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"Mi ciudad perdida. Ensayos autobiográficos"

Scott Fitzgerald, hoy más que nunca

Scott Fitzgerald, hoy más que nunca

domingo 13 de mayo de 2012, 11:01h
Cuando se duda sobre todo, lo más reconfortante es volver a los valores seguros. A lo de siempre, aunque ese "siempre" sean setenta u ochenta o noventa años. Porque la inmortalidad no es solo cuestión de tiempo, sino más bien de fulgor. Y a menudo de sencillez.
Los ensayos autobiográficos de Francis Scott Fitzgerald recogidos en "Mi ciudad perdida" (Ed. Zut) se escribieron hace casi un siglo y suenan como si su tinta aún manchase. Porque, como explica en la introducción la editora y traductora de la obra, Yolanda Morató, "el concepto omnipresente de quiebra -emocional, social y económica- se desliza por todas sus páginas y funciona como espina dorsal del conjunto de ensayos: quiebras entre dos siglos, quiebras en el sistema, quiebras en las cuentas bancarias, quiebras entre padres e hijos, quiebras personales" (pp. 18-19). Exactamente igual que ahora, vamos. O sea, que no aprendemos.

El autor de clásicos como "El gran Gatsby" o "Suave es la noche" apuntala en las primeras líneas las claves de su escritura (de todo su "yo"): "La historia de mi vida es la historia de la lucha entre una imperiosa necesidad de escribir y una combinación de circunstancias que se aliaban para impedírmelo" (p. 27). Porque Fitzgerald supo lo que es escribir sin que te compren, y lo que es que empiecen a comprarte cuando hasta tú te das por desahuciado.

En estos dieciocho artículos, traducidos por primera vez al español, podemos descubrir el hilo autobiográfico de un referente en el periodismo literario, que se agarró al salvavidas de los relatos para poder subsistir durante los cinco años que transcurrieron entre la publicación de dos de sus grandes novelas, "A este lado del paraíso" (1920) y "El gran Gatsby" (1925). Y subsistir era para Fitzgerald mucho más que comer, porque él y Zelda, su esposa, vivían a todo trapo, como podemos comprobar en el texto "Cómo vivir con 36.000 $ al año".

Sus ideas sobre la escritura impregnan todo el volumen y cobran carta de naturaleza en artículos como "Cien comienzos en falso", pero lo más interesante de estas trescientas páginas es la visión inteligente y clara de un joven que, en medio de la vorágine de los locos años 20, es capaz de darse cuenta de que aquello no dura, de que tanta lentejuela no desprende brillo auténtico y de que el mundo, en realidad, esconde su quiebra bajo el reflejo obsceno del oropel.

Y así hasta hoy. Y hoy más que nunca.
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