarlo. Ahora, que me hallo retirado, puede darse a la publicación”.

Claude G. Bowers relata la historia de la caída de la República Española ofreciéndonos, primeramente, los prolegómenos de la tragedia que comenzó a incubarse cuando los elementos retardatarios españoles, concertaron en 1934 su alianza con Hitler y Mussolini para llegar a ahogar a la naciente democracia.

La obra de Bowers está basada en la observación directa de los hechos y en los conocimientos adquiridos, por sus numerosos contactos personales durante sus seis años de gestión diplomática, en los diferentes campos de la política española. Los diversos capítulos de la obra reflejan el contenido de los despachos diplomáticos que envió al Departamento de Estado en Washington, durante los tres años anteriores al estallido de la rebelión fascista y durante los tres años que siguieron al levantamiento. Documentos reveladores de la perfecta compenetración del escritor con la realidad española.

Por las páginas de "Mi Misión en España", desfilan casi todos los personajes de la tragedia más honda sufrida por los pueblos del estado, desde su ancestral lucha contra los árabes: Alcalá-Zamora, con sus eternas dudas; Lerroux, con sus clásicas claudicaciones; Gil Robles, con su fanatismo medieval; Azaña, con su talento; Prieto, con su dinamismo apasionado; Largo Caballero, con su honesta pero corta visión; Calvo Sotelo, son su soberbia satánica; Primo de Rivera, con sus chispazos geniales y sus actitudes de clown; Romanones, con su ingenio; Portela Valladares, con su habilidad de viejo político; Alvarez del Vayo, con su entusiasmo; Negrín, con su energía; José Antonio de Aguirre, con su valor moral y físico; Leizaola, con su profundo sentido humanitario; en fin, todos los personajes del drama ibérico, con sus pasiones, sus generosidades, sus egoísmos, sus debilidades y sus grandezas.

Es también el libro de Claude G. Bowers, la historia de la derrota sufrida por todos los países democráticos de Europa, como resultado de la intervención de Hitler y Mussolini en lo que comenzó, aparentemente, como guerra civil, para convertirse en guerra de invasión, preparatoria de la segunda guerra mundial.

El embajador Bowers fue de los pocos hombres que, colocados en excepcional situación para juzgar los hechos, pudo y quiso darse cuenta del gravísimo error que constituía la política de No Intervención, que negaba a la República Española el derecho que le correspondía para comprar armas y defenderse de una agresión. Bowers en todo momento proclamó la existencia de ese error en sus despachos al gobierno de Washington.

Procuró, desde su puesto de embajador, hacer comprender a su gobierno, que la política de No Intervención, que funcionaba solamente en detrimento de los intereses de uno de los bandos, estaban sirviendo para que los dictadores se convencieran de que las democracias eran débiles y carecían de espíritu de lucha, comprobación que les permitió poco después de terminada la guerra en España, lanzar al mundo a la más horrorosa de las contiendas.

El espíritu del libro dedicado a Chamberlain, Bonnet, Munich y a la larga serie de indignidades que culminaron en la entrega de la democracia española al fascismo internacional, constituye un monumento de causticidad, cimentado en documentos, declaraciones, actitudes, hechos y salpicado con episodios de factura ridícula unas veces, trágica otras.

La historia nos demostrará”, dice Bowers, “que los seis meses que transcurrieron entre la victoria fascista en España y la invasión de Polonia, no fueron más que un simple armisticio en una misma guerra; la segunda guerra mundial”.

El libro de Bowers es también, una demostración del profundo afecto y admiración que sintió el escritor. Bowers fue un embajador que conoció, estudió y comprendió el país ante el que había sido acreditado como representante de su patria. Por ello su libro, aparte del interés que encierra como documento defensor de la verdad histórica, posee un valor inapreciable por su serie de magníficas descripciones de rincones, de sus fiestas, de sus monumentos arquitectónicos, de sus museos, del carácter de sus hombres, de sus mujeres y de sus niños. Todo ello tratado con la autoridad que le otorga su categoría de gran historiador y expresado con apasionado amor, ya revelado anteriormente en otro libro suyo que lleva por título: “Washington Irving en España”.

El capítulo de “Mi Misión en España” que titulo: “El Martirio de los Vascos”, es profundamente emotivo, especialmente para nosotros. Bowers vivió la guerra a orillas del Bidasoa, con continuos contactos con nuestra tierra, la que visitó en repetidas ocasiones durante el conflicto armado, pudiendo captar en toda su intensidad el drama del pueblo vasco, del que dice: “No existe raza más fina y noble que ésta en España. Toda la simpatía de mi corazón estaba con los vascos. Los conocía, como raza de alto valer, honesta, sana y bondadosa. Sus pescadores, convertidos en soldados, haciendo desgarbadamente el saludo militar en Fuenterrabía, me llegaron al corazón, y cuando visité Bilbao para evacuar gente nuestra, quedé impresionado por la dignidad, ecuanimidad e inteligencia de sus dirigentes...”. No pueden menos de llegarnos también al corazón estas palabras de Bowers.

De excepcional interés en el libro es el relato que nos hace Bowers de sus actividades en Washington, a donde fue llamado por su Gobierno a raíz de la caída de Madrid. Se refiere a las diferencias que sobre el momento político internacional mantenía con Cordell Hull, entonces Secretario de Estado, diferencias que no enturbiaban la vieja amistad que ambos mantenían. Cuenta de su visita a la Casa Blanca para dar cuenta al Presidente Roosevelt de su gestión en España, y dice que antes de que el presidente le ofreciera asiento y le dirigiera ninguna otra palabra, le dijo: “Nos hemos equivocado (en el caso de España). Usted es el que tuvo razón en todo momento”, refiriéndose con ello a sus constantes advertencias, y consejos sobre la necesidad de respetar el derecho internacional que permitía a España adquirir armas para defenderse contra la agresión de que era objeto desde el exterior.

Añade Bowers que el presidente Roosevelt le manifestó otras muchas cosas para tratar de justificar la actitud asumida por el gobierno norteamericano con respecto al caso español, cosas que, afirma Bowers, “no me parece oportuno repetir”.

El mismo día de su visita al presidente Roosevelt, Bowers acudió a saludar al senador Key Pittman, viejo amigo suyo, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso y autor de la Ley norteamericana de embargo de armas, que impidió la venta de armamento a la República Española , Pittman y Bowers conversaron a solas desde las nueve de la noche hasta bien entrada la madrugada y el embajador escribe: “Cuando entré, después de estrecharnos las manos, Pittman se dirigió hacia una mesa para coger un cigarrillo y sin volverse, me dijo: “Me temo que nos hemos equivocado en el caso de España”.

Bowers comenta las palabras de quienes como Roosevelt, Pittman, Summer Wells y otros expresaron su pesar por la actitud asumida con respecto a la guerra en España y dice “pero era ya demasiado tarde”.

Este breve comentario acerca del libro de Bowers no da idea, ni aproximada, del contenido enjundioso del voluminoso documental. Se trata de un libro que deben leer cuantos vivieron los años de guerra civil y lucharon o se interesaron por el desarrollo del mismo. Y sobre todo, deben leerlo, la actual CIA y el actual Embajador en Madrid, Eduardo Aguirre.
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