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Muñeca de porcelana
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Muñeca de porcelana (Foto: Sergio Parra)

‘Muñeca de porcelana’, de David Mamet: Un preciso y agudo Tac al poder

¿Buscabas una pieza dramática que diseccionara entomológicamente el poder en nuestros días y en sus distintas vertientes (económica, política, judicial, mediática…)? Pues aquí la tienes: ‘Muñeca de porcelana’, del estadounidense David Mamet, dirigida por Juan Carlos Rubio y versionada por Bernabé Rico. Puede verse en Madrid hasta el próximo 10 de abril en la sala Fernando Arrabal del Matadero, protagonizada por José Sacristán en la que, para mí, es la mejor interpretación de su carrera sobre las tablas, y coprotagonizada por otro actor extraordinario, Javier Godino, digno acompañante del veterano y querido actor de Chinchón.

En los poco más de 75 minutos de función no hay tregua para el espectador, que debe atravesar tenso y sin perder un segundo su atención por lodazales varios, que incluyen temas como la corrupción política, la financiación bajo cuerda de partidos o los caprichos, miserias, presiones, subterfugios, maniobras, abusos, connivencias, compras descaradas al poder político y a la justicia en una mezcla de asuntos de bragueta y prurito personal de un multimillonario, aún mucho más caprichoso y ávido de seguir acumulando poder frente a todo y a todos, que avanzado en años.

Dicen que cuando uno está a punto de morir, en apenas unos segundos puede dar un repaso lúcido a toda su existencia. Algo parecido me pasó a mí durante la representación de ‘Muñeca de porcelana’ con mis últimos 40 años de vida laboral -la mayor parte de ellos vinculado a la profesión periodística-, ya que en el personaje que encarna Sacristán he visto perfectamente dibujados a decenas de personajes del mundo político, económico, financiero, mediático y judicial de nuestro país. Y eso que la acción del drama de Mamet se desarrolla en Estados Unidos. No importa. La foto fija del dramaturgo norteamericano se parece a la de España, como un huevo duro a otro huevo duro.

La historia de Mamet podría ser el reportaje de portada de cualquier revista del corazón, o de cualquiera de esos magazines televisivos a los que habrá que pedir daños y perjuicios por las lesiones irreversibles que están produciendo a la salud mental de los españoles desde hace ya más tiempo del que debiera. Se trata de un millonario que ha tomado ya la decisión de jubilarse después de haber acumulado más dinero del que serían capaces de reunir todos los cofrades de la Semana Santa sevillana al tiempo, que le acaba de comprar un avión a su joven y despampanante novia como regalo de boda. Su intención es jubilarse y dedicar el resto de su vida enteramente a disfrutar de su compañía en algún país que esté lo suficientemente lejos de EUA, pero también lo suficientemente cerca como para no desatender del todo sus boyantes negocios. Pero, en el último día en su despacho, atendiendo los últimos y delicados flecos con su ayudante, el magnate recibe una llamada telefónica que va a cambiar la suerte de los acontecimientos, y le recordará una lección que no figuraba en su temario: siempre hay alguien más listo, ambicioso y desalmado que tú, dispuesto a joderte con saña.

La escenografía de Curt Allen Wilmer, la iluminación que firma José Manuel Guerra, el sonido de Mariano García, y el vestuario de Guadalupe Valero están hechos con la delicadeza y el esmero de quien ha pensado certeramente en todo lo que el director del montaje quiere subrayar de la función, y lo han conseguido plenamente.

Todo sucede en un lujoso y descomunal despacho. En la parte izquierda del mismo está situada la mesa de trabajo del magnate. A la derecha, un sillón relax, y rodeándolo, varios armarios disimulados con un mueble bar lleno de licores de las marcas más exclusivas, impolutas camisas y corbatas, maletines de viaje de la más delicada piel, numerosas bolsas de aseo del mismo material con exquisitos perfumes y -lo más importante- una caja fuerte repleta de cash, dinero en efectivo, contante y sonante... (“El dinero es protección”, proclama Sacristán).

Mamet no da tregua al espectador y, entre la maraña de alusiones legales, financieras, arancelarias y fiscales, que los espectadores españoles entendemos como si todos hubiéramos superado uno de esos máster en Administración de Empresas cuya consecución no denota la capacidad del alumno, sino su poder adquisitivo (¡algo bueno tenía que traer la tremenda crisis de la que no acabamos de salir!), inyecta también perlas que le animan también a la reflexión: “Si reconocemos nuestros defectos, debemos observar también nuestras virtudes”…, “Cuando venzas, deja que el contrario mantenga su autoestima”…, “Todos desean el dinero. El juez tampoco se libra”..., “Para ganar las elecciones hacen falta dos cosas: una frase mágica y un montón de pasta”…, “La política consiste en nadar entre la mierda mientras buscas el dinero de otro”…, “Todos quieren ir al cielo pero nadie quiere morirse antes”…, “Cuando todos han dado su opinión, es el momento de tomar una decisión”.

Si no conociéramos la deriva ideológica de José Sacristán, todos pensaríamos que el actor se ha pasado la vida nadando en la abundancia del dinero, y que lo que hace sobre la escena es, simplemente, hacer de sí mismo. ¡Es fascinante su adaptación al personaje en la que -ya lo decíamos al comienzo- es el mejor de los que ha hecho en su vida teatral, por encima incluso de su memorable Pacífico Pérez en la adaptación de la novela de Delibes, ‘Las guerras de nuestros antepasados’ (1989), en donde formaba pareja con Juan José Otegui, dirigidos por el cineasta Antonio Giménez Rico.

Y de Javier Godino no puede decirse más que lleva también un actorazo dentro. Su contención, que a veces disfraza de sumisión, se rebela contra su jefe en un momento memorable de la obra y demuestra que Godino ha sido una elección acertadísima para un papel que lleva de forma impecable hasta el final de la función. Una función que, desde luego, es imprescindible.

Muñeca de porcelana”

Autor: David Mamet

Versión: Bernabé Rico

Dirección: Juan Carlos Rubio

Intérpretes: José Sacristán y Javier Godino

Ayudante de dirección: Chus Martínez

Las Naves del Matadero, Sala Fernando Arrabal. Madrid

Hasta el 10 de abril

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