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La energía de los esclavos

sábado 18 de julio de 2015, 20:24h
Me encantan los poemas de Leonard Cohen. Visor tiene publicados diez o doce libros con casi todos ellos. Los títulos son maravillosos. “Parásitos del paraíso”, “A mil metros de profundidad”, “El libro de la misericordia”, “La energía de los esclavos”…Éste último es el primero que compré andurreando una tarde perdida en Madrid por librerías de viejo y de joven. El título me llamó mucho la atención, y recordé que Leonard había puesto música de vals a un poema de Lorca de “Poeta en Nueva York”. Bah, no me acuerdo cuál es, y como soy un poco trasto, he perdido aquel LP (joder, LP, qué palabra más vieja y bonita), pero me acuerdo que la música del vals sonaba con una cadencia tan exacta que parecía unirse en letra y alma con la belleza lírica de Lorca. Después de “La energía de los esclavos”, libro que me gustó muchísimo, sobre todo por su valentía literaria, imaginación y desparpajo creativo, me lancé a comprar todos los que pude de ese genial músico, cantante y poeta.
Más tarde encontré otro libro que no había publicado Visor, sino Lumen, denominado “El libro del anhelo” (otro título muy atractivo) que ya llenó mis pulmones poéticos hasta lo sublime. Éste libro tiene poemas y dibujos de Cohen (es apabullante, el tío también dibuja) que acompañan con una expresividad a veces delicada, otras atroz y otras sensual, a los poemas en verso o en prosa. En los dibujos también hay figuras enigmáticas, como los cinco cuadrados (cuatro pequeños y uno grande) del poema “Medicina”, que dice: “Mi medicina/Tiene muchos sabores diferentes./ Absorto, o perplejo por/ sus contrastes,/el paciente se olvida de sufrir”. El desprecio del sufrimiento, o su superación a través de la espiritualidad, el ascetismo, el olvido, es una de las constantes de Cohen. También ha publicado Edhasa las dos novelas biográficas que ha escrito, ambas de hermosísimos títulos (“El juego favorito” y “Los hermosos vencidos”). Su prosa es rica en expresividad, zozobra, oscuridades, fantasía, vitalismo, tristeza…
Destacan en mi anaquel todos sus libros, ordenados por el momento de su adquisición, y de vez en cuando me gusta abrirlos al azar, y leer cualquiera de las ideas, frases inteligentes, agudezas de las que están llenos. Siempre encuentro el inmenso talento de Cohen para cantar las miserias y grandezas del alma humana. Ahora lo hago, por ejemplo, con “La energía de los esclavos” y dice: “Mi piel está hecha de estrellas,/que me dicen lo que debo hacer./Enciende la luz. Soy un enano./Podrías amarme, como si fuera un niño embalsamado,/si mis piernas no fueran tan cortas y gruesas”. La energía de los esclavos es lo que nos vuelve libres para amar “un minuto de vida en los reinos del sol y la carne”.
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