Por estas tierras andaluzas se ha dado recientemente el caso en el Instituto Las Lagunas de Mijas-Costa, dirigido por doña Mercedes García, donde la profesora de Religión había pedido a los alumnos que optativamente asisten a su clase que llevaran figuras con las que montar un belén o nacimiento en el aula, lo que al parecer provocó la protesta de alguno de los profesores que más tarde debían impartir su propia disciplina en la misma dependencia, a lo que doña Mercedes García respondió rápidamente ordenando la retirada del belén considerando que no debía existir tal elemento en una instalación pública de un estado aconfesional.
Lo que ocurre es que, una vez más, yo diría que se mezclan churras con merinas y en una supuesta actitud democrática, la de no ofender la mentalidad de algunos se vulnera el derecho de la mayoría, que en democracia debería ser invulnerable, porque sin duda mayoría eran, si no unanimidad, los alumnos que aceptando la indicación de su profesora de Religión habían montado la escena navideña, y mayoría de ellos serían también, seguramente, los que tuvieran que asistir a otras clases en el mismo aula y que se vieron privados de la contemplación de su propia obra por la decisión de una directora que confunde términos y cree que lo de aconfesional quiere decir contra una religión, sea cual sea.
Porque en este caso es de suponer que en el citado centro no exista ni una sola alusión, sea en forma de adornos o de árbol de navidad o de estrella de oriente que pueda llevar a cualquiera a la asociación de ideas de lo que no pasa de ser una tradición, y como tal parte de la cultura popular, con una expresión religiosa que, según a quien sea, puede “ofender” a una minoría, en el caso de otras religiones, o a esa mayoría de alumnos que, le pese más o menos a doña Mercedes, han optado por cursar las enseñanzas de Religión.
Siempre he pensado que la libertad propia tiene sus límites en la libertad de los demás, pero que en un Estado de Derecho y democrático, las mayorías son, a fin de cuentas, las que tienen la palabra. Bonito sería que porque a mí, y a unos cuantos más, me molesten los desfiles procesionales de la Semana Santa andaluza alguien llegara a tomar la decisión de suspenderlos para no ofender otras mentalidades. Eso no sería más que incultura. Pura y dura.