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Impresionante discurso del presidente del Congreso, Manuel Marín

'No se puede repetir otra legislatura tan dura y tan ruda como la que hemos tenido”

"No se puede repetir otra legislatura tan dura y tan ruda como la que hemos tenido”

Durísimo discurso institucional el del presidente del Congreso, Manuel Marín, se ha despachado a gusto en el 29 aniversario de la Constitución Española. Marín ha pedido la vuelta al “consenso y al sentido del límite” que hizo posible la Carta Magna de 1978 y ha dicho que se puede volver al consenso “si dejamos de acumular reproches”. “Creo que deberíamos acudir a la Política, con mayúsculas”. Marín se saltó el guión establecido para improvisar un discurso que Zapatero calificó de “atinado”, pero que, en realidad, no ha gustado ni al PP, ni al PSOE ni a Izquierda Unida. Un discurso que dará mucho que hablar.

Las circunstancias para la celebración de este 19 aniversario de la aprobación de la Constitución Española de 1978 no han sido, realmente, las más adecuadas y se ha notado incluso en el discurso institucional del presidente del Congreso, Manuel Marín, que, como se sabe, no sólo no repetirá como diputado, sino que abandona la política. Era su último año y Marín ha aprovechado la ocasión para, saltándose el discurso que ya traía escrito, improvisar unas palabras durísimas contra todos los que han hecho esta legislatura realmente insoportable. ¿Era una venganza por el trato recibido? Probablemente, pero en todo caso una venganza contra propios y extraños.

 “Sacudidos pro el, dolor de un nuevo acto terrorista”, inició Marín su discurso, el presidente, dejando a un lado el guión escrito, continuó con un recuerdo para las víctimas y sus familiares, a las que dedicó “nuestro cariño, nuestro recuerdo y nuestro respeto. Les pido guardar un minuto de silencio”. Los asistentes al acto institucional quedaron en silencio. Ese minuto de silencio había sido proyectado realizarlo en la puerta del Congreso, pero la tensión reinante, con al menos un centenar de personas que abucheaban a los políticos que iban apareciendo lo desaconsejó.

 Acto seguido, la voz de Manuel Marín, como presidente de las Cortes Generales, fue un auténtico bramido, no por lo fuerte –Marín es extremadamente educado- sino por el contenido, que, según él, iba a ser “breve y austero”. No fue tal. Unas palabras de agradecimiento a la colaboración francesa contra ETA, una afirmación rotunda –“algunos de sus posibles asesinos han sido ya detenidos: siempre será así”- y entrada rápida en materia.

Contra la España ‘cainita’

 “Tengo el honor de ser diputado constituyente aún en esta legislatura”, y por esa razón no se resistió Marín a decir a lo más granado de la política, la judicatura y el ejército allí presente “lo que pienso y siento en este momento”. Los papeles del guión preeestablecido habían desaparecido ya de sus manos.

 La primera, en la frente: “La Constitución no es un mito intocable, ni debe serlo”, pero es un instrumento básico en la construcción de la España plural que nos ha dado 30 años de “éxito colectivo”. Pero, claro, los españoles “tenemos una disposición a ser iconoclastas muy a menudo; una tendencia a comportarnos de una manera cainita”. Y ello aunque la historia ya ha juzgado a la Constitución de 1978 como “un éxito colectivo”.

 Ése era el aviso, luego vino la bronca: la Constitución de 1978 se hizo “con consenso y sentido del límite”; pero ahora se han perdido esas nociones porque algunos han llegado a la conclusión de que “hay que trabajar con otro método y de otras maneras”. Y en este punto, “me niego a aceptar que consenso y sentido del límite sean dos palabras viejas”. Palo por igual a derecha e izquierda, acompañado de un tirón de orejas al Grupo Popular: “No se puede repetir otra legislatura tan dura y tan ruda como la que hemos tenido”.

 Recobrar el consenso y las buenas maneras políticas “se puede hacer si dejamos de acumular reproches. Creo que debemos acudir a la Política, con mayúsculas”, porque “ha llegado el tiempo de abrir las puertas a la grandeza”. Y en ese momento despidió el acto: dijo que se había suspendido el tradicional cóctel por las especiales circunstancias de este año, ofreció agua fresca a los presentes y su permanencia, si lo deseaban en la sala estaban para hacer ‘contertulias’. Marín se ha despedido a lo grande de una legislatura que le ha costado casi su propia serenidad.

 El silencio era sepulcral. La mirada de Zapatero clavada en la nuca de Marín era notable. Los comentarios posteriores eran casi unánimes: los socialistas ponían a Marín a caldo, los populares ponían a caldo a Marín y Llamazares decía a este periódico que no se puede meter en un mismo saco a unos y a otros, que quienes crispaban eran unos y los que aguantaban eran otros. El mensaje, pues, no ha calado, pero correrán ríos de tinta al respecto.

 

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