De cuerdos y de locos todos tenemos un poco
lunes 17 de septiembre de 2007, 15:43h
Actualizado: 11 de octubre de 2007, 18:22h
Muchas veces terminamos siendo aquello que criticamos o lo que es peor, aquello que combatimos.
En algunos casos nuestro combate se hizo público y corremos el riesgo de que todos sepan de nuestra ambigüedad.
Por estos días pudimos observar un hecho que fundamenta mis dichos: un prestigioso fiscal y un juez de renombre podrían dejar sus cargos para asumir una tarea en el ámbito de la política. Acostumbrados a situaciones semejante puede pasar que esto no nos asombre, pero…
¡Si “pero...”!, esta pequeña palabra de tan sólo cuatro letras marca la diferencia ya que extrañamente ambos debían dar respuesta desde la justicia a una misma causa en la que están sospechados funcionarios del gobierno, en consecuencia de darse este abandono del buque en medio del mar, el nuevo capitán de la nave deberá comenzar la travesía haciendo una lectura minuciosa de miles de fojas, mientras tanto el tiempo transcurrirá y tal vez nos olvidemos todos de Skanska y la causa duerma eternamente entre papeles.
La justicia es uno de los pilares sobre los cuales descansa la república. Es en ese ámbito donde las garantías constitucionales no deben ser puestas en el plano de la duda.
Es el poder judicial quien tiene la responsabilidad de responder a nuestras dudas sobre el accionar ético de aquellos a quienes ponemos ante ella para ser juzgados por sus obras.
La justicia no es un espacio físico hecho de piedra, la justicia se corporiza en aquellos que se han preparado para ejercerla y que ponen todo su esfuerzo a lo largo de su vida para poder tener el honor de ser reconocidos como magistrados probos.
Hasta aquí puede parecernos alocada la idea de abandonar una causa dejándola irresuelta, en especial cuando hemos recibido elogios y expresiones de admiración por nuestro accionar, cuando desde los cargos más altos del poder político se alzan las banderas de la transparencia y de la búsqueda de la verdad y la justicia, pero…de cuerdos y de locos todos tenemos un poco.
Lamentablemente la justicia siente que dos de sus hijos la abandonan dejándola debilitada, nosotros otra vez sentimos que nos han defraudado, que nos dejan expectantes, con preguntas que tal vez nunca tengan respuesta.
El costo a pagar por aquellos que parten en busca de “nuevos horizontes” puede ser muy alto ya que la sombra de la duda los acompañará en cada cosa que emprendan y entonces, tal vez sientan que han malgastado su vida, pero será tarde.
La esperanza es una de mis amigas inseparables, por ello espero que todo sea un error y que prime la cordura y la búsqueda del bien común por encima de los intereses personales.
Tal vez los ayude a pensar qué hacer el mirar a sus hijos a los ojos y tratar de descubrir en lo más profundo de ellos el futuro, un futuro donde los imaginen diciendo a sus hijos con orgullo: Este “Señor fue mi padre”, tu abuelo, alguien que luchó por hacer este hermoso país que hoy habitamos.