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‘El tren Chimeneo’, y la magia de Gloria Fuertes

‘El tren Chimeneo’, y la magia de Gloria Fuertes

lunes 16 de mayo de 2016, 19:33h
En el escenario hay cinco maletas grandes y dos pequeñas. Dos chicos que parecen chicas, ataviados con chaqueta larga y sombrero, recorren inquietos y nerviosos lo que parece una estación. En verdad son chicas, pero van disfrazadas de payasos con nariz roja y con zapatos de hombre varios números más grandes que sus pies. El tren hace “chucu-chucu-chucu…” y cualquier duda al respecto del espectador se desvanece. Efectivamente, eso es una estación, y los dos viajeros esperan un tren. No cogen el primero, ni el segundo... Los dos singulares viajeros recogen sus maletas -una en cada mano-, dan vueltas, revueltas, miran, remiran, y se disponen a coger un tercero. En un túnel estrecho se dicen: “No asomes la cabeza que te quedas sin pescuezo...”, “Tú no corras por los pasillos, que te puedes caer chiquillo”. Y, en el recorrido, mil sonidos campestres (ovejas, vacas,…) y olores del campo, a través del recorrido en tren.

Llegan a otra estación y sigue la función. Se cambian de nariz y se ponen abrigos y gorros de piel que llevan en las cuatro maletas que portan y se convierten en osos, Moncho y Pío. Se inicia así la aventura de ‘El tren Chimeneo’, una propuesta de la compañía Tras el Trapo Teatro, dirigida a los más pequeños en la que también disfrutan los mayores, con la poesía de Gloria Fuertes de fondo, aunque los textos y la dramaturgia son de Javier Padilla. Los graciosísimos viajeros son una pareja conocida para nosotros, Ana Oliva y María Duarte. Y en la dirección, la garantía de Gaspar Campuzano (o, lo que es lo mismo, Gaspar de La Zaranda, el integrante del ya mítico grupo jerezano de teatro).

Esperan y esperan también otro tren en el que viene el tío de uno de ellos pero ese tren no llega, solo el tren correo con una carta del tío que les dice que vayan a trabajar al circo. ¡Y allá que se van! En el circo, son gran Piosky, equilibrista y gran Monchisky (equilibrista con los ojos tapados, Sansón, y un león): “Me ponen una cadena y esto es una condena". Deciden marcharse del circo y vivir bajo la carpa de las estrellas.

Las aventuras no cesan: En un pedestal, formado con maletas, María Duarte se convierte en Gustavo Adolfo Bécquer, recitando poemas a cambio de euros. “Si me echas un eurito, te recito un poema enterito”, le dice a Gloria Fuertes, encarnada por Ana Oliva, que es la que le echa las monedas. Ya al final, como al principio: “¡Qué humareda! ¡Una enorme chimenea! Una nube de humo blanco sobre la máquina negra. Así era el tren del tatarabuelo. Así era el tren de la tatarabuela. Así era el tren Chimeneo, así era el tren de vapor”.

El comentario que más se oía al terminar la función (poco menos de 60 minutos llenos de palabra, gesto y acción) entre los más enanos era que “ha sido muy corto”, es decir, que estaban dispuestos a más, a mucho más. Y es que cuando un espectáculo está bien hecho, cuando todo funciona con la naturalidad de lo que parece fácil y espontáneo, es que hay muchas horas detrás y mucha experiencia de hacer buen teatro, y todo eso tiene a raudales ‘El tren Chimeneo’.

En esta ocasión han pasado por Madrid, Teatro del Barrio, solo dos fines de semana, y solo los más alertados hemos podido disfrutar con hijos, sobrinos o nietos, pero seguro que el espectáculo recorre muchos otros teatros de toda España y hasta recala de nuevo en la capital y, entonces, sería un delito no acudir a verlo con niños de cuatro a cien años.

María Duarte y Ana Oliva lo pasan la mar de bien y eso saben transmitirlo al público que no para de sonreír de principio a fin del espectáculo. ¡Son ya tantos y tantos los teatros y las ciudades que han visitado que si no fuera por amor a su oficio, no seguirían haciéndolo! Es un placer ver a estas dos mujeres evolucionar por las tablas: una grande, otra pequeña, una de voz grave, otra más aguda, hablando, gesticulando, poniéndose y quitándose la chaqueta, levantando y volviendo a dejar sus maletas, y las dos, sin embargo, parecen bailarinas de un ballet celestial que reparte sonrisas y ocurrencias sin parar…

Una delicia de función que ata a grandes y pequeños en la butaca ante la magia de la palabra, la luz y el sonido recurrente del chucu-chucu de ‘El tren Chimeneo’.

‘El tren Chimeneo’
Textos y dramaturgia e iluminación: Javier Padilla
Dirección: Gaspar Campuzano
Actrices: Ana Oliva y María Duarte
Voz en off: Javier Padilla
Sonido y edición musical: Ismael Colón
Vestuario: Lola Rosado
Compañía: Tras el Trapo Teatro

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