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La subjetividad indignada de 'El Objetivo'

La subjetividad indignada de "El Objetivo"

lunes 21 de octubre de 2013, 19:36h
Siempre pensé que la periodista Ana Pastor tenía sus luces y sus sombras al frente de "los Desayunos" de Televisión Española. Pero creo que el trabajo en un medio público le hacía contenerse bastante. Ahora, que ya tiene su propio programa y opera sin contención alguna, esta corroborando mis peores temores: su propósito no es otro que hacernos pasar por objetividad profesional lo que no es más que un discurso subyacente perfectamente identificable. Ana Pastor se ha apuntado decididamente a este tipo de crítica supuestamente popular, indignadísima, que en realidad no es otra cosa que una reedición nueva del populismo hispánico, que refleja el penoso nivel de nuestra cultura cívica y política.

En tal sentido, la pasada entrevista realizada al expresidente Rodríguez Zapatero no tiene desperdicio. No voy a detenerme en su discurso manido sobre los políticos y el funcionamiento de la democracia, aunque esta vez emitió algunas joyas. Por ejemplo, el seguimiento de la boutade de Tony Cantó al comparar las ayudas públicas al cine con las que el Estado otorga al Partido Popular. Evidentemente se trata de una comparación desafortunada, que confunde las churras con las meninas. Si Cantó está en desacuerdo con el actual sistema público de financiación de los partidos, que haga alguna propuesta seria al respecto. Pero comparar eso con la ayuda al cine es simplemente un despropósito. Pues bien, Pastor pone altavoz al desacierto y florece jugando a hacer una verificación barométrica de la desatinada comparación.

Pero donde la señora objetividad pierde los papeles es durante la entrevista a Zapatero. Una entrevista, por cierto, donde no lució precisamente su capacidad de obtener la información que se busca. Es de suponer que nunca la colocará entre sus éxitos profesionales. Pero lo que me interesa comentar es cómo el encuentro refleja su discurso subjetivo, que hace cada vez más previsible la orientación de sus preguntas. En todo momento trató de mostrar que el gobierno de Zapatero se equivocó, pero que el actual gobierno es la quinta esencia del mal. Algo a lo que el expresidente no se prestó en ningún momento. Y aquí me permito un inciso. No tengo que reiterar mis críticas a un Zapatero que no enfrentó la encrucijada de la socialdemocracia y trató de resolverla sustituyéndola por el programa del partido radical italiano. Por eso sus prioridades no estaban claras. Por eso no se tomó en serio la llegada de la crisis económica (y no es cuestión de si utilizó a tiempo o no la palabra crisis, como dijo en la entrevista). Pero todo indica que los dos años pasados le han servido para bajarse un poco del vedetismo y reflexionar algo más a profundidad. Puedo equivocarme, pero parece que en este tiempo ha aprendido considerablemente, como que ha adquirido una visión de Estado bastante mayor. 

Por eso la inquisitiva Pastor perdió el tiempo en tratar de conducir a su entrevistado hacia su guión prefijado, llegando a cometer algunos resbalones de tamaño. Por ejemplo, en un momento pregunta a Zapatero si es que queda algo en España del Estado de Bienestar. Con cierta paciencia el expresidente le responde que lo que la crisis ha producido en España es un deterioro y no una eliminación. Pero la cuestión es que, para alguien que se las da de objetiva, debería saber que la categoría de Estado de Bienestar no es algo que aparece y desaparece en un abrir y cerrar de ojos. 

¿Quiere saber miss objetividad lo que NO es un Estado de Bienestar? Lo pondré un ejemplo que conozco medianamente bien: Centroamérica. Pues bien, a excepción de Costa Rica, en esta región la sanidad pública apenas cubre al 20% de la población, en educación, recién se está alcanzando la escolarización básica, pero la secundaria tampoco alcanza a un quinto de los jóvenes; desde luego, los trabajadores no saben lo que es tener subsidio de desempleo al quedar en paro y otras condiciones similares. Dicho en breve, ahí sí que no es fácil aplicar la categoría de Estado de Bienestar. 
 Claro, la respuesta que se me puede dar es que la comparación no es positiva; habría que comparar a España con el Estado de Bienestar de los países nórdicos, por ejemplo. Pues no, definitivamente esa no es una reflexión válida. Puede afirmarse que, sobre todo con el deterioro de la crisis, el Estado de Bienestar en España es de una calidad muy inferior al de Noruega. Pero una cosa es hablar de la situación y la calidad del Estado de Bienestar y otra muy diferente es identificar si existe o no. Saber usar los conceptos con objetividad es parte del negocio periodístico, o debería de serlo.

En el fondo, mi preocupación, como he insistido, es si este tipo de espectáculos contribuyen o no a mejorar la cultura cívica y política de nuestra débil ciudadanía. Y desde luego no creo que ese tipo de subjetividad populista lo haga, como tampoco creo que contribuya a aumentar la calidad profesional de los medios. Quizás un poco mas de autocontrol en cuanto a sus preferencias políticas (partidarias o no) le vendría bien a nuestra audaz entrevistadora. Y hay que reconocer que en esta oportunidad el entrevistado le dio una soberana lección al respecto.
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