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Annus horribilis

jueves 04 de abril de 2013, 18:49h
  • Imagen de Santa Águeda para ilustrar la opinión de Águeda del Pozo

    Imagen de Santa Águeda para ilustrar la opinión de Águeda del Pozo

Cuando el 14 de abril del año pasado el rey se caía durante una cacería en Botswana, se escribió, y mucho de la coincidencia de la fecha con la conmemoración de la Segunda República. Lo que no esperábamos o lo que ni imaginábamos es que aquella caída podía abrir un annus horribilis para la Corona española. Un año salpicado de otras caídas, en público, de operaciones varias, amigas entrañables, cuentas en Suiza, y de, por primera vez, una  imputación "real", nada más y nada menos.

Aquel 14 de abril de 2013 hubo quien vio en la caída del rey el comienzo de la caída de la monarquía. Era mucho decir, claro. Pero a la vista de los acontecimientos, no sé si la monarquía va a caer como institución, lo que es seguro es que la familia real se ha caído del pedestal en el que se había o la habíamos instalado. 

Para el ciudadano medio que la Justicia, que un juez "de provincias", se atreva, primero con el yerno del rey y luego con su hija, la infanta Cristina, da prestigio a las instituciones, da prestigio al denostado Estado de Derecho. Pero lo que esperábamos es que "la Casa" agachara la cabeza y se sometiera al imperio de la ley, como todos, incluso un poco más que otros, y, así, dar ejemplo. Y no, no ha sido así. Es decepcionante ver la respuesta de la Familia Real  posicionarse a favor del recurso de la fiscalía y prácticamente criticando la osadía del juez al imputar a la duquesa. Sin entrar, ya que hoy no toca, en esa varita mágica que ha iluminado a la fiscalía supuestamente anticorrupción jugando a favor de Cristina de Borbón

De cualquier familiar, normal y corriente, se puede entender una reacción visceral. De la familia que, por la gracia de Dios, es la primera familia de España, a la que mantenemos todos -cuentas heredades a parte-, no. De esa familia queremos ejemplaridad, es el mínimo por el sueldo que cobran en épocas de altísimas tasas de paro o de durísimos desahucios.

 Pero, ¿el próximo 14 de abril se cierra el annus horribilis del rey o con su actitud y con sus comportamientos se abrirá un segundo annus horribilis? De ellos depende, en parte. Y de la exigencia de la sociedad, también. En una monarquía parlamentaria no puede haber impunidad, no todo vale. Esto no es la Edad Media, tal vez por eso, la monarquía, por la gracias de dios, ya no tiene sentido. Pero ese será el debate de otro día.
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